LUNES 25 DE OCTUBRE DEL 2004 / EDICION No. 23613 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




La cola de la culebra

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César Augusto Bravo Vargas

¡Papá! ¿Y las culebras tienen cola? Claro que sí hijo, toda la culebra es una cola. Este diálogo extraído del libro El pensamiento cautivo, del Premio Nobel polaco de Literatura, en 1957, ilustra e identifica algunas semejanzas que tienen estos reptiles con los políticos más representativos de Nicaragua.

Erasmo de Rotterdam (1466-1536), erudito escritor holandés, creía que la política era una categoría ética, y apelaba a ella para la manifestación de actitudes y valores éticos. Muy pronto llegaría el momento en que John Locke (1632-1704), —máximo representante de la doctrina filosófica del empirismo— dijera que resulta inconcebible aplicar términos morales al Estado y a sus acciones.

Más contemporáneamente Aleksandr Solzhenitsyn dijo que si el Estado, el partido y la política social no se iban a basar en la moralidad, entonces la humanidad no tendría un futuro digno de mencionarse. Por ello desde Locke hasta Solzhenitsyn sería utópico pensar en un Estado que practique ilimitadas actitudes de moral, con los limitados niveles de ética de los gobernantes.

En toda América Latina el culto y devoción por lo ajeno ha sido una práctica ancestral de los gobernantes, que se han venido refinando o más bien casi legalizando con el caminar de los años. Y como maldición, el disfrute de la silla presidencial es el otro opio que ata, sobre la misma silla, a su ocupante para desgracia de su pueblo.

Ante la impotencia del doctor Alemán y el comandante Ortega, de no alcanzar la dosis necesaria de poder que calme sus ansiedades, han recurrido a las viejas prácticas del pacto. Como todos lo sabemos, ahora ya no se conforman con repartirse, a su voluntad y beneficios partidarios, las diferentes entidades autónomas, sino que también amenazan con destituir al Presidente que ganó con el mayor porcentaje de votos en las últimas tres elecciones nacionales.

No es errónea la percepción de los nicaragüenses al sentir que desde hace muchos años se les paga a los legisladores para que dicten leyes que van en perjuicio de los mismos ciudadanos, es decir, pagando para estar cada vez peor. Si la mayoría de las y los nicaragüenses no creen en la honradez del doctor Alemán, menos que se pueda creer en el cambio inexistente de un Frente Sandinista que se dedica a obtener cuotas de poder a través de cualquier medio legal o ilícito, sin que valga ahora lo de que “el fin justifica los medios”, porque los “los medios sí justifican el fin”.

Ante tales manifestaciones encontramos que el PLC y el FSLN son tan diferentes, pero tan diferentes, que son iguales uno del otro. Su voraz apetito por el erario nacional es igual de insaciable en ambos.

Las debilidades de estos partidos han dejado en nuestro ambiente un reto a superar, quizás con creces. Por ahora el Apre ha salido a asumir el reto, constituyéndose en una vía alternativa que bien puede llegar a ser la primera opción del país, como ya lo es en varios municipios.

Cuando un gobierno no logra satisfacer las expectativas de sus electores, esto se revierte en una exacerbación de decepción, y como ningún gobierno, desde 1979 ha logrado tales niveles de progreso, cada elección se ha convertido en una frustrante decepción. Con tamaños desalientos me doy cuenta que “mi tierra no está hecha de vigor y de gloria” sino de metáforas y subjetividades como el verso dariano y como el Himno Nacional en la época que lo escribió Salomón Ibarra Mayorga.

Por el contrario, los versos del pueblo son de esperanza, esperanza que se les entregó a los sandinistas en el 79, a doña Violeta Barrios de Chamorro en el 90, al doctor Alemán en el 96 y al ingeniero Bolaños en el 2001.

Si el reto ya lo asumió el Apre, entonces lo deberá hacer con verdadera responsabilidad y amor patrio, sin darle cabida a personalidades de naturalezas orteguistas, arnoldistas, quiñonistas, yamilezcas, navarristas, etc. De no hacer algo diferente ya no valdrá la pena salir a votar en las próximas elecciones, pues sólo estaríamos bebiendo la misma agua en vasos diferentes.

Por dictatorial que parezca, el PLC nombrará de manera directa el candidato presidencial del Apre, Eduardo Montealegre, cuando no le den pase a su majestad el doctor Alemán, candidato que hasta ahora se manifiesta con los niveles más altos de masoquismo político, dispuestos a aguantar tantos garrotazos como le sea capaz de darle el capo.

Mientras el PLC siga cometiendo las mismas “paseadas”, el Apre seguirá aumentando su membresía y mientras el PLC no busque cómo renovar sus cuadros políticos dándole cabida a nuevos liderazgos, dejará de ser un partido mayoritario para convertirse en una asociación de cúpulas destinadas al “mayorgasmo”, es decir mucho bla bla y poca acción.

Por otro lado, nadie aprende de las virtudes, sino de los errores, y el Apre deberá aprender de los errores de los demás, pues si lo hace con los suyos, puede que le pase lo del PLC sin que ni siquiera alcance ningún nivel alto de popularidad.

Dios nos debe permitir elegir a los hombres y mujeres que sean diferentes de las culebras, tanto en cola como en veneno.

El autor es escritor.
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