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Managua, 27/05/2012 0:36 PM
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La posición de Brasil
Flávio Helmold Macieira
El autor es Embajador de Brasil en Nicaragua
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En la edición del día 09 de septiembre, este prestigioso Diario publicó el artículo “Brasil y los ‘paisitos’”, de autoría del periodista uruguayo Danilo Arbilla — ex Presidente de la SIP y ex censor de prensa diaria, en la época de la dictadura militar uruguaya—. El artículo en cuestión destaca una frase atribuida al Presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva. Lamentablemente, el autor no se preocupa en revelar detalles sobre la ocasión y el contexto en que esa frase habría sido formulada. En el desarrollo de su artículo, hace sorprendentes alusiones negativas al “sueño imperial brasileño” que juzga ser “una realidad innegable y una amenaza latente”. Entre otros comentarios anti-brasileños, el autor reúne acusaciones —sin ningún apoyo en informaciones o análisis— relativas a negociaciones comerciales del Brasil con algunos de los países hermanos que le hacen frontera. Sustenta, por otro lado, que el ascenso del señor presidente Chávez a una posición preeminente en el escenario regional, sería motivado, en parte, a cierto sentimiento contrario a una supuesta “supremacía del Brasil” en ese escenario.

El derecho a la expresión, en el régimen democrático, es sagrado, y en ese sentido, la publicación de ese artículo (que parece buscar deliberadamente la creación de divisiones en la familia latinoamericana, dando publicidad a ideas pre-conceptuales e injustas) tienen el mérito de establecer un momento dialéctico, siempre y cuando el público lector reciba informaciones más completas sobre la temática abordada por el autor. Es con ese espíritu de proporcionar elementos de análisis a todo aquél que se interese por la temática de las relaciones interestatales suramericanas y de la inserción brasileña en el marco regional, que hago las siguientes observaciones:

1) Históricamente, Brasil fue el primer país en defender el principio de un voto por país, en los grandes foros internacionales. Ese principio se vio amenazado en la Conferencia de Paz de La Haya, a inicio del siglo XX cuando los países poderosos de la época intentaban atribuir “valores” a los votos nacionales por criterio de supuesta importancia de los países. En la ocasión, Brasil defendió, con éxito, el principio de la igualdad jurídica y soberana entre los estados, posteriormente adoptado por la Liga de las Naciones, por la Organización de las Naciones Unidas, y por todos los foros democráticos internacionales.

2) Hace más de cien años, las fronteras del Brasil son fronteras de paz. Desde la fundación de la ALALC, de su transformación en ALADI, y desde el lanzamiento de los proyectos Mercosur y Unasur, se vienen tornando, cada vez más, fronteras abiertas al comercio, a la cooperación, y al aprendizaje de una vida en común, con los países vecinos, que enriquece cultural y económicamente toda la región.

3) Los procesos de integración, en la región, cuentan con el apoyo democrático de los parlamentos nacionales de los países involucrados, y de la opinión pública de esos países, resguardados, obviamente, los derechos de expresión de ciudadanos u organizaciones que puedan, en clima democrático, alimentar críticas a esos proyectos.

4) Es sabido, que en países miembros del Mercosur sectores minoritarios se posicionan críticamente sobre la integración regional. A veces lo hacen por divergencias políticas con los grupos que detentan democráticamente el poder, y se benefician de las ganancias en popularidad generados por la integración. Otras veces lo hacen movidos por la nostalgia de una asociación privilegiada e incondicional con poderes económicos externos a la región, los cuales, en el curso de la Historia, nunca exhibieron disposición efectiva de colaborar con el crecimiento y la emancipación productiva de las economías del continente suramericano. Esas críticas deben ser sometidas a un público y democrático debate para una correcta información de la opinión pública.

5) El origen operario del presidente Lula da Silva, lejos de constituir un hecho despreciable, constituye la garantía de su capacidad de establecer el puente entre el capital y el trabajo, llave de la promoción del crecimiento económico brasileño, estimulador, en gran medida, del crecimiento de los demás países suramericanos.

6) El presidente Lula da Silva, por sus actos en el Gobierno, y por su trayectoria política ha comprobado una disposición constante de generosidad, de fraternidad y de profundo respeto para con cada país socio del Brasil en la gran aventura de la construcción de un sistema regional que respete la individualidad y los derechos de todos, y promueva, como objetivo mayor, el bienestar de nuestras poblaciones. Ésa es la orientación de su gobierno, tantas veces reafirmada y tan tenazmente aplicada a la práctica. Su insistencia en una gestión interna generosa y abierta, en la búsqueda de la integración entre los pueblos suramericanos, puede desagradar a sectores minoritarios ultraconservadores de la región. Pero han sido muy bien comprendidas por las élites más ilustres y emprendedoras del continente, que comparten el deseo de fraternidad y de construcción de un futuro común de paz, respeto y progreso.

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