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Managua, 27/05/2012 -1:33 PM
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Aprendiendo a vivir sin rencores
Rosa María Vivas Moncada
La autora es licenciada en Psicología, con Postgrado en Mercadeo.
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Una de las situaciones que más llama la atención es que si observa a su alrededor reconocerá que en un gran sector de la sociedad nicaragüense —desgraciadamente el más voluminoso y económicamente más desposeído— está experimentando una fuga de capital intelectual, la simiente de una nación próspera y desarrollada. Estas mentes brillantes —de distintos rangos de edades, con diversos talentos y niveles de genialidad— que aún no han sido contaminadas por la retórica de odio disfrazada de reconciliación y la trampa que ésta implica se han abandonado por dos caminos: primero, si las condiciones y los recursos se lo permiten alzar el vuelo y crear fortuna en otro país que sí decidió darle la oportunidad de invertir su patrimonio de ideas o; segundo, aceptar muy a su pesar y en oposición a sus ideales, las reglas del juego por la siempre tramposa necesidad sometiéndose a las disposiciones y caprichos de los que ostentan el poder. Aquí se debe cargar con una mochila muy pesada de resentimientos antiimperialistas, filosofía del desprecio al progreso si otro no lo tiene primero, entre otras utopías huecas.

Para ilustrar mejor este artículo citaré: Países que en el pasado eran considerados inferiores hoy gozan de economías pujantes —véase los casos del tigre asiático o el gigante celta— porque dejaron a un lado las ideas románticas de añejar rencores por quienes abusaron de ellos y decidieron romper con las cadenas que los ataron al pasado y creer en lo que en verdad iba a generarles el éxito financiero y el desarrollo: el capital intelectual, social y administración de redes.

Dejaron de revictimizarse por los crímenes de la colonización, la discriminación, la persecución de la guerra para despojarse de sentimientos como la ira, el rechazo y la inferioridad. Los cuales pertenecieron a una generación que con toda justicia debió experimentarlos.

Y ahí está la clave, no se puede seguir regodeándose en nuestro propio sufrimiento amparándose en los recuerdos; pero tampoco esto debe permitirnos olvidar los errores del pasado. Ya es hora que los dictadorzuelos dejen, de una buena vez, de andar experimentando con la salud física y mental de la gente, de manipular sus finanzas, salud, justicia, seguridad ciudadana, y peor aún, sus creencias, ideales e incluso religión para perseguir un sueño que ya fue, que tuvo su momento de gloria y furor. La Nicaragua de ahora es muy distinta a la de hace 30 años, y no se puede reinventar lo que ya demostró ser un modelo de fracaso.

No existe nada más sagrado para el ser humano que sus valores y principios, cuando se manipulan por medio del imperante deseo de satisfacer una necesidad básica como el de la alimentación se viola cualquier ética y principio humanista. En otras ocasiones he bautizado con borreguismo esta patética actitud pero reflexionando al respecto el verdadero e insulso borrego aquí es el manipulador porque este individuo —que de un modo u otro ostenta el poder— es un prisionero de sus ambiciones, se ampara en triquiñuelas para seducir al crédulo hambriento y desnudo para después desecharlo cuando ya se ha servido. La cuestión aquí es la siguiente… ¿por qué algunos individuos se permiten ser desechados una y otra vez como si de materia reciclable se tratara?... algunos muy benevolentes lo han llamado poseedores de una inteligencia limitada o seres demasiado “ingenuos” (lo de las comillas se lo dejo a su imaginación).

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