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SáBADO 22 DE MARZO DEL 2003 / EDICION No. 23038 / ACTUALIZADA 03:00 am
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¿Qué pasará con la ONU?

La filosofía de la Organización de Naciones Unidas (ONU) se inspira en la doctrina del multilateralismo solidario, que fue ideada por el ex presidente de Estados Unidos de Norteamérica, Woodrow Wilson.

Antes, como ahora, la igualdad de sus miembros soberanos ha constituido la piedra sillar de esa concertación de naciones. La pretensión fue cortar las acciones unilaterales de los países poderosos que imponían su voluntad. No obstante, las concesiones que debieron hacerse para meter a grandes, medianos y pequeños países en el mismo redil, causó graves contradicciones que ahora una vez más se vuelven a evidenciar, con la crisis en Irak.

La Carta de la ONU establece que en la Asamblea General las decisiones se toman por votación, aunque sólo tienen valor de recomendaciones. Sin embargo, la Carta entrega a cinco potencias miembros permanentes del Consejo de Seguridad, el derecho a vetar cualquier resolución que perjudique a sus intereses.

Se daba por sentado que las cinco potencias que gozan de ese privilegio mantendrían unanimidad de criterio. La realidad demostró pronto que esa suposición era falsa, porque el desarrollo de cada una de esas potencias fue tan diferente como sus ambiciones. Basta mencionar al respecto la guerra en Corea y el bloqueo de Berlín, en 1948; la invasión de Santo Domingo, en 1965; la invasión de Afganistán, en 1979; la invasión de Grenada en 1983; los bombardeos de Libia, en 1986, y Kosovo, en 1995; la invasión de Panamá y el derrocamiento de Noriega, en 1989; la guerra de baja intensidad en Nicaragua, de 1985 a 1989; etc. Todas esas acciones fueron unilaterales, por encima de la ONU.

Precisamente por esas y otras razones igualmente importantes, hace rato que está en el tapete de la discusión la remodelación de la Organización de Naciones Unidas.

Se menciona, por ejemplo, la crisis financiera producto de la morosidad en cuatro mil millones de dólares de sus miembros, así como la necesaria ampliación de miembros permanentes del Consejo de Seguridad ante la incongruencia de no incluir a Alemania y Japón. También se resiente que el conflicto sangriento judío-palestino no haya merecido el envío de cascos azules (efectivos militares de la ONU) para separar a los porfiados contendientes. Y finalmente está el reclamo de los países subdesarrollados que aún esperan el aporte del 0.7 por ciento de los PIB de las naciones industrializadas, para disminuir la miseria que sufre el 30 por ciento de la población mundial.

En cuanto a la guerra en Irak, sin dudas que es una consecuencia del artero ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono en Washington D.C., el 11 de septiembre del 200l. Para Estados Unidos fue un shock comprobar que su tradicional invulnerabilidad no existía y tenían que hacer algo para prevenir el siguiente atentado. Se sintieron humillados y anonadados, y todo su empeño fue golpear en el centro neurálgico del ubicuo terrorismo, que para ellos también estaba en Irak.

La dificultad estuvo en que la intensidad del drama norteamericano no lo captaron otras potencias del Consejo de Seguridad y corrió el tiempo sin acumularse pruebas que para algunos justificasen un ataque para derrocar a Saddam Hussein.

Por otra parte, Washington presionó al Consejo de Seguridad demandando carta blanca para el ataque, tratando de conseguir sus votos para legitimar la acción. Pero otras superpotencias del Consejo de Seguridad (Francia, Alemania, Rusia y China) lograron enhebrar su propia lista de intereses y al parecer sintieron que no tenían por qué complacer a ningún padrino. Percibieron al parecer que los EE.UU. quería seguir sintiéndose como “primus inter pares” y terminaron rechazándola posición estadounidense y obligando a Washington a actuar de manera unilateral, con una mínima coalición integrada también por el Reino Unido y apoyada por España y Australia, con el respaldo político de unos cuarenta estados de diversas partes del mundo, incluyendo a Nicaragua.

A la luz de estas realidades y estando en marcha la guerra en Irak, dolorosa sin duda pero inevitable, se impone que después del conflicto se remodele a la ONU. El dilema es si seguirá el Consejo de Seguridad aceptando las escapadas de algunas de las grandes potencias, o se someterá a su Estatuto que supuestamente excluye la unilateralidad.  
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