Propaganda
Hay una notable diferencia entre propaganda y periodismo. Y no es malo hacer propaganda, lo malo es que nos creamos que eso es periodismo, cuando en realidad es todo lo contrario. Hubo tiempos en Nicaragua que las fronteras entre uno y otro estaban desdibujadas, porque la sociedad misma estaba enfrentada en una lucha que llegaba incluso a las armas. Así había periodistas somocistas y antisomocistas, primero y periodistas sandinistas y antisandinistas, luego. No había en estos tiempos posibilidades para el periodismo profesional.
Periodismo profesional
Sin embargo, luego los tiempos cambiaron. La sociedad comenzó a reconciliarse y en nuestro gremio se empezó a estimular el periodismo profesional contra aquellas prácticas propagandísticas que antes enarbolábamos como periodismo. Algunos colegas, muy bien intencionados, pero educados durante años en esta práctica, insistían en la “agitación y propaganda” y se les veía entonces como dinosaurios. Parecía que el cambio, para bien de la sociedad nicaragüense, era irreversible. Parecía…
Sí se puede
¿Por qué el Canal 4, por qué LA PRENSA, por qué El Nuevo Diario, por qué Canal 2 o cualquier otro medio no podría hacer periodismo, sin apellido, desde sus propias formas de concebir el mundo? Claro que se puede y hay algunos buenos ejemplos de ello. Y al final, contribuimos más, incluso a las causas con las que simpatizamos, si quienes nos leen, oyen o ven, tienen por más creíbles y equilibradas la información que brindamos.
Apellidos
Por eso se me paran los pelos cuando escucho a unos colegas decir en estos tiempos que su pluma está al servicio de un partido. Y hablan de una guerra imaginaria. Y colocan a todos los que no están con ellos como soldados del bando contrario. Y a los que sólo somos periodistas insisten en ponernos un apellido, posiblemente para justificar el apellido que ellos mismos cargan sobre sus espaldas.
Marcas
Pero, la verdad, yo no creo que todos los que llegaron al Foro de Periodistas Sandinistas, celebrado recientemente, lo hayan hecho de buena gana. Es la misma situación de los empleados públicos que reciben su carné de militantes en ceremonias públicas, o la de aquéllos que son enviados a “rotondear” cargando a desgano una bandera que los avergüenza. Estos apellidos, dirán unos, “quemadas”, dirán otros, nacen de la necesidad del Frente Sandinista de marcar a su gente para que en el futuro no tengan, según ellos, posibilidades de ser desleales. Se trata de ponerles la bandera, la camiseta, el apellido y mostrarlos en cámara para disminuirles, como dije, las posibilidades de volver a ser periodistas.
Pandillas
Estas prácticas son muy similares, guardando las distancias, a las marcas que hacen las maras. ¿Por qué creen ustedes que los mareros llevan tatuajes que los identifican como Salvatrucha o M18 en los lugares más visibles de su cuerpo? Para que nunca dejen de serlo, aunque estén arrepentidos. Y a pesar de lo ilógico y contraproducente que nos pueda parecer a nosotros esas marcas, a ellos se les exige como un gesto de lealtad y se ha diseñado una especie de culto, que lleva a muchos a asumir con devoción esas marcas que los condenan. Y por eso resulta muy común ver, al igual que algunos de los periodistas sandinistas, decir a los mareros: “Soy Mara Salvatrucha ¿y qué? ¿y queeeé?”.