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DOMINGO 28 DE JULIO DEL 2002 / EDICION No. 22803 / ACTUALIZADA 02:00 am
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Nuestra gente - Cosas Veredes Sancho Amigo
De músicos y artistas que deleitaron a los managuas

Foto  
.Donde el doctor Carlos Tünnermann Bernheim nos recrea con la historia de los intérpretes y compositores que hicieron más agradable la vida de los habitantes de la Managua puritana del siglo pasado, sin faltar la relación de actores, divas y comediantes que llegaron a nuestro país y se quedaron para siempre.

La Orquesta Sinfónica de Nicaragua acompaña a la soprano norteamericana Dagmar White en un concierto realizado en agosto de 1947 en el Liceo de Lolita Soriano.

 

Mario Fulvio Espinosa
info@laprensa.com.ni

PRIMERA DE DOS PARTES
“Ignoro en qué fecha el pintor francés Eugenio Delacroix pintó el famoso retrato de Federico Chopin. Me atrevo a pensar que fue en 1848, un año antes del fallecimiento del músico polaco, cuyo rostro aparece en el lienzo visiblemente demacrado aunque rodeado de la aureola romántica que marcó toda su vida”.

“Así, me parece, era el rostro de Federico Arturo Ripley, un joven pianista que floreció en la Managua de los años treinta y que me imagino era larguirucho, pobre de pecho, largo de brazos y dedos. Se dice que tenía ojos celestes dentro de un rostro eternamente pálido... porque si Chopin era martirizado por la tuberculosis, Ripley lidiaba permanentemente contra los demonios del alcohol que terminaron con él cuando apenas tenía 25 años: murió en un modesto albergue del Barrio San Pedro”.

“Ripley, como buen bohemio, interpretaba cualquier nocturno de Chopin o Debussy por unos tragos más, pero por su talento era muy apreciado en todos los círculos culturales de la época, que sí sabían tener buen gusto”.

Así empezó la plática con el doctor Carlos Tünnermann Bernheim acerca de un tema intensamente amado: la música, y sobre todo en relación con los músicos que como su padre, don Carlos Tünnermann López, dejaron una constelación imperecedera de arte y romanticismo en el azul firmamento de los nicaragüenses.

No son necesarias las presentaciones detalladas. El doctor Tünnermann es más que conocido, ex rector magnifico de la UNAN, ministro de Educación del gobierno revolucionario, diplomático destacado, miembro honorífico de numerosas instituciones nacionales e internacionales, jurista y escritor notable.

DE LA MANO CON DON GRATUS HALFTERMAYER

“Don Gratus Halftermayer en su Historia de Managua menciona a otros músicos notables de la Vieja Managua, entre ellos a doña Justina Huezo de Espinosa, hija del escritor y maestro don Francisco Huezo y de doña Josefana Ortega. Fue pedagoga y compositora de música. Yo la conocí como maestra de capilla de la Iglesia del Perpetuo Socorro y como maestra de canto en el Colegio Rubén Darío que dirigía el presbítero Marco Antonio García. Era una dama de exquisita cultura y gran sensibilidad, también un hermano de ella, don Paco Huezo, fue un notable pianista pero igual que Federico Arturo Ripley, se dedicó a la bohemia y murió muy joven. Mi padre le tenía mucho aprecio y fueron muy buenos amigos”, señala el doctor Tünnermann.

“Más antiguo todavía aparece José María Véliz, maestro compositor, pianista destacado de origen mexicano. Vino a Nicaragua en 1896 con la Compañía Diestro para actuar en el famoso Teatro Castaño, el primero que hubo en la vieja Managua”.

“Este teatro comenzó a construirse en 1894 y se terminó en 1896, bajo el primer período constitucional del general Zelaya. Se llamó “Castaño” porque quien lo construyó fue don Estanislao Castaño, un acróbata mexicano protegido del presidente Zelaya y del alcalde de Managua, don Aurelio Estrada.

Ocupó este teatro un predio ubicado en la parte sur del Palacio Nacional. Era un edificio de cuatro pisos, con balcones, platea y luneta en forma semicircular imitando la forma que tenía el Teatro Municipal de León, que aún existe.

