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VIERNES 11 DE MAYO DEL 2001 / EDICION No. 22365 / ACTUALIZADA 11:30 pm

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El voluntariado

La Organización de Naciones Unidas (ONU), proclamó el 2001 como “Año Internacional de los Voluntarios”. Con tal motivo, en Nicaragua se están desarrollando múltiples actividades y ejecutando numerosas obras basadas en el voluntariado y con la participación de instituciones públicas y de la comunidad, y la contribución no retribuida de empresas privadas. El propósito de la ONU, sin dudas, es exaltar el voluntariado y motivar a muchas más personas, asociaciones sociales y empresas particulares, a sumarse a este esfuerzo que es singularmente importante para fortalecer las bases y las raíces de la paz.

Entre las muchas personas y diversas entidades y empresas particulares que se han hecho eco de la iniciativa de la ONU, algunas están promoviendo la campaña “Un día para mi Comunidad”, que es coordinada por el Centro Nicaragüense de Desarrollo y en la que participan la Fundación Nicaragua Nuestra, Asociación de Promotores de la Cultura, Fundación Desafíos, Centro de Acción y Apoyo al Desarrollo Rural y el Ejército de Nicaragua, así como varias empresas privadas transnacionales y nicaragüenses.

Un ejemplo de las diversas obras de beneficio social que se han ejecutado por medio del voluntariado, es el barrio Camilo Ortega, de Managua, donde unos 200 voluntarios aportados por las asociaciones y empresas antes mencionadas trabajaron en conjunto con la comunidad para reparar el Centro de Salud, limpiar el parque y el cauce de aguas pluviales y construir un muro protector de la escuela, a la que también entregaron pupitres y útiles escolares para los estudiantes. Otro ejemplo digno de ser mencionado es el centro de educación preescolar (“Los Chigüincitos”), que fue construido en un barrio de Granada por el auspicio y con fondos de nicaragüenses residentes en Estados Unidos de Norteamérica, tal como informamos en nuestra edición del miércoles recién pasado.

Pero no es sólo por la iniciativa de la ONU que en Nicaragua se está promoviendo el voluntariado, la solidaridad, el humanitarismo y la participación comunitaria. Se debe también a la necesidad de frenar el crecimiento del egoísmo y de la descomposición política y moral de la sociedad. Y es una hermosa manifestación de la vocación de servicio de muchos nicaragüenses, unos motivados por sentimientos religiosos y otros por humanismo laico, pero todos convergiendo en una sola corriente de amor al prójimo y solidaridad. En realidad, Nicaragua tiene una dilatada tradición de voluntariado y filantropismo, el primero canalizado por instituciones y asociaciones de servicio como la Cruz Roja Nicaragüense, el Cuerpo de Bomberos, los Boy Scouts, los clubes Leones y Rotarios, así como por las iglesias de diversas denominaciones; y el segundo, la filantropía, cultivada por personajes ejemplares como Sor María Romero, Perfecto Tijerino, José de la Paz Cuadra, Zacarías Guerra, Constantino Pereira, Porfirio Solórzano, José Wenceslao Mayorga, los hermanos José y Felipe Mántica Berio, etc., todos ellos merecidamente incluidos en la obra de Jorge Eduardo Arellano, “Héroes sin fusil”.

El voluntariado es, en efecto, una manifestación de solidaridad, humanismo y amor al prójimo que nace en la parte buena de la naturaleza humana, y que mueve a algunas personas a servir a los demás sin ningún interés material ni afán de figuración. Es una fuerza interior ética y generosa que impulsa a las personas a volcarse desinteresadamente en solidaridad con el desvalido y para ayudar al prójimo, por el solo hecho de que éste es un ser humano.

Por cierto que precisamente por eso se debería cultivar el voluntariado desde la niñez, en los hogares y las escuelas, pues el sentido de solidaridad y el amor al prójimo son la base del civismo, la tolerancia, el talante democrático y la convivencia pacífica de las personas.

Al respecto, vale la pena recordar y tomar en consideración lo dicho por Madre Teresa de Calcuta en una entrevista periodística, refiriéndose al sentido que anima a las personas que, como ella lo hizo, sirven a los demás de manera voluntaria, calladamente y a cambio de nada: “El fruto del silencio -dijo la santa Madre Teresa de Calcuta- es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio y el fruto del servicio es la paz”.  
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