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DOMINGO 3 DE DICIEMBRE DEL 2000 / EDICION No. 22211 / ACTUALIZADA 12:30 p.m.

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Controversia: Balance y perspectivas electorales
Los mensajes de las elecciones

.Pasadas las elecciones municipales que dieron un triunfo compartido a liberales y sandinistas, y colocaron como tercera fuerza política a los conservadores, la controversia se plantea inmediatamente en relación con las elecciones presidenciales del próximo año y sobre la supuesta disyuntiva del voto democrático versus voto antidemocrático.

José Rizo Castellón

En toda democracia, las elecciones no son otra cosa que mensajes, algunas veces sibilinos, de parte de los electores y generalmente dirigidos a los diferentes segmentos de la sociedad. Los destinatarios naturales y receptores obligados, son los políticos. Estos tienen el deber de descifrar estos avisos y compartirlos con sus partidarios.

Las recientes elecciones municipales agitaron muchas aguas, que afortunadamente, ya están volviendo a la tranquilidad de sus cauces.

El mensaje electoral no fue ni totalmente claro, ni absolutamente equívoco. Por tanto, hay que analizarlo según los segmentos de procedencia, ya que cada señal tiene diferente destinatario y lleva por supuesto diferente contenido.

Quiero referirme a este tema desde la perspectiva de un liberal constitucionalista que contribuyó en la campaña municipal al éxito rotundo en su departamento natal de Jinotega.

El voto a favor de nuestros candidatos no nos permite proclamar una victoria, pero tampoco aceptar una derrota. El aviso es claro; tenemos que llevar a cabo algunos cambios, ya sugeridos dentro de nuestras filas, con relación a nuestros procedimientos y estrategias partidarias.

El análisis de algunos resultados específicos nos puede orientar hacia los cambios que debemos realizar y hacia donde encaminarlos.

La dolorosa pérdida de Managua nos indica, que no basta llevar un buen candidato y realizar una óptima campaña, sino que los procedimientos de elección de candidatos deben ser más participativos y transparentes. Los métodos democráticos, como la mujer del César, no sólo deben serlo sino también parecerlo.

El no haber ganado en algunas cabeceras departamentales nos indica, que nuestras naturales discrepancias políticas no las resolvimos con los instrumentos que nos señala la democracia de nuestros estatutos e hicimos más uso de la imposición.

Con ese actuar no dimos ejemplo de juego limpio y bloqueamos la participación entusiasta de nuestra población. Lo anterior lo confirma la recuperación de la Alcaldía de Jinotepe donde tanto el candidato como los métodos que se usaron para su selección, fueron ajustados a reglas limpias de la democracia.

Las restantes cabeceras departamentales que estaban en manos del Frente y que las mantuvieron, nos exige un replanteamiento de nuestros métodos de oposición y de programas de participación, en que debemos demostrar que tenemos nosotros mejores soluciones para los problemas locales.

Las alcaldías de cabeceras departamentales en que ganamos también confirma la tesis anterior. Masaya, Boaco y Rivas llevaron candidatos populares y escogidos con limpieza democrática.

Jinotega fue el único departamento del país en que los liberales ganamos todas las municipalidades y recuperamos La Concordia, cuna de nuestro héroe liberal Benjamín Zeledón. La razón es que escogimos con limpieza democrática a nuestros líderes y el pueblo tuvo confianza en nuestro buen actuar.

En el resto del país ganamos la mayoría de las alcaldías y eso no es despreciable. Creo que esa victoria es una demostración que los principios liberales tienen profundas raíces en nuestra alma nacional. Significa que en los lugares pequeños donde todavía se recuerdan las penurias a las que nos llevaron nuestros adversarios, está más clara la posición democrática.

Algunos de pensamiento aristocratizante interpretan lo anterior diciendo que se trata de clientelismo y que esos campesinos son fácilmente engañados. Otros que se autollaman vanguardias e intérpretes de lo que le conviene al pueblo, indican con sorna que donde ganamos es en el mapa de la pobreza, que dicho sea de paso así nos dejaron sus políticas supuestamente revolucionarias. Ambas explicaciones las rechaza el liberalismo porque creemos que el hombre puede ser iletrado o pobre, pero no tonto y entre más pequeña es su comunidad más fácil es saber quién dice verdad y quién engaña. En ese sentido el voto campesino es un voto calificado.

El voto urbano tiene otra connotación y va muy ligado al tema de la percepción de corrupción de algunos funcionarios públicos y escándalos bancarios. Se podría discutir, argumentar o contradecir la existencia de ella, pero la percepción es una realidad incuestionable y naturalmente jugó un papel muy importante en la decisión de muchos votantes y de quienes se abstuvieron, que por cierto fue muy grande el porcentaje y por tanto enviaron un mensaje no sólo a los partidos y sus métodos de trabajo, sino también al Consejo Supremo Electoral.

En conclusión, ¿qué tenemos que aprender los liberales de los mensajes que nos envió el pueblo a través de las elecciones?

Que debemos apegarnos al espíritu y a la letra de nuestros estatutos, que son muy claros en cuanto al uso de los mecanismos democráticos en la solución de nuestras divergencias, en la elección de nuestras autoridades y en la de nuestros candidatos. No debemos aceptar imposiciones que desvíen el deseo y propósito de nuestros miembros en nuestras elecciones internas.

Debemos acatar las normas de nuestros estatutos, en cuanto a que no debe existir una elección que no sea libre, informada y de obligado voto secreto.

El gobierno debe ser una propuesta del partido, pero el partido no debe ser el gobierno. El partido debe asumir su misión de fiscalizar la propuesta política que sometió a la nación y exigir el cumplimiento de su plataforma.

Debemos profundizar nuestros principios liberales y exponerlos a nuestros conciudadanos. Pero más que eso, debemos ser consecuentes con nuestra conducta liberal, que exige respeto para las personas y sus pensamientos, igualdad de oportunidades y justicia para todos.

Nuestra inspiración debe ser la sencillez y frugalidad del campesino, que votó por nosotros y que nos indica que los valores de honestidad, respeto a las normas y transparencia está en aquellos que no se equivocan en sus apreciaciones, porque usan la lógica sencilla de reconocer lo que es bueno y rechazar lo que es malo. Conocen a las culebras o corales venenosas y saben cuando el cielo presagia tempestades.

En política como en los deportes, no hay sustituto para la victoria. Podrían existir diferentes explicaciones que nos ayuden a analizar las recientes elecciones; pero las victorias morales sólo sirven para adormecer los músculos políticos. Debemos asumir la cuota de responsabilidad que nos cabe dónde perdimos y dónde ganamos y prepararnos para la próxima contienda, que no tengo duda será victoriosa para el liberalismo y las fuerzas democrática que nos puedan acompañar.

*El autor es presidente ejecutivo de Inifom


Enlaces:
El voto antidemocrático
El peligro del voto negativo  
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