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Managua, 27/05/2012 0:39 PM
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Hambruna y “hambre cero”
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Como si fueran pocos los males que está sufriendo actualmente la población de Nicaragua, ahora se anuncia que está al borde de una hambruna provocada por la sequía y la pérdida o reducción de las cosechas en vastos territorios agrícolas del país. Esta hambruna, según lo que se dice, sería causada por factores naturales y por lo tanto ajenos a la voluntad humana, específicamente por El Niño, que según lo define el doctor e ingeniero peruano Arturo Rocha Felices, “es un fenómeno natural extraordinario que representa una modificación transitoria, eventualmente fuerte, y algunas veces desastrosa, del clima predominante en una parte importante del planeta”, el cual conlleva siempre fuertes sequías e inundaciones.

Sin embargo, como también explica el mencionado científico peruano, “un fenómeno natural extraordinario (como el de El Niño) no tiene que producir necesariamente un desastre, pues éste se debe a la vulnerabilidad existente manifestada como deterioro ambiental, falta de previsión en el planeamiento, diseño o construcción de las infraestructuras, al desconocimiento de la naturaleza, a la irresponsabilidad, a la falta de educación y de organización o a la pobreza, pero nada de esto implica que se trate necesariamente de un desastre natural”. Y precisa el experto internacional en el fenómeno de El Niño, que un desastre es una gran desgracia, como por ejemplo una guerra, un terremoto, una inundación o un mal gobierno.

Precisamente, a propósito del desastre y de la desgracia que significa tener que soportar un mal gobierno, cabe advertir que en Nicaragua el fenómeno natural conocido como El Niño no tiene por qué ser causa ineludible de hambruna. Si el programa gubernamental insignia de Daniel Ortega es el plan denominado como “hambre cero”, el cual se viene ejecutando desde hace dos años y medio con el cuantioso respaldo financiero que se deriva de los beneficios de la cooperación petrolera venezolana, entonces la población nicaragüense debería estar protegida contra los efectos negativos de El Niño, por lo menos en cuanto a tener asegurado el abastecimiento de los alimentos indispensables para que no haya mayor pobreza y mucho menos hambruna en el país.

Tan importante es, supuestamente, el programa gubernamental “hambre cero”, que es mencionado por representantes de la cooperación internacional, particularmente europeos, como una demostración de que si bien es cierto que el régimen de Ortega atropella los principios y normas de la gobernabilidad democrática, sin embargo también ejecuta proyectos de desarrollo social, de lucha contra el hambre y reducción de la pobreza. Por esos programas del régimen orteguista de supuesto beneficio social , así como por su promesa confidencial de tomar medidas para mejorar la confianza electoral antes de las elecciones de 2011, fue que Europa habría decidido desembolsar los 10 millones de dólares para el sector educacional, y probablemente soltaría poco a poco el resto del financiamiento que fue retenido a raíz del fraude electoral del año pasado.

Pero lo que el régimen orteguista está ejecutando en realidad es un programa de clientelismo político, para premiar con migajas a sus seguidores de la población empobrecida y captar más partidarios entre ella. Eso no es un plan de desarrollo social y humano, sino la utilización de los recursos públicos para hacer politiquería con los amplios sectores de la población nicaragüense que sufren el rigor de la pobreza extrema.

En enero de este año, después de reconocer que unos mil millones de personas sufren de hambre crónica en el mundo —cien millones más que hace dos años—, el Gobierno de España y el secretario general de la ONU llamaron a los gobiernos del mundo a unir y aportar recursos financieros “para que los agricultores más pobres del planeta puedan cultivar más alimentos y escapar de las garras de la pobreza”. Es decir, se reconoce que el eje de la lucha contra el hambre y la extrema pobreza es el microcrédito para financiar la producción y la ampliación del mercado, aparte de otras medidas igualmente importantes o complementarias.

Pero el régimen de Ortega hace todo lo contrario: sabotea el financiamiento a la producción alentando el movimiento de no pago, aumenta la in seguridad jurídica, desalienta las inversiones nacionales y extranjeras, atenta contra la economía con la amenaza de más impuestos, discrimina a amplios sectores sociales y se limita a repartir las migajas del festín gubernamental mediante planes como el “hambre cero”.

De manera que tiene razón el científico peruano Arturo Rocha. En Nicaragua el verdadero gran desastre no es el fenómeno natural de El Niño, sino el mal gobierno que sufren los nicaragüenses.

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