MARTES 23 DE DICIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23311 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




La democracia orgánica

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Juan Fernando Ramírez A.

El líder sandinista Daniel Ortega ha estado sondeando ante la opinión pública algunas propuestas de reformas políticas. Una de ellas es la de crear asambleas municipales y departamentales de carácter orgánico. Dichas instituciones estarían compuestas por “organizaciones” locales de gremios, organizaciones sociales y “populares”, organizaciones de productores y sociedad civil.

Esta no es una idea nueva en los anales de la política. Muy por el contrario, ha sido muy característico de regímenes totalitarios tanto de derecha como de izquierda. El corporativismo y la denominada “democracia orgánica” tuvo su máxima expresión en las etapas iniciales de los regímenes totalitarios europeos, principalmente en la Alemania nacional-socialita, la Italia fascista, la Rusia soviética y sus satélites. También fue utilizado en la primera etapa del régimen de Franco y en el propio Consejo de Estado sandinista de 1980 a 1984.

En todos los casos, las organizaciones sirvieron para dar la careta “democrática” a dictaduras despóticas que violaron los derechos humanos y las libertades. Ninguna de las democracias “orgánicas” representó o trajo consigo avances de civilización y progreso. Todo lo contrario, esas asambleas espurias ayudaron a cimentar y afianzar las tiranías y a profundizar internacionalmente una imagen falsa de lo que en realidad eran regímenes opresores y perversos.

Hay que quedar claro. No existe una sola democracia moderna que viva en paz, prosperidad y libertad, que no utilice un régimen de partidos políticos y que no sea una democracia representativa. La propuesta la realiza el ex presidente Ortega al percatarse de la pérdida de confianza y desilusión de la población en instituciones como la Asamblea Nacional y el régimen de partidos. Pero el líder sandinista apunta en la dirección equivocada y no hace más que crear sospecha y traer reminiscencias funestas de un pasado totalitario.

Es claro el hecho de que aunque a regañadientes y tratando de gobernar desde abajo con asonadas violentas y demás, el FSLN ha dado el ejemplo respetando los resultados electorales de las últimas tres elecciones generales. Eso de por sí es un hecho de gran importancia para la historia patria. No obstante, cabe señalar que si el líder sandinista quiere seguir dando la pauta en lo que a democratización se refiere, debería abandonar sus pretensiones por la impostura que es la “democracia orgánica” y tratar de realizar cambios permanentes en su partido, convirtiéndola en una verdadera institución de carácter nacional. Lo mismo deberían hacer los otros partidos mayoritarios. Sólo así podría el electorado recuperar la confianza en instituciones como la Asamblea Nacional, fundamento del régimen de partidos políticos y de la democracia representativa.

¿Cual será el partido que dé la pauta y profundice la modernización y democratización de su propia agrupación, convirtiéndola en una institución de carácter nacional? ¿cuál partido abrirá su organización a los procesos democráticos, estableciendo mecanismos institucionales de alta legitimidad a lo interno? ¿cuándo se acabarán las organizaciones oligárquicas, cerradas, conspirativas, maniobreras, seudo-guerrilleras y serviles? ¿cuándo dejarán los caudillos y las cúpulas de utilizar a su favor todos los mecanismos y resortes de poder internos y ponerlos a disposición de la institucionalidad del partido, donde todos sus miembros tengan igualdad de oportunidades y recursos para competir por el liderazgo interno?

Los nicaragüenses no pueden perder la perspectiva y dejarse confundir por este tipo de propuestas de dudosa reputación. Sin democracia a lo interno de los partidos tampoco habrá democracia representativa ni independencia y separación de poderes. Corresponde a todos los nicaragüenses a lo interno de sus organizaciones provocar los cambios necesarios para lograr la institucionalidad de sus organizaciones.

También habrán otras avenidas para disputarle el espacio político a las organizaciones dictatoriales y oligárquicas. Contrario a lo que creen muchos analistas políticos en Nicaragua, no se necesitan grandes estructuras partidarias para que una nueva organización política pueda abrirse campo en elecciones libres. Los medios de comunicación masiva permiten la utilización de tecnologías políticas modernas que pueden hacer prescindir de los partidos de masas, con sus estructuras parasitarias y prebendarias.

Esto ha quedado demostrado en muchos países y aun en Nicaragua, cuando el candidato Álvaro Robelo en seis meses pasó de ser un desconocido político a capturar un 30 por ciento de la intención de voto. Esto antes de ser triturado por el pacto. Los grandes partidos tuvieron ese caudal electoral no a causa de sus estructuras y sus maquinarias electorales, como comúnmente se cree, sino a sus campañas mediáticas masivas y bien estructuradas. Los nicaragüenses también tienen este tipo de opciones si se cierran las avenidas democratizantes dentro de los partidos políticos.

Si el pueblo pide más democracia hay que dársela. No a través de maniobras politiqueras como la “democracia orgánica” o la instauración de un dudoso “parlamentarismo” (la otra propuesta) que agudizar y concentran más el poder en unos cuantos caudillos, permitiéndoles cuotas de poder que el electorado no se las ha dado en forma directa y democrática. Hay que afianzar la democracia representativa y el régimen presidencialista, con división y separación verdadera de poderes y Estado de Derecho. Hay que democratizar los partidos y permitir el libre ingreso y competencia de los partidos nuevos o incipientes, en igualdad de condiciones para todos. Sólo así se podrá vivir en libertad y prosperidad.

El autor es economista.
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