VIERNES 5 DE DICIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23293 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




“Elecciones, ¿para qué?”

Las elecciones de alcaldes y concejales que deben celebrarse el próximo año, serán suspendidas como consecuencia del nuevo pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán. Esto significa un rudo golpe al precario y bastante pervertido proceso democrático de Nicaragua.

Al parecer los políticos dominantes no comprenden la importancia de la autonomía municipal, y mucho menos la necesidad de que a los alcaldes y concejales se les elija en forma independiente. Esos políticos, adictos al dinero, sólo se preocupan por lo que hay que gastar en las elecciones.

Los sandinistas, cuando gobernaron el país entre 1979 y 1990 despreciaron el voto popular. “¿Elecciones, para qué? ¡El pueblo ya votó el 19 de julio!”, gritaban los comandantes y coreaban las masas vociferantes. Sólo cuando recrudeció la guerra civil y aumentaron las presiones internacionales, fue que hicieron unas elecciones amañadas, en 1984. Y en 1989, cuando la situación se les puso “color de hormiga”, los sandinistas tuvieron que aceptar la celebración de unas elecciones libres y vigiladas internacionalmente, que inevitablemente perdieron. O sea que ellos no son verdaderamente democráticos y aceptan las reglas de la democracia porque no les queda más remedio, para mientras vuelven a tomar el poder, absoluto.

Y los liberales arnoldistas han demostrado que tampoco son demócratas, o que son neo-somocistas, a quienes lo que más les interesa es enriquecerse con el tesoro público y compartir el poder con los sandinistas, en su beneficio partidista y personal.

Inclusive el presidente Enrique Bolaños no se ha comportado como un demócrata consecuente en este caso, pues aseguró que la suspensión de las elecciones municipales por los pactistas no tenía mayor importancia (ver LA PRENSA del miércoles 3 de diciembre de 2003), aunque al día siguiente, después de una reunión de donantes en la que éstos reiteraron con firmeza su advertencia sobre las consecuencias que podría provocar el nuevo pacto, el primer mandatario lamentó que los caudillos decidieran suspender las elecciones municipales. Inclusive, el presidente Bolaños demostró ignorar que la separación de las elecciones municipales de las presidenciales se hizo con la reforma constitucional democrática de 1995, precisamente para fortalecer la autonomía municipal, y dijo que la decisión de separarlas la establecieron los pactistas en la reforma constitucional del 2000, y ahora ellos mismos quieren cambiar su decisión anterior.

Pero es evidente que los políticos pactistas ignoran o no quieren saber que el ámbito municipal es el espacio público más democrático de la sociedad porque concierne en forma más inmediata a los intereses de los ciudadanos y las familias. Y que la verdadera democracia funciona sólo si hay una efectiva descentralización del poder administrativo y político y la gente participa, conscientemente, en la elección de sus gobernantes locales.

E reforzamiento de la participación ciudadana y en primer lugar la electoral, la ampliación de los poderes de los alcaldes y concejos, los cabildos para discutir los problemas de la comunidad y el funcionamiento de las alcaldías, son los pilares de una auténtica democracia. Pero ante todo se debe elegir a las autoridades municipales en fecha distinta que a las nacionales, para que éstas no arrastren en cascada a aquellas.

En todas partes del mundo donde existe y funciona realmente la democracia, ésta se apoya en un sistema municipal fuerte y confiable que se constituye mediante la participación de los ciudadanos en la elección directa de las personas que los gobiernan a nivel local, pues los municipios son los espacios naturales de la libertad.

Por otro lado, si hay que suspender las elecciones municipales porque cuestan dinero y es mejor dar éste a los “sectores” sociales (pero como sólo se lo dan a los que consideran parte del electorado cautivo sandinista), entonces habría que eliminar también las otras elecciones, es decir, las presidenciales y de diputados a la Asamblea Nacional.

Pero de lo que pasa realmente es que los sandinistas menosprecian el mecanismo primario de la democracia, que es el de las elecciones frecuentes, y si de ellos hubiera dependido no se habrían celebrado los comicios de 1990 y el país seguiría bajo el yugo del totalitarismo.
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