¿Quién tiene el poder?
María José Zamora
Es vergonzoso reconocer que si Daniel Ortega se molesta y no se hace lo que él dice, Nicaragua se pone de rodillas. Indudablemente el terror que paraliza a todos los sectores del país tiene sus razones. El señor Ortega no solamente tiene a sus órdenes todo tipo de turbas, sino también al PLC (supuesto partido antagónico al FSLN) y a la mayoría de los poderes del Estado. Su mayor acervo, el Poder Judicial, le da potestad absoluta para encarcelar o liberar a quien se le antoje; así como también despojar de sus bienes a quien se le ocurra, incluyendo al mismo Estado. Finalmente la camarilla de don Daniel, al mejor estilo de “El Padrino”, no es para tomarla a la ligera. Sin embargo, y a pesar de todo esto, el señor Ortega no puede ser más fuerte que el pueblo honesto y trabajador de Nicaragua.
El actual presidente Enrique Bolaños, en su discurso de cierre de campaña de Managua, cuando solamente era candidato, dijo: “Hagamos un trato: préstenme la Presidencia de la República por 5 años y les prometo que, juntos, ustedes y yo podemos devolver una Nicaragua digna, sana, renovada, rejuvenecida, enriquecida, democrática. Una Nicaragua donde todos podamos decir con orgullo: soy nicaragüense por gracia de Dios”. El señor Presidente sabe, como lo saben el pueblo de Nicaragua y los países amigos, que su petición ha sido cumplida y que el pueblo le ha prestado la Presidencia de la República por cinco años, no menos, para que juntos la transformemos. Por lo tanto, don Enrique Bolaños, que sí tiene palabra, además tiene el deber de convocar al pueblo que lo eligió para que lo apoye y lo ayude a desmantelar el pacto Alemán-Ortega. Coincido con el doctor Moisés Hassan, quien en una reciente entrevista televisiva dijo que el señor Presidente debe utilizar todos los medios que tiene a su alcance para detener este pacto, y que si eso implica decretar el Estado de Emergencia, ¡pues que así sea!
Opino que el señor Presidente no debe poner oídos sordos a las encuestas en las que más del 70 por ciento de la población consultada está contra el pacto. Por otra parte tampoco puede obviar las nefastas consecuencias que traería para la incipiente democracia del país entablar un diálogo con los libero-sandinistas y acceder a sus demandas, aún y cuando esto lo hiciera con el sólo objetivo de lograr entrar a la HIPC. En otras palabras, lograr la condonación de la deuda no significa que este grupo de irresponsables renunciará a sacar del juego al Presidente —quien para ellos es la piedra en el camino— en la práctica compartida del latrocinio estatal.
El doctor Emilio Álvarez Montalván, respetable y sabio analista político, en un artículo titulado Orden constitucional en peligro (LA PRENSA, 28 de noviembre de 2003) expone con la claridad que lo caracteriza el futuro que los libero-sandinistas le tienen reservado al señor Presidente. De acuerdo al doctor Álvarez Montalván la coalición PLC-FSLN aprobaría por votación afirmativa de un tercio de los diputados las propuestas reformas a la Constitución, las cuales serían ratificadas por la actual legislatura antes de entrar en receso y confirmadas en enero del próximo año. Estas reformas, que como bien dice don Emilio no han sido recomendadas por un referéndum, tienen como objetivo disminuir los poderes que la Constitución le otorga al Presidente de la República y hostigar al actual presidente “...al punto de forzarlo a renunciar o convertirse en una figura decorativa”.
El voto que masivamente le dio el pueblo de Nicaragua al ingeniero Enrique Bolaños no fue para que se dejara convertir en una figura decorativa, sino para que siga siendo el líder de la revolución moral que espero termine en este país con la corrupción, la perversión en el uso del poder y el caudillismo.
La sociedad civil, la empresa privada, los diferentes partidos políticos, los medios de comunicación, etc., también tienen la responsabilidad y el deber de actuar de manera pacífica pero contundente, ante lo que puede ser la mayor desgracia para Nicaragua. Es bueno imaginarse fríamente lo que se puede esperar cuando un grupo de corruptos y aventureros altera la constitución de un país y dicta leyes a su conveniencia. Si hoy la empresa privada puede crecer y crear empleos, los periódicos publicar sin censura, el pueblo expresarse, los partidos políticos agruparse, la gente salir y entrar del país sin restricciones, etc., mañana puede ser un panorama totalmente opuesto si se deja que el dúo Alemán-Ortega siga adelante. Basta con mirarse en el espejo del pueblo venezolano para darse cuenta que líderes de quinto patio como Chávez, Ortega y Alemán, no tienen la moral, ni la capacidad intelectual de dirigir una democracia.
La autora es psicóloga.

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