Estado en decadencia
Jessica López
El Estado de una República es en cierta medida el garante de la existencia del país. Es difícil concebir un país sin organización estatal, sin embargo existen diferentes tipos de estatus de Estado, que es el tema central de este artículo y que podríamos estar viviendo actualmente en Nicaragua.
Para comprender esta corriente de pensamiento internacional, es preciso recordar los elementos constitutivos de un Estado que son: población, territorio y soberanía.
El primer elemento se encuentra vinculado con el Estado a través de la nacionalidad. Esa relación debe estar afianzada por un compromiso de lealtad al Estado de parte del individuo.
El segundo componente comprende el ámbito espacial es decir la tierra firme, aguas interiores, mar territorial (su lecho y subsuelo) y el espacio aéreo.
Y el último elemento es la soberanía externa e interna, que quiere decir la plena capacidad del Estado para ordenar todo cuanto a su territorio y población le compete; y en otro sentido es la libertad plena de ejercer sus relaciones sociales o libertad de actuación frente a los otros Estados.
Podemos recordar los diferentes tipos de Estado tal como: el Estado Unitario, Uniones de Estados, Federalismo, Commonwealth (formaciones especiales), Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en aquel entonces, y los Estados en situación particular, que es el que nos interesa destacar.
Si bien es cierto que nuestra Constitución declara que Nicaragua es un Estado único e indivisible, en la actualidad la crisis generada por un poder del Estado a otro, abre la posibilidad de encajar a Nicaragua en el concepto nuevo que maneja la ONU o lo clasifica como un Estado en Decadencia, que difiere de hecho a lo que declara su Constitución.
Declarar un Estado en Decadencia es una situación jurídica muy peligrosa en el ámbito geopolítico, económico y sociocultural. El daño que se pretende hacer a un individuo o grupo de personas de un gobierno, tiene una trascendencia legal impresionante porque deja al descubierto que el Estado ha perdido su carácter y ejercicio pleno en forma de hecho, aunque siga vivo por derecho. Sin embargo, el impedir, boicotear, cercenar y limitar sin norma previa y hacerlo posterior, declara abiertamente un golpe de Estado técnico con el fin de disminuir sus facultades. Lo interesante es que se da por medio de tecnicismo jurídico difícil de ver a simple vista.
Las Naciones Unidas tiene una clasificación de los tipos de Estado como sujetos del derecho internacional, no sólo con el interés de conocerlo sino porque de cara a la situación real vivida es que se reestructura la cooperación. Se cuenta con diferentes formas de cooperación: la técnica, la asistencia humanitaria, los préstamos, cooperación al desarrollo. Cada una de estas formas de financiamiento o donación posee sus propios procedimientos.
Por tanto encasillar a Nicaragua en un Estado en decadencia técnica, (la pérdida del poder real en las calles) es en cierta medida una dificultad que debe enfrentar el país ante cualquier acto jurídico, pues se encuentra vulnerable internacionalmente, sujeto a injerencia, a imposiciones desmesuradas. Inclusive sujeto a intervención o invasiones, porque lo que se ha develado a la comunidad internacional es una especie de minifeudos políticos, con sus asonadas, control del Poder Judicial, etc., para garantizar a un reducido grupo político-económico la hegemonía territorial, y de mercado frente a la irreversible inserción de Nicaragua al mercado mundial, a lo que tanto le tienen miedo los políticos anticuados que no quieren enfrentarse a reglas claras de mercado, competitividad, eficiencia y eficacia, ni quieren arriesgarse en el río de la globalización.
Un Estado en decadencia es un estatus casi de anarquía, pues se disfraza de artificios jurídicos para dar el carácter legal, pero no legítimo, a los “atentados jurídicos” en nombre de la democracia. Atentar contra el Estado agravada por ilegitimidad e ilegalidad, es atentar contra la democracia, el desarrollo y principalmente con los componentes mismos del Estado, es decir es un atentado contra el ciudadano mismo. Pues como se expresó al inicio de este escrito, no puede haber Estado sin ciudadanos. Un poder estatal no puede atentar contra su mismo Estado, mucho menos con la estabilidad sociopolítica de éste, pues nos acercaríamos a la extinción del Estado.
Por tanto, como ciudadanos debemos pronunciarnos y detener a la minoría ínfima que pretende perjudicarnos a todos. Debemos ejercer nuestro poder como ciudadanos pidiendo un referendo.
La autor es Jurista y Especialista en Cooperación al Desarrollo

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