Un panorama desolador

El panorama de la economía nacional que la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo (Funides) ha descrito en su informe correspondiente al tercer trimestre de este año, presentado el miércoles de esta semana, no podía ser más desolador. Es una situación de crisis cuyos efectos dañinos y perturbadores están sintiendo todos los nicaragüenses, salvo los pocos que forman parte de la nueva oligarquía orteguista y los pequeños grupos populares beneficiados por el clientelismo gubernamental.

De acuerdo con el informe de Funides que retrata la realidad económica de Nicaragua, bajo el régimen de Daniel Ortega y el FSLN el país está regresando a los niveles de los años ochenta. Pero en aquel tiempo tenían la justificación, o el pretexto, de que el desastre económico se debía a la guerra contrarrevolucionaria y la “agresión imperialista”. Ahora no tienen justificación, ni pretexto. Está completamente claro que la crisis se debe al modelo de economía que tratan de imponer Ortega y su partido, el cual es irracional, inviable, contrario a las leyes económicas objetivas. Y en consecuencia, lo que produce ese modelo es crisis, regresión, aumento del desempleo y la pobreza.

Según el director de Funides, el economista independiente Mario Arana, la única buena noticia “es que la economía ya está tocando fondo, es decir, ya no puede seguir cayendo más (…), lo cual no necesariamente se expresará en el crecimiento de la economía”. O sea que la crisis puede permanecer en estado de putrefacción quién sabe por cuánto tiempo.

Ahora bien, aunque os datos principales del informe de Funides fueron publicados ayer en LA PRENSA y otros medios informativos, es importante hacer un resumen de ellos, para los que no pudieron leerlos y porque es necesario retenerlos en la mente:

1. El país está en “recesión” económica. 2. Hay un enorme déficit en el gasto público y muy poca o ninguna posibilidad de financiarlo. 3. La negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), para tener acceso a algunos de sus créditos, es muy complicada. 4. De 200 mil a 270 mil nicaragüenses son ahora más pobres que antes de que Ortega retomara el poder. 5. Este año el crecimiento de la economía y el PIB por habitante caerán a menos 3.5 por ciento. 6. Entre 110 mil y 190 mil trabajadores más irán al desempleo, de aquí al 2011. 7. Las zonas francas industriales, que ya entre enero y mayo del año pasado no habían crecido, en el mismo período de este año decrecieron en 6.6 por ciento y el empleo en ellas disminuyó en 21.7 por ciento. 8. El financiamiento externo al sector privado bajó en alrededor de 360 millones de dólares, durante el primer semestre de este año, en relación con el mismo lapso del año pasado. 9. El valor de las exportaciones se redujo en 93.5 millones. Y, para qué seguir contando.

Lógicamente, el gobierno de Daniel Ortega no quiere aplicar las medidas antirrecesivas y anticrisis que se están implementando en otros países que son gobernados por gente sensata y responsable. Es decir: mejorar el clima de negocios, atraer más inversiones privadas, reducir el gasto estatal innecesario, aumentar la inversión pública productiva, reducir impuestos y ensanchar la base de contribuyentes, mejorar el clima de negocios y otras del mismo tenor. Por el contrario, Ortega intensifica su discurso agresivo y se empeña en imponer una reforma tributaria que vendrá a agravar la crisis y provocará un estado de calamidad económica y social, como lo advierten a tiempo los economistas y empresarios privados independientes.

Es muy difícil creer, entonces, que la situación económica y social del país no pueda ser todavía peor que ahora. La verdad es que a menos que en enero del 2012 se produzca un cambio de Gobierno y las riendas de la economía nacional las tomen personas responsables, capacitadas y demócratas, la crisis seguirá empeorando hasta hacer de Nicaragua un Estado fallido y un país parásito, sin libertad y absolutamente dependiente de la caridad pública internacional.

Esto se podría evitar sólo si Daniel Ortega rectificara dramáticamente su estrategia de gobierno, si reconociera el fraude electoral y corrigiera sus espurios efectos, si fomentara un clima de libertad, tolerancia y tranquilidad nacional, si incentivara la inversión privada extranjera y estimulara la inversión y el gasto privado interno. Pero es obvio que eso no cabe en la mente de quienes se han adueñado del poder y quieren quedarse con éste para siempre, o al menos hasta que terminen de desbaratar el país y no quede nada para sacarle provecho personal, familiar y partidista.

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