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Managua, 27/05/2012 0:38 PM
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Honduras después del regreso de Zelaya
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El ex Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, logró volver clandestinamente a Honduras el lunes de esta semana, después de dos fallidos intentos anteriores, uno de los cuales fue por la frontera con Nicaragua. Pero el singular regreso de Zelaya a Honduras no significa que él en lo personal y quienes lo apoyan a nivel internacional, han vencido al gobierno provisional democrático hondureño, puesto que al menos por ahora no han recuperado el poder. Lo peligroso es que Zelaya ha regresado a Honduras para refugiarse en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa y desde allí tratar de derrocar al gobierno de Micheletti.

De todas maneras, no se puede negar que el regreso a Honduras de Manuel Zelaya, quien está acusado por 18 delitos políticos y comunes, significa un triunfo propagandístico para él y sobre todo para el autoritario gobernante de Venezuela, Hugo Chávez, cuya imagen internacional fue bastante lastimada por la destitución de su aliado hondureño y los fracasos anteriores de la estrategia para lograr que Zelaya regresara a Honduras con el objetivo de recuperar el poder presidencial.

Sin duda que el mérito del plan para introducir clandestinamente a Zelaya en Honduras y atrincherarlo en la Embajada de Brasil es de Hugo Chávez, el líder del Alba que trata de impulsar su proyecto de dominación neocomunista en América Latina. Sin embargo, el plan fue ejecutado con la cooperación necesaria (como se le llama ahora a la complicidad) de otros gobernantes afines a Chávez. Inclusive se sospecha de la complicidad de Estados Unidos, cuya Secretaria de Estado, Hillary Clinton, se aprestaba a reunirse con el Presidente de Costa Rica para reactivar el adormecido plan Arias para la solución del conflicto hondureño, cuando se conoció la noticia de que Zelaya se había logrado introducir en Honduras .

Pero ¿qué sentido tiene que la comunidad internacional de gobernantes siga exigiendo la restauración de Manuel Zelaya en la Presidencia de Honduras, si apenas faltan 68 días para las elecciones del 29 de noviembre próximo y 129 para el cambio de gobierno, el 29 de enero del año entrante? La explicación es que, por un lado, los gobernantes democráticos consideran que restaurar a Zelaya en el poder es una cuestión de principios, porque fue elegido en elecciones libres y limpias y por lo tanto debe cumplir su período como sea. A esos gobernantes no les importan los desmanes que Zelaya estaba cometiendo en el poder presidencial, que violara la Constitución, que avasallara a las instituciones del Estado, que atropellara el principio democrático básico de la separación y control recíproco de los poderes estatales, que despilfarrara los recursos económicos de un pueblo clasificado como uno de los más pobres del hemisferio occidental, que subordinara el país a un gobernante extranjero, Hugo Chávez, y lo convirtiera en peón de su estrategia de dominación regional, etc. Lo único importante, para esos gobernantes democráticos claudicantes, como el de Estados Unidos, es que Zelaya fue elegido mediante una votación popular, y punto.

Por otra parte, lo que pretenden Hugo Chávez, Fidel y Raúl Castro, Daniel Ortega y demás gobernantes del Alba, no es restaurar a Manuel Zelaya en la Presidencia de Honduras para que la entregue al poco tiempo, a quien gane las elecciones del 29 de noviembre. Su propósito es que como consecuencia del caos —o “situación revolucionaria”, como ellos lo llaman— causado por el regreso de Zelaya a Honduras, se produzca una insurrección, una invasión armada y la desmoralización de las fuerzas democráticas. E inmediatamente después de la restauración de Manuel Zelaya en el poder, se anularía la convocatoria a elecciones regulares y se llamaría a una constituyente para redactar una nueva Constitución y proclamar el régimen del poder popular, bajo las condiciones y reglas impuestas por el zelayismo.

En realidad, la única solución democrática de la crisis de Honduras radica en la celebración de las elecciones libres del 29 de noviembre, y la posterior aceptación inmediata o paulatina de sus resultados por parte de la comunidad internacional. Zelaya sólo podría lograr su objetivo de imponer un régimen autoritario en Honduras, si el gobierno constitucional de Roberto Micheletti y las fuerzas democráticas que lo sostienen claudicaran y permitieran que su país cayera en la misma desgracia en la que ha caído Nicaragua. Y la verdad es que cuesta creer que eso pueda ocurrir, pues no tendría sentido que los demócratas hondureños hicieran todo lo que han hecho hasta ahora, para venir a derrumbarse a estas alturas de la crisis.

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