Las risas iluminan sus pequeños rostros, que el trabajo había tornado cansados. Las risas son de satisfacción, la alegría que les da saber que desde ahora se integrarán a la escuela de la que la extrema pobreza los había alejado. El Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud (Cisas) integró al sistema escolar a 590 niños del municipio de León.
Además de la garantía del regreso a las aulas, los niños recibieron 500 paquetes escolares. Muchos de ellos lucían orgullosos sus mochilas cargadas, la carga que reemplaza a las del trabajo que tenían que hasta ahora realizan para ayudar a su familia. Cisas también entregó 450 pupitres y garantizó la construcción de dos aulas de clases en las comunidades de Trohilo y Marcos Amaya. Además, restauraron la escuela Miguel Larreynaga, en León.
La ejecución de este proyecto ha sido realidad gracias al Consejo Hermanamientos de Holanda-Nicaragua y la Fundación Lazos de Amistad Utrecht-León, organizaciones que aportaron 125 mil dólares.
DERECHO A LA EDUCACIÓN
Claudia Vargas, responsable del Proyecto Caminando Juntos, manifestó que el apoyo de los donantes ha beneficiado a los niños y niñas más pobres de León, ya que muchos de ellos se encuentran fuera del sistema escolar y con este apoyo los niños tienen la oportunidad y el derecho a la educación.
Los niños beneficiados son originarios de las comunidades de Goyena Sur, Goyena Norte, Abangasca Central, Abangasca Sur, Trohilo, Marcos Amaya, Los Barzones, El Porvenir, Palo de Lapa, Tololar, Monte Redondo I, II, III; Los Pocitos, Anexo la Pintora, Pintora II, 3 de Julio, La Morita y La Peineta, en León.
Vargas dijo que el proyecto ha brindado capacitaciones a los maestros de las comunidades beneficiadas, a los que se les ha dado reforzamiento metodológico y pedagógico para que cuenten con mayores herramientas y lograr la retención escolar.
La funcionaria dijo que también se ha impulsado crear una visión positiva en los niños sobre la importancia de asistir a la escuela.
“Es importante señalar que el apoyo que hemos recibido de las organizaciones nos facilita un buen funcionamiento del proyecto”, dijo Vargas.
EXTREMA POBREZA
“Hemos tenido muy buena coordinación con los padres. Los niños cada vez que reciben un par de zapatos, una mochila, cuadernos, muestran un rostro de alegría. Los padres reconocen que en estas zonas la vida es de extrema pobreza, los niños trabajan en la agricultura y son vendedores en las calles”, manifestó Vargas.
Pero para 590 niños de occidente, la historia está cambiando. La alegría de sus rostros lo demuestra: la escuela los espera para aprender.