Para su inauguración se presentó la compañía mexicana dirigida por los hermanos Juan y Alfredo del Diestro, poniendo en escena la zarzuela “Marina”, en la que intervenían la tiple María de Jesús Domínguez y el ya nombrado pianista y compositor José María Véliz.

NERUDA Y LA BELLA LUPE UNDA

También en el “Castaño” se presentó, entre otras compañías notables, la del trágico italiano Luis Roncoroni, en cuyo elenco figuraban Evangelina Adams, Andrés Bravo y Francisco Ortega de Quintana. Entre otras obras presentaron “El Estigma” de José Echegaray.

En 1900 ahí se presento la famosa “Compañía de Teatro Luque” en la que destacaba la cómica presencia del genial Ricardo Luque que arrancó aplausos y risas al respetable. En los años subsiguientes hizo presencia la Compañía Unda, bajo la dirección del notable violinista don Eduardo Unda y de su esposa la actriz María Murillo. Los Unda Murillo eran casi una empresa familiar, y los hijos del matrimonio, Leonardo, Lupita, Mercedes, Julia y Lolita conquistaron ovaciones estruendosas y prolongadas de parte del público.

Las muchachas Unda eran todas muy bellas, sobre todo Lupe, que estremeció las fibras sensibles del poeta chileno Pablo Neruda, que le dedicó un bello poema que años después publicó el Diario “Flecha” de don Hernán Robleto.

Ese poema, entre otras, cosas decía:

Cómo te cantaría con el anacronismo
De aquella edad de lucha con esta edad de calma
Y así que pasarías a ser para tu misma
Dulzura de mis ojos y elegía de mi alma


De aquel desaparecido teatro data la presencia en Nicaragua del gran actor venezolano Teófilo Leal, que deslumbró con su actuación en la obra “El Loco Dios” de Echegaray. Este último obsequió una noche de arte al genial poeta colombiano Julio Flores, de visita por Managua en ese entonces.

EL FAMOSO TEATRO VARIEDADES

Otro local prominente fue el Teatro Variedades, construido por don Francisco Brockman entre los años 1915 y 1916, y que fue destruido por el terremoto de 1931. Ocupó un terreno ubicado al costado norte de la Catedral, donde después se construyó la Colonia Lugo.

Era un edificio blanco de dos pisos, de modesta fachada pero de condiciones acústicas notables. Contaba con dos filas de palco y cada palco tenía seis asientos, la platea o luneta llegaba hasta la media luna donde estaban los filarmónicos. Enmarcando el telón podían apreciarse, pintadas al óleo, las figuras de Dante Alighieri, Shakespeare, Moliere y Calderón de la Barca.

Cosecharon estruendosos aplausos en ese teatro, la compañía japonesa “Matsumoto”, un Coro de Cosacos, pianistas y violinistas de fama mundial, entre ellos el maestro Tomás Urroz, egresado del Conservatorio de Bruselas.

En el Variedades se presentó la famosa Tórtola Valencia, la Compañía de María Guerrero, la niña de seis años Caridad Bravo Adams, que después fue famosa autora de novelas para el radioteatro cubano.

Cabe añadir que en el Teatro Variedades se presentó la famosa Compañía Rodríguez Blen, que aquí se disolvió, y sus integrantes se casaron con nicaragüenses fundando así la rama de los Blen, una de las más distinguidas familias de Managua.

También actuaron ahí las grandes cantantes de la época: Francisca Bertini y Pina Menicelli, que interpretaron las operetas “La Viuda Alegre”, “El Conde de Luxemburgo” de Franz Lehar, y las óperas “La Traviata” y “Tosca” de Puccini.

Por el escenario del “Variedades” pasaron, entre otras, la Compañía Española de María Guerrero, en cuyo elenco contaba con actores famosos como María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza; la Compañía Bracale, en la cual figuraba el gran tenor Hipólito Lázaro y la diva italiana Helena Cherubini. También nos visitó la Compañía de Virginia Fábregas, donde figuraban los actores de carácter Leonardo Campaña, Bernardo Jambrina y Mariano Rueda, lo mismo que la actriz Milagros Crespo que falleció en Managua.

