Enardecidos y decididos a hacer justicia con sus propias manos se encontraban ayer varios familiares de Jerling Marcela Morales Potosme, de 18 años, quien perdió la vida al ser alcanzada por una bala que no se sabe de dónde vino.
El incidente ocurrió a las 7:30 a.m. del domingo, cuando ella medio se asomó desde la puerta de su casa a la casa vecina de sus cuñadas para indicarles que les estaba agarrando la tarde para ir a la clase de computación.
“De pronto se escuchó un ruido, feo como hueco y vimos que se desplomó, no sabíamos de qué se trataba y comenzó a convulsionar”, dijo entre sollozos su cuñada Marlene Moraga.
Familiares de la joven relataron que le vieron sangre en la cabeza y pensaban que era por el golpe al caer al suelo, la llevaron al hospital Roberto Calderón y la trasladaron al Lenín Fonseca.
PROYECTIL EN SU CABEZA
Ahí los galenos con exámenes especiales indicaron que tenía un proyectil alojado en la cabeza y murió como a la 1:00 p.m. del domingo.
Los familiares dijeron que en el hospital los médicos refirieron que le tomarían a la joven una tomografía, pero hasta las 2:00 p.m. que se restableciera el servicio de energía eléctrica, porque en ese momento estaban trabajando con una planta eléctrica.
Otro pariente refirió que los especialistas ya les habían informado que aunque la operaran su condición era con pronóstico reservado.
En el Distrito Cinco de Policía se encuentra la denuncia realizada por Jader Moraga, quien indica que habitan en la comarca San Antonio Sur y que su esposa tenía el impacto de bala calibre 22 en el lado derecho de la cabeza. Tenían cinco años de casados y procrearon un niño de 2 años.
La Guardia Operativa ayer por la mañana realizó varios allanamientos en las fincas cercanas y colindantes con la casa donde ocurrió la tragedia, debido a que la familia y otros pobladores aseguran que los cuidadores de dichas fincas se mantienen armados y disparan al aire para espantar a ladrones de plátanos o ganado.