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Eddy López
CORRESPONSAL/ LEÓN |
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Los católicos matagalpinos se desbordaron este jueves para participar masivamente en las celebraciones religiosas en honor a la Virgen de La Merced, Patrona de la Diócesis de Matagalpa.
Emilia Matus, de 75 años, vive en la comunidad indígena de Samulalí, pero cada 24 de septiembre llega a la Catedral San Pedro Apóstol de Matagalpa para participar tanto en la misa como en la procesión en homenaje a la Virgen, cuya advocación de La Merced data de más de ocho siglos.
“Esto es una fiesta y una alegría tremenda, todo el tiempo he venido, desde niña y siempre hay más gente que el año anterior, es también una gran alegría que la Virgencita de La Merced nos sigue protegiendo”, dijo Matus, mientras caminaba entre la multitud que iba en la procesión.
MONSEÑOR SOLÓRZANO: CRECE FERVOR
En tanto, el Obispo de Matagalpa, monseñor Jorge Solórzano Pérez, estima que “cada año va creciendo el fervor a la Virgen Santísima y es aún mayor en tiempos difíciles, porque la Madre siempre nos protege y nos ayuda. La Virgen de La Merced es nuestra Madre y se siente que los matagalpinos somos sus hijos, hijos de Cristo”.
“Y está demostrado en toda esta hermosa participación en el novenario en todos los barrios y también hoy (ayer) que estamos culminando con esta hermosa celebración”, señaló el jerarca católico al finalizar la misa que presidió y concelebró con todo el clero diocesano en la recién remozada Catedral.
Durante la misa, la Catedral estaba llena de feligreses, entre quienes estaban magistrados del Tribunal de Apelaciones de la Circunscripción Norte; jefes policiales y militares, miembros de distintas organizaciones no gubernamentales y de prestación de servicios, así como la mayoría de los delegados del Gobierno.
MADRE DE ESPERANZA
En su homilía, monseñor Solórzano destacó el amor maternal de la Virgen María, señalando además que “Matagalpa hoy quiere homenajearla y le hace fiesta y en este novenario de los festejos patronales, la descubrimos como Madre de esperanza que nos libra de todo mal. Es verdad, estamos necesitados de esperanza, Dios nos quiere felices, nos quiere dar el aliento y el entusiasmo necesario para levantar el ánimo y no bajar los brazos ante las dificultades y dolores que se nos presentan. No son tiempos fáciles (...)”
“(…) No puede existir la esperanza mientras exista la soberbia, la indiferencia o la aversión”, dijo el prelado.
Agregó que “el panorama actual algunas veces puede presentarnos, sin la pretensión de ser exhaustivos, a hombres y mujeres que se hallan solos, familias divididas, intereses particulares que prevalecen sobre los vínculos familiares y fraternos, ambiciones privadas impuestas por sobre el bien común. Al no sentirse amado, el hombre actual ha perdido el rumbo…”.