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Managua, 27/05/2012 -1:35 PM
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Conflictos en juntas directivas de empresas y organismos
Víctor R. Delgado Cáceres
El autor es economista financiero y empresario privado
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Algunas empresas llegan a padecer de un grave mal que las puede llevar a enfrentar serias crisis, amenazando inclusive su supervivencia. Este grave mal es la falta de gobernabilidad en las juntas directivas, que por lo general expresa las luchas de poder que terminan dañando a la organización. Si toma el control un grupo diferente, cambia la estrategia de la organización, las prioridades, los objetivos, el clima organizacional y hasta el estado de ánimo del personal. En otras palabras, la empresa se ve sometida a un estrés que se calma sólo cuando el conflicto se resuelve. Las cosas pueden mejorar cuando otro grupo toma el control, no obstante las organizaciones pasan por un proceso de desgaste, pérdida de credibilidad por parte de clientes, proveedores y de los mismos empleados.

Estos conflictos en las juntas directivas son los más importantes y críticos en las empresas y organizaciones, más que las alzas en los costos de producción, la inflación, una huelga o la aparición de fuertes competidores con nuevos productos o servicios. Por lo general los problemas de gobernabilidad no se estudian en las escuelas de negocios o de administración de empresas. La solución del conflicto requiere de mucha habilidad o capacidad de negociación para que los socios, asociados o condueños salgan airosos de la crisis de gobernabilidad.

El caso más reciente que ha sido conocido a través de los medios de comunicación es el de la junta directiva de Acodep, un organismo no gubernamental (ONG) que es intermediario financiero, en otros tiempos de los más prósperos y de más rápido crecimiento. Esta situación seguramente ha afectado a los clientes que requieren financiamiento, a los acreedores que necesitan el pago de sus préstamos, a los empleados que se van quedando en el desempleo, en la medida que la crisis pasa de ser organizacional a financiera. En otras palabras termina teniendo un impacto social en la población y en los empleados. Pasa de ser un pleito entre unas 10 personas a afectar a miles de personas.

Estos conflictos de gobernabilidad terminan según la experiencia de la manera siguiente:

Primera situación. El grupo de poder que ve amenazada su posición restablece su control por la compra de acciones, retomando la mayoría. Algunos que han vivido la historia financiera recuerdan que al doctor Eduardo Montealegre Callejas, en los años sesenta, lo quisieron desplazar de la presidencia del Banic con unas acciones que la Cervecería Victoria tenía en dicho banco. El doctor Montealegre compró las acciones de la Cervecería y logró mantener la presidencia del banco, derrotando a sus contrincantes.

Segunda situación. El conflicto se resuelve desde afuera. Otra empresa interviene y compra a la empresa cuya junta directiva está en conflicto o crisis. Con esto se le da fin al conflicto y los socios logran salvar algo de lo que queda.

Un caso que puede ilustrar esta situación es la compra del Banco del Campo por parte de una financiera de Guatemala, que lo convirtió en el Banco del Sur, de poca grata recordación, pues quebró de forma fraudulenta.

Otro caso reciente (de hace unos tres años) es el de la Universidad Americana (UAM), cuyos directivos se enfrascaron en un serio conflicto de poder, cambiando de directiva, conforme a las resoluciones del Ministerio de Gobernación y creando incertidumbre en la comunidad estudiantil. Finalmente una corporación nicaragüense compró la universidad y el problema se terminó.

Tercera situación. En esta situación por la terquedad de las partes en conflicto, la empresa, organización o institución se destruye, se liquida y desaparece. Este tipo de casos es de los que más abunda en la historia empresarial del país. Obedece al pensamiento destructivo del todo o nada, de mejor perdemos todo, pero que no les quede nada a los otros.

Un caso que puede ilustrar esta forma de resolución del conflicto es el de Induquinisa, empresa que en los años 70 producía alcohol industrial, situada en la Carretera Vieja a León. De ella sólo quedan las ruinas de lo que en un tiempo fue una empresa próspera.

Los organismos financieros internacionales cuando evalúan solicitudes de financiamiento lo primero que averiguan es sobre la gobernabilidad del solicitante, si hay estabilidad entonces pasan a considerar otros aspectos. Pero si hay crisis de gobernabilidad entonces de entrada rechazan cualquier solicitud. Pero no sólo ellos, sino también los proveedores de mercaderías y de fondos nacionales.

En las empresas familiares las crisis se originan en disputas de otra naturaleza y terminan afectando a la micro o pequeña empresa, un divorcio puede llevar a la quiebra a estas empresas. Si se separan los cónyuges por ejemplo y cada quien se lleva una parte de los equipos, prácticamente la empresa familiar quiebra y la familia se queda sin empleo.

Los problemas de gobernabilidad se originan por las debilidades humanas (los frutos de la carne diría San Pablo) y la falta de institucionalización de las empresas y organizaciones, cuando no se respetan las políticas, las normas y los procedimientos de control interno. Estas debilidades humanas son: la ambición, la soberbia, la avaricia, las ansias de poder, el orgullo, la envidia, el egoísmo y el deseo de figurar.

Por esa razón en Nicaragua no florecen más que las empresas familiares y de grupos. No hay empresas de muchos socios y no se transan sus acciones en la bolsa de valores. Esto constituye un gran obstáculo para el desarrollo empresarial de nuestro país.

La falta de gobernabilidad en un país es más grave que en las empresas o asociaciones, ya que cuando un Gobierno pierde legitimidad, se afecta gravemente la convivencia social, la política y la economía. No puede haber crecimiento económico, ni creación de empleos, ni buena salud, ni educación, ni felicidad para sus ciudadanos, sin un Gobierno estable y de consenso.

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