DOMINGO 17 DE OCTUBRE DEL 2004 / EDICION No. 23605 / ACTUALIZADA 1:49 am





EL HUMOR DE




Dos candidatos tan parecidos y con profunda aversión mutua

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. Los asesores de ambos hombres indican que la competencia es personal y política, y que se deriva en parte de sus orígenes similares

El senador demócrata John Kerry escucha y observa al presidente George W. Bush mientras éste contesta a una pregunta en el segundo debate, celebrado en St. Louis.

 

The New York Times

SAN LUIS, MISSOURI.- Tras los debates en los que los candidatos presidenciales chocaron en torno a Irak y Corea del Norte, los precios de los medicamentos y los empleos, sigue sin plantearse una pregunta esencial: ¿por qué estos dos tipos sienten tanta aversión el uno por el otro?

No es como si no tuvieran nada en común. Desde la Segunda Guerra Mundial, no han habido dos candidatos con orígenes de clase y privilegios tan marcadamente similares, con tantos puntos de semejanza. Estos dos no sólo estudiaron en la Universidad de Yale con dos años de diferencia, sino que formaron parte de la misma sociedad secreta allí, Skull and Bones.

Sin embargo, ésta es la primera campaña en tiempos recientes en la que no se puede oír a los electores decir que no existe una verdadera diferencia entre los candidatos.

Durante los debates, las indicaciones de desprecio mutuo fueron obvias en lo que los candidatos dijeron, en su forma de decirlo y en su manera de escuchar.

El Presidente, de acuerdo con varios republicanos que se mostraron preocupados por el desempeño de George W. Bush durante los debates, puede haberse acostumbrado demasiado a ser tratado con respeto. Los asesores del senador John Kerry creen que su candidato puede provocar al Presidente simplemente al confrontarlo.

“Nunca está en un entorno donde enfrenta oposición”, dijo Michael D. McCurry, vocero de alto nivel de Kerry, acerca de Bush.

La carrera es muy cerrada y las divergencias ideológicas entre los candidatos son muy reales. Pero los asesores de ambos hombres indican que la competencia es personal, así como política, y que se deriva en parte de la similitud de sus orígenes.

Asistentes de Bush dijeron que Kerry le recordaba a los miembros de la vieja élite de Nueva Inglaterra a los que conoció en Yale y en la Escuela de Negocios de Harvard y nunca le cayeron bien.

McCurry especuló que Bush veía en Kerry a “esa falange de liberales de Nueva Inglaterra que se burlaba de mí en Yale —que le veían desdeñosamente como un chico más interesado en las fiestas que en su carrera universitaria”.

Kerry, dijo, “es muy fieramente competitivo y tiene reacciones emocionales. No creo que se trate tanto de animosidad —es sólo desdén por la posición en la que está Estados Unidos en el mundo y la forma en que acabamos allí”.

Amigos y socios de Kerry indican que éste considera a Bush como un hombre intelectualmente perezoso y cínico.

Otro operador demócrata que ha asesorado a Kerry destacó lo que volvió inhabitual a esta rivalidad política. “Con Johnson y Kennedy, era un asunto de clases”, indicó de forma anónima, dada la índole personal del tema. “Clinton y Bush —era un asunto de clases. Pero estos tipos son de la misma clase”.

Sin embargo, prosiguió, dentro de su clase, Bush y Kerry crecieron protagonizando papeles muy distintos, incluso antagónicos.

Bush era el hijo pródigo, Kerry el hijo obediente. Bush era un bromista y un estudiante mediocre. Kerry era serio, idealista, y un poco solitario, una persona que se esforzaba mucho y cuya palpable ambición le valió la antipatía de algunos.

Ambos son de extracción aristocrática. Pero, dentro de la élite, sutiles grados de origen toman una fuerza particular: los Bush eran protestantes, mientras que los Kerry eran católicos, y no eran adinerados.

Ya sea que lance ataques respecto a Irak o los impuestos, el común denominador de la crítica de Bush es que Kerry no ha sido capaz de cumplir con los estándares del comportamiento preparatorio: le falta carácter. Es pura ambición, sin nada de sustancia.

Y ya sea que el tema tenga que ver con Irak o los impuestos, la crítica de Kerry también se resume en una acusación básica que ha plagado a Bush desde su juventud: carece de juicio y de sabiduría —en una palabra, de madurez.


COMPARANDO A PADRE E HIJO

Kerry ha invocado al padre de Bush, el cuadragésimoprimer Presidente de Estados Unidos, para dar a entender que su hijo no le llega a su altura. Ayudantes de Kerry consideran esta táctica como su forma más eficaz de socavar a Bush en el tema de Irak.

“El padre del Presidente no entró a Irak, a Bagdad, más allá de Basora”, indicó Kerry. “Y la razón por la que no lo hizo, escribió en su libro, era porque no existía ninguna estrategia viable de salida”.

Kerry también notó que él había estado en combate, una experiencia, no necesitó precisarlo, que comparte con el cuadragésimoprimer Presidente, pero no con su hijo.

“Sé lo que es salir en una de esas misiones en las que no sabes lo que te espera allí fuera”, dijo Kerry.


LAS TÁCTICAS DEL MIEDO

Pese a todas las diferencias en políticas que revelaron, los debates presidenciales de EE.U.U. también destacaron lo que se ha vuelto un tema predominante en esta campaña presidencial: el miedo.

Bush insinuó que el "mensaje contradictorio" de John Kerry respecto a Irak sólo fortalecería al enemigo. Kerry advirtió que la "certeza" de Bush podría prolongar innecesariamente una sangrienta ocupación.

Cada lado espera que el temor a un futuro moldeado por el candidato opositor le ayudará a ganarse a los electores indecisos.

Sin embargo, los psicólogos que estudian el efecto de la emoción sobre el comportamiento electoral dicen que los electores indecisos son los que tienen menos probabilidades de responder al miedo como una táctica de persuasión. De hecho, nuevas investigaciones sugieren que el elector partidista políticamente informado es el más susceptible a la persuasión por el temor y la ansiedad.

"Si las campañas quieren obtener más apoyo y ganarse a estos electores, el miedo es una manera en la que pueden hacerlo", dijo Ted Brader, politólogo de la Universidad de Michigan que estudia anuncios políticos, "pero los dólares podrían gastarse mejor en anuncios que inspiren apoyo entre su propia base".

En estudios, Brader y otros investigadores han encontrado que los anuncios que utilizan el miedo funcionaron mejor entre los electores "sofisticados", que tendían a ser partidistas y a estar bien informados.


ASÍ FUE EN 1964

Las campañas de miedo son tan antiguas como la democracia, pero maduraron en la era de la postguerra de los anuncios en los medios masivos de comunicación. En el famoso anuncio de la “margarita”, utilizado por el presidente Lyndon B. Johnson contra Barry Goldwater en 1964, imágenes de una niña que arranca pétalos de una flor se convertían en una explosión nuclear. Desde entonces, tanto demócratas como republicanos han dirigido campañas cuya intención es asustar a los estadounidenses para que piensen de ciertas formas.
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