Honduras se encontraba ayer bajo un clima de alta tensión agudizado por el prolongado toque de queda impuesto por el gobernante de facto Roberto Micheletti, y la incertidumbre de qué sucederá en el país tras el retorno del depuesto mandatario Manuel Zelaya. No obstante, los ojos del mundo estaban puestos sobre la embajada de Brasil en Tegucigalpa, cercada por la guardia hondureña y donde se temía un allanamiento.
La situación más tensa se vivía en las calles de la colonia Palmira de Tegucigalpa, donde se sitúa la sede diplomática brasileña, convertida desde el lunes en el refugio de Zelaya, su esposa Xiomara Castro y algunos funcionarios de su gobierno.
Palmira fue el escenario al amanecer de este martes de un violento desalojo ejecutado por las fuerzas antimotines contra cientos de zelayistas que desafiaron el toque de queda para respaldar al depuesto gobernante.
En las calles de Tegucigalpa muchas personas violaban el toque de queda acudiendo a tiendas de abasto para comprar alimentos en caso de que se prolongue la crisis. En los hospitales públicos fueron atendidos decenas de zelayistas que resultaron lesionados en la represión.
Uno que otro vehículo circulaba por calles y avenidas en medio de un fuerte despliegue de policías y militares, quienes se mostraban indiferentes ante las violaciones del toque de queda por parte de la población.
La morgue confirmó que en la jornada no hubo “levantamiento” de cadáveres.
VARIOS DISTURBIOS
En la subida al cerro El Picacho, cerca de la residencia de la embajada de Estados Unidos, simpatizantes de Zelaya bloquearon la calle quemando neumáticos, pero se replegaron por las bombas lacrimógenas que les lanzó la Policía, constató un periodista de la AFP.
El Canal 36 también informó de disturbios en la colonia Kennedy, un barrio de clase trabajadora, al este de la ciudad.
EMBAJADA CERCADA
Las calles cercanas a la embajada de Brasil, donde se halla refugiado Zelaya con decenas de personas, están bloqueadas por militares y policías antimotines, que niegan el paso incluso a la prensa y la Cruz Roja.
Ayer, el portavoz del Departamento de Estados de los Estados Unidos, Ian Kelly, declaró que el personal diplomático estadounidense en Tegucigalpa buscaba cómo ayudar a la embajada brasileña, sin agua ni electricidad y asediada por la Policía.
“Estamos al corriente de la situación, obviamente. Nuestra embajada en Tegucigalpa está en contacto con sus homólogos en la embajada brasileña. Y estamos discutiendo qué clase de ayuda podemos suministrar”, explicó el portavoz.
La embajada estadounidense está cerrada, detalló Kelly, pero su personal “sigue muy activo para intentar calmar la situación”, explicó.
En la legación brasileña, que aceptó albergar a Zelaya tras su retorno clandestino a Honduras el lunes, la situación era “caótica”, según explicaron personas en su interior a la AFP.
EVACUACIÓN VOLUNTARIA
Por la tarde, unas 85 personas, en su mayoría mujeres y niños, abandonaron la embajada brasileña. Autobuses y camionetas enviadas por la embajada de Estados Unidos y la Fiscalía hondureña las recogieron frente a las instalaciones para trasladarlas a sus hogares. Según versiones de prensa, alrededor de 300 personas habían logrado entrar a la delegación diplomática en busca de refugio durante el violento desalojo policial.
Por la tarde, la AP constató que un vehículo de Naciones Unidas entregó “hot-dogs” a los partidarios de Zelaya y empleados de la embajada de Brasil.
UNA NOTA “IMPERTINENTE E INADECUADA”
El presidente de facto dijo ayer que respetará la sede brasileña “si Brasil nos entrega a Zelaya o se lo lleva a esa nación sudamericana”. No quiso contestar qué haría si no ocurre ninguno de los dos escenarios y se limitó a decir: “Reflexionamos intensamente sobre el tema”.
El canciller brasileño Celso Amorim dijo en Nueva York que el Gobierno de Micheletti envió la víspera a la embajada brasileña una nota “impertinente e inadecuada” diciendo que cercaría las instalaciones diplomáticas.
Amorim se mostró confiado en que “no habrá un ataque a la embajada brasileña. Eso sería una prueba de brutalidad... no habrá tolerancia para esta situación, queremos una solución pacífica”, señaló.
Policías y soldados encapuchados mantienen un anillo de seguridad en un perímetro de cinco kilómetros alrededor de la embajada brasileña.