publicidad
Noticias | Servicios | Suplementos | Especiales | Magazine | Nicas en el Exterior | Publicidad | Contáctenos
Managua, 27/05/2012 0:38 PM
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
Cumplir en materia de cambio climático
José Manuel Barroso
El autor es Presidente de la Comisión Europea
publicidad

El cambio climático está ocurriendo más rápido de lo que creíamos hace sólo dos años atrás. Seguir como hasta ahora casi de seguro significará un cambio climático peligroso y tal vez catastrófico en el curso de este siglo, incluso tan pronto como el año 2050. Éste es el desafío más importante para la presente generación de políticos.

Ahora estoy muy preocupado por las perspectivas para la Cumbre de Copenhague. Las negociaciones están peligrosamente cerca de estancarse por el momento, y una situación así puede ir más allá de un simple bloqueo en las negociaciones que podamos arreglar el próximo año. El riesgo es que ocurra un áspero colapso, tal vez sobre la base de un profundo quiebre entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo. El mundo ahora no puede darse el lujo de un resultado desastroso.

Por lo tanto espero que cuando los líderes mundiales se reúnan al borde del abismo en Nueva York y Pittsburgh esta semana, concluyamos colectivamente que tenemos que tomar parte activa del manejo de las negociaciones a futuro.

Ahora no es tiempo de jugar póker. Ahora es tiempo de poner las ofertas sobre la mesa, ofertas que estén al borde de nuestras limitaciones políticas. Eso es exactamente lo que Europa ha hecho y seguirá haciendo.

Parte de la respuesta está en identificar lo fundamental de un potencial acuerdo que pueda llevarnos a un resultado exitoso y por ello creo que los líderes que se reunirán en Nueva York pueden marcar la diferencia.

La primera parte de un acuerdo es que todos los países desarrollados necesitan clarificar sus planes sobre las reducciones de emisiones a mediano plazo, y mostrar el liderazgo necesario, de modo que éstos vayan en línea con nuestras responsabilidades por emisiones pasadas. Si queremos alcanzar al menos una reducción del 80 por ciento para el 2050, los países desarrollados deben esforzarse para alcanzar las necesarias reducciones colectivas de 25-40 por ciento para el año 2020. La Unión Europea está preparada para ir de un 20 por ciento a un 30 por ciento si otros hacen esfuerzos comparables.

En segundo lugar, los países desarrollados deben ahora reconocer explícitamente que todos tendremos que jugar un rol significativo para ayudar a financiar las acciones de mitigación por parte de los países en vías de desarrollo. Nuestro estimado es que para el año 2020, los países en desarrollo necesitarán unos US$150 mil millones anuales para hacer frente al cambio climático. Parte de esto será financiado por los propios países en desarrollo. La mayor parte podría venir de los mercados de carbono si es que tenemos la valentía de crear un sistema global ambicioso. Pero otra parte tendrá que venir a través de flujos de financiamiento público desde países desarrollados hacia los que están en vías de desarrollo, tal vez desde US$30 a 70 mil millones anuales para el 2020. Dependiendo del resultado de las discusiones sobre carga compartida internacional, la parte que le corresponde a la UE podría ir de un 10 a un 30 por ciento, es decir, hasta US$22 mil millones anuales. En otras palabras, necesitamos estar listos para hacer una contribución significativa en el mediano plazo y también comenzar a buscar dentro del próximo año un “financiamiento inicial” de corto plazo para los países en vías de desarrollo. Espero con anticipación discutir esto con los líderes de la UE cuando nos reunamos a fines de octubre próximo.

Es así que tenemos que dar señales de nuestra disposición para hablar de financiamiento esta semana. La contrapartida es que los países en vías de desarrollo, al menos los más avanzados económicamente, tienen que ser mucho más claros sobre qué es lo que están preparados para hacer para mitigar las emisiones de carbono como parte de un acuerdo internacional. Estos países están poniendo en marcha medidas domésticas para limitar las emisiones de carbono, pero es evidente que dichos esfuerzos deben incrementarse, particularmente en el caso de los países más avanzados. Ellos sostienen comprensiblemente que la disponibilidad de financiamiento de carbono desde los países ricos es un prerrequisito para las acciones de mitigación de su parte, tal como de hecho se estableció en la pasada Cumbre de Bali. Pero el mundo desarrollado no tendrá nada que financiar si es que no hay un compromiso hacia tales acciones.

Nos quedan menos de 80 días para la Cumbre de Copenhague. Y tal como se vio en la última reunión preparatoria de Bonn el mes pasado, el borrador del texto tiene unas 250 páginas repletas de un festín de opciones alternativas y un bosque de frases entre paréntesis. De modo tal que si no llegamos a un acuerdo, este documento corre el riesgo de convertirse en la nota suicida más larga y global de la historia.

Esta semana en Nueva York y Pittsburgh promete ser decidora, porque revelará qué tan preparados están los líderes globales para invertir en estas negociaciones y empujar hacia un resultado exitoso. La opción es simple: sin dinero, no hay acuerdo. ¡Pero si no hay acciones, no hay dinero!

Copenhague probablemente sea la última oportunidad para cambiar colectivamente la trayectoria de las emisiones de modo tal de lograr que el calentamiento global no supere los 2 grados Celsius. Así que la pelea comienza esta semana en Nueva York.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda