El progreso y los derechos
Armando P. Ribas AIPE
El ladrón privado es el riesgo menor que enfrenta la propiedad privada. (Juan Bautista Alberdi)
BUENOS AIRES.- Cada vez más los progresos humanos se tornan en derechos de la humanidad en tanto que se ignoran los factores determinantes de los mismos. La mayor ignorancia que persiste evidentemente es respecto a la naturaleza del hombre. Fue en ese sentido que se pronunció David Hume cuando dijo en su Tratado sobre la Naturaleza Humana: “Todo estudio debe comenzar por el conocimiento sobre la naturaleza humana y éste es el que ha sido más ignorado”.
No obstante hemos llegado al tercer milenio y mientras progresa la ciencia y la técnica, todavía nos encontramos ante un debate ético, que se manifiesta políticamente y que tiene efectos económicos profundos, supuestamente basado en una ética superior. Esa ética superior se sustenta falazmente en el antagonismo entre el interés general (bien común o, más recientemente, justicia social) y el interés privado.
Es en esa concepción sublime que el planteo ético de la propiedad de Rousseau, según el cual “la tierra no era de nadie, y los frutos eran de todos”, vuelve aún cuando se olvida que mientras se aplicó ese criterio las tribus eran nómadas. La agricultura comenzó cuando se respetaron los derechos de propiedad. La realidad es que el crecimiento económico así como el crecimiento poblacional se inició hace relativamente poco tiempo, unos 300 años.
Fue el propio Karl Marx quien reconoció que su “odiada” burguesía en sólo 100 años de dominio político había creado más fuerzas productivas que todas las anteriores generaciones juntas. Pero al mismo tiempo, ignoró la razón de ser de la misma y creyó que era el producto de la razón en la historia. O sea, ha sido la aceptación ética de los intereses particulares y así como de la falibilidad humana la que dio lugar a la sociedad abierta, desmintiendo las predicciones apocalípticas de Malthus. No obstante se insiste en esa noción ética que ha determinado la pobreza de los países en desarrollo, amén de los totalitarismos que han azotado a Europa en el siglo XX.
La contradicción a priori entre el interés general frente a los intereses particulares es el fundamento ético del poder político absoluto y consiguientemente de la corrupción y la pobreza. Es la pseudo ética de que la necesidad genera derechos, que en la práctica son privilegios otorgados por el poder político, al tiempo que se violan los derechos individuales y particularmente el derecho de propiedad. Esta falacia ética es recogida en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que dice: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, y la asistencia médica y los servicios sociales necesarios...”
Ahora la salud se pretende incorporar como un derecho humano, cuando ésta ha sido en realidad el producto de la riqueza. En los últimos 200 años, la población se ha multiplicado por seis, en tanto que la expectativa de vida en los países desarrollados supera hoy los 80 años. Es evidente que la salud es un subproducto de la riqueza y ésta de la seguridad jurídica de los derechos de propiedad. Y particularmente de los derechos de propiedad intelectual, que sería la propiedad por antonomasia, pues de ella resulta un bien que no existía en la naturaleza. Ahora la Organización Mundial de la Salud (OMS) vuelve sobre la pseudo ética del derecho a la salud. Así la responsabilidad de los países ricos sería la de facilitarla a los pobres, y tal obligación se sustenta en desmedro precisamente de los derechos de patente de los medicamentos, que han sido indudablemente los determinantes del evidente progreso de la salud en el mundo.
La reciente Cumbre de la OMS en México propuso alternativas a los derechos de propiedad para dirigir la innovación y la investigación hacia las enfermedades tropicales. Más allá de si en la actualidad están disponibles remedios para las mismas, que precisamente no están al alcance de los países en desarrollo, la sustitución de la propiedad privada por la burocracia ha sido la mayor causa de la pobreza y ésta de las enfermedades.
El autor es profesor de Filosofía Política, periodista y escritor, nació en Cuba y vive en Argentina desde 1960.
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