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DOMINGO 3 DE DICIEMBRE DEL 2000 / EDICION No. 22211 / ACTUALIZADA 12:30 p.m.

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Morir de hambre o reventar en el mar

Foto  
.Por hoy no hay más salidas para jóvenes de Casares
.Autoridades pertinentes deben tomar nota

El joven buzo Esnaire de José Mendoza Gutiérrez (a la izquierda) en el preciso momento que salía de las profundidades del mar.

 

Euclides Cerda Calero/Especial para LA PRENSA
sucesos@laprensa.com.ni

CASARES.- Varios menores de 16 años que realizan la peligrosa tarea de sumergirse en las profundidades de las aguas del balneario de Casares sin las debidas condiciones para ejercer la actividad de la pesca, reconocieron que sus vidas siempre están en riesgo. Sin embargo, contradictoriamente, deben hacer ese trabajo para sobrevivir

El jovencito Esnaire de Jesús Mendoza Gutiérrez, de 16 años, dijo que desde muy temprana edad se dedica a la pesca para ayudar a sus padres en la manutención de sus hermanitos “pues la situación en nuestros hogares debido a la falta de trabajo es dura y siempre hay dificultad en conseguir alimentos”.

“Al agua nos introducimos solamente con una boquilla conectada a través de una larga manguera a un comprensor de vulcanización porque no existen equipos para ejercer esta actividad y eso pone en peligro nuestras vidas”, refirió.

“Las primeras veces que uno se introduce al mar, a causa de la presión del agua se le revientan los oídos, pero después uno se va acostumbrando a permanecer hasta por más de 40 minutos dentro del agua, a una profundidad aproximadamente de 30 varas”, agregó. Cada vez que hace esa tarea él gana hasta 300 córdobas, con lo que ayuda a sus padres, dijo.

“Para sumergirme me amarro galones de agua a la cintura o bien cadenas de acero o plomo en los pies para que el peso me obligue a bajar más rápido a las profundidades del mar, de lo contrario es tardado y cansado (descender)”, indicó el jovencito.

Enfatizó que desde la edad de 12 años comenzó a trabajar en la pesca pese a los peligros que se presentan porque si se voltea la lancha, “uno puede perecer ahogado”. Explicó que hay muchos jovencitos de las comunidades cercanas al balneario de Casares, que oscilan entre las edades de 14, 15 y 16 años, que también trabajan en las profundidades del mar con el mismo fin de ayudar a sus padres.

“Los capitanes de las lanchas son los que nos pagan por nuestro servicio, pero muchas veces se llega con ellos a algunos acuerdos, entre ellos el de agarrar el 50 por ciento de la producción de la pesca. En ocasiones he agarrado hasta 50 y 60 libras de langostas que son repartidas de manera equitativa”, admitió.

Otro joven buzo, Jesús Morales Romero, dijo que él se ha metido al agua en algunas ocasiones a levantar trasmallos pese a que no sabe nadar bien, pero la misma necesidad lo obliga a hacerlo.


A la buena de Dios

William Barahona, de 30 años, con mucha experiencia en la actividad de la pesca manifestó que una vez escapó de ahogarse en las profundidades del agua cuando se quebró la manguera justamente donde se conectan las dos boquillas para igual número de buzos.

A varios jovencitos les ha dado embolia y calambre en las profundidades del mar, porque bajan sin condición alguna de protección además que no hay nadie que los oriente qué deben hacer en esos momentos de emergencia. “ Los chavalos se meten al agua a la voluntad de Dios”, señaló.

En esta actividad del mar se necesita en principio enseñarles a bucear con sus respectivos equipos, porque hasta los chimbos que utilizan para el aire están contaminados “pues para limpiar la suciedad del aceite y carbón le meten un botellón de guarón, lo que atenta contra la salud de los mismos chavalos que respiran a través de las boqillas”.

Barahona hizo un llamado a las autoridades pertinentes para que ayuden a los pescadores a proporcionarles los equipos necesarios para ejercer tan peligrosa actividad del mar y evitar cualquier tragedia que lamentar.  
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