No faltaron en el “Variedades” los artistas nicaragüenses, como Alfredo Castillo, Adán Enríquez y Paco Soriano, que en diversas épocas cantaron operetas famosas como “Marina”, “La Viuda Alegre”, “Molinos de Viento” y “El Conde de Luxemburgo”.

Aunque yo no conocí ese teatro —dice Tünnermann—, lo recuerdo con afecto por lo siguiente: ahí comenzó mi padre como pianista profesional. En varias ocasiones él me dijo: “Mira que ahí comencé yo a ganarme mis primeros pesos y con ello ayudar en la formación de mis hermanos”, porque sucede que cuando mi abuela quedó viuda, a mi padre le tocó ayudar en la educación de sus hermanos, que eran tres: Guillermo, Carlos y María, y además los Gómez, porque mi abuela contrajo segundas nupcias con don Carlos Gómez, pero también enviudó heredando cuatro hijos: Juan Ramón Gómez, Gustavo Gómez, Carlos Gómez y Humberto Gómez, que ha sido el cerebro de la familia Gómez. Este joven, siendo estudiante de bachillerato, hizo su tesis de grado sobre la Teoría de la Relatividad de Einstein a principios de los años treinta.

Cuando no había obras de teatro y óperas que presentar, el Variedades se convertía en cine. Ahí se presentaban las primeras películas mudas. Como la gente no podía estar sin escuchar algo, un pianista tenía que aporrear el piano durante toda la función. Ese trabajo lo hacía mi padre durante las dos horas que duraba la película.

En esas funciones mi padre no sólo procuraba tocar ciertas piezas en los cambios de rollo, sino que ponía un trasfondo musical en la temática de la película: alegre y movido si era comedia, sombrío y triste si era un drama. Él sabía que ese sonido tenía mucho que ver con el éxito del filme.

Entre otros viejos maestros músicos de la vieja Managua también localizamos al maestro Chico Soto, de origen leonés; a Ramón Morales Zamora, a Luis Felipe Urroz y toda la familia de ese apellido; a Alberto Selva, de Managua, a Vicente Barberena y Gilberto Vega.

Los Huezo fueron otra familia notable de músicos, incluso don Rafael Huezo, que era gerente del Banco Nacional, cuando se echaba sus tragos llegaba a mi casa junto con don Arturo Molieri, el gerente del Banco Emisor, y mi tío Guillermo Tünnermann. Los cuatro ponían a mi padre a tocar el piano, y todos se entonaban para cantar, claro, el que más cantaba era don Rafael.

Tampoco hay que olvidar al querido y larguirucho profesor José Santamaría; a Margarita Otero, una de las alumnas más sobresalientes de mi padre, y al bondadoso profesor Víctor M. Zúñiga; a don Mateo Vargas, leonés, que fue profesor de canto en el Rubén Darío, lo mismo que a don Salvador Montalbán Rubí, tenor de la Capilla del Perpetuo Socorro.

Pero de eso ahondaremos más en nuestra segunda parte.

GRATITUD Y RECONOCIMIENTO

Existe en poder del doctor Carlos Tünnermann Bernheim una valiosa colección de documentos sobre el arte musical de los nicaragüenses.

Entre otras obras consultadas debemos mencionar la “Historia de Managua”, de don Gratus Halftermayer.

También agradecer los valiosos datos que nos proporcionó el libro “Managua en sus 40 siglos de existencia”, del matrimonio Julián N. Guerrero y Lolita Soriano.

UN PIANO QUE ESPERA

Cuando el que esto escribe pasaba por aquella casa situada en la Avenida del Centenario, procuraba hacerlo muy lentamente para poder escuchar el estudio “El Revolucionario” de Chopin, “Amores de Abraham” de José de la Cruz Mena, y una estela de “Romanzas” propias de don Carlos Tünnermann López. Ese piano duerme en la sala de la residencia del doctor Tünnermann Bernheim, añorando las manos de aquel que le daba vida.  
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