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Managua, 27/05/2012 -1:45 PM
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Los pactos en Nicaragua
Magdalena de Rodríguez
La autora es profesora
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El 12 de septiembre de 1856 firmaron un pacto los generales Tomás Martínez y Máximo Jerez, que puso fin políticamente a la Guerra Nacional. Adversarios irreconciliables: Martínez, conservador; Jerez, liberal, había el último de acuerdo con sus seguidores contratado a William Walker con norteamericanos mercenarios a fin de vencer a Martínez y a los suyos en la contienda intestina que mantenían ambos por el poder. Desde 1854 Walker se apodera de Nicaragua no como soldado a sueldo, sino como dueño. Se proclama presidente de la República y ayudado por la superioridad de sus armas y su innegable talento estratégico piensa hacer de toda la región centroamericana una colonia gringa; realizar el sueño del incipiente “destino manifiesto” alentado por el naciente imperio norteamericano. Impidieron este sueño inicuo la valentía y el arrojo patriótico de los nicaragüenses y la ayuda de todos los gobiernos centroamericanos que enviaron tropas de refuerzo a Nicaragua para expulsar a los invasores porque conocieron las intenciones nada secretas de Walker, de apoderarse por la fuerza de todo el istmo. La gran beneficiada de todo este episodio sangriento de nuestra historia fue Costa Rica, porque Nicaragua por gratitud y simpleza política tuvo que cederle el Guanacaste, extenso territorio sur del país y más tarde derechos de navegación por el río San Juan, decisión que tantos sinsabores, gastos y desdoro de nuestra soberanía nos ha ocasionado y que continuará dándonos en el futuro ante el fallo reciente emitido por el Tribunal Internacional de La Haya que nos ha dejado insatisfechos.

Pero bien, el Pacto Martínez-Jerez fue patriótico, oportuno y beneficioso para el país. Trajo el gobierno conjunto de los otrora enemigos, llamado Gobierno Chachagua, y abrió el camino al período de los 30 años de paz y bonanza para nuestro sufrido país (1860-1893).

Nicaragua ha vivido los 188 años, desde su independencia de España (1821), entre la guerra y la dictadura, entre la dictadura y el pacto, no siempre beneficioso para todos. Los pactos no deben satanizarse, son buenos como medios políticos de alcanzar estabilidad social y gobernabilidad, porque no son sino acuerdos entre dos fuerzas, una más poderosa que la otra donde ambas ganan el equivalente de lo que pierden. Sólo cuando una de las partes incumple o pretende o logra sacar excesivas ventajas sobre la otra en detrimento de los derechos y libertades de la contraparte, sobreviene el descontento, la dictadura, la tiranía y aún la guerra.

Son 14 los pactos habidos en Nicaragua. Aquí expondré los cuatro más importantes a mi modesto juicio.

En las postrimerías de los gobiernos conservadores luego de la caída de la dictadura de 16 años de Zelaya (1893-1909) de 17 años (1910-1927), en 1924 hubo un pacto libero-conservador que produjo la llamada “transacción”, no pacto, que produjo otro gobierno chachagua; Carlos Solórzano, presidente con el doctor Juan Bautista Sacasa como virtual vicepresidente. El llamado “Lomazo” dado por el General Emiliano Chamorro en octubre de 1926 contra su correligionario Carlos Solórzano y la negativa de admitir que el liberal Sacasa asumiera la presidencia trajo la guerra entre ambos partidos, llamada Revolución Constitucionalista. Este episodio, “El Lomazo”, a la postre acabó con los gobiernos conservadores.

En 1950 se produce el “Pacto de los Generales” entre el propio general Emiliano Chamorro y el general Anastasio Somoza García. Criticado por muchos conservadores ortodoxos, pero en realidad beneficioso para el país. Pudo haber contenido a Somoza en sus pretensiones reeleccionistas si todos los conservadores y los opositores no conservadores a Somoza lo hubieran aceptado y apoyado. Somoza, viendo la impopularidad del pacto, lo rompió y acometió la reforma constitucional que le abría las puertas a la reelección. El pacto prohibía ambas cosas, y la violación por parte de Somoza le acarreó en 1956 su propio ajusticiamiento en León (21/9/56).

El pacto libero-conservador Somoza Debayle-Agüero Rocha 1971 llamado burlonamente Kupia-Kumi. Criticado por muchos, satanizado por los ortodoxos, no era realmente perverso. La oposición perseguida y anulada, luego del ajusticiamiento del viejo Somoza por los rencorosos hijos del dictador, retomó para sí la Ley de minorías 20 escaños de los 60 que componían la Cámara de Diputados (el sistema parlamentario, era bicameral entonces) y otra minoría proporcional en el Senado. A falta de la unidad conservadora, el doctor Fernando Agüero llamó a representar a la oposición en el Congreso a jóvenes liberales partidarios suyos que se organizaron y figuraron como Liberalismo Auténtico. Fue una apertura que nadie quiso ver, hasta 1979, año de la caída de la dictadura somocista por la Revolución Popular encabezada por el Frente Sandinista.

Pero el pacto verdaderamente infame ha sido el Alemán-Ortega (1999). La reforma constitucional acordada entre el entonces presidente Arnoldo Alemán y el comandante Daniel Ortega no fue sino la culminación del pacto iniciado desde los primeros días del gobierno PLC de Alemán. Cuando Alemán asume la presidencia en 1997, el FSLN vive su peor momento. Se le han separado sus mejores talentos encabezados por el ex vicepresidente doctor Sergio Ramírez Mercado, la ex guerrillera comandante Dora María Téllez y tantos otros. La Policía y el Ejército se nacionalizan y profesionalizan por ley y voluntad manifiesta, es decir dejan de ser órganos del FSLN.

El doctor Alemán no tenía derecho ni razón para pactar con Daniel Ortega. Podía haber resistido las asonadas que el Frente Sandinista orquestó durante su mandato, mucho más débiles que las montadas contra el Gobierno de doña Violeta de Chamorro. Dio todo lo que dio sin pedir el vuelto como se dice, porque quiso, porque su ambición de poder y de riqueza lo cegó hasta el extremo de olvidar todo sentido de patria, todo honor, toda dignidad de hombre y de político.

Las reformas constitucionales bajando el porcentaje de votos del 45 por ciento al 35 por ciento para optar al cargo presidencial significan entregar en bandeja de oro el poder a Daniel Ortega. Un obrero esteliano me dijo cuando se discutía y aprobaba esta reforma CN: “El doctor Alemán está alentando a la serpiente”, en alusión a la parábola del cardenal Miguel Obando en el oficio religioso de unos días antes de las elecciones presidenciales del 96 y la que tanto contribuyó al triunfo del doctor Arnoldo Alemán. Los pactos no son malos en sí. Depende del espíritu de los pactistas.

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