Edgard Estrada es un joven sacerdote que sirve con pasión a la obra de Dios. A sus 32 años, es el actual vicario de la Catedral de Managua. Su vocación la descubrió mientras estudiaba tercer año de Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA), carrera que abandonó para estudiar sacerdocio y que hoy, según nos cuenta, “fue la mejor decisión que tomé porque trabajo con amor y alegría para Cristo y la comunidad”.
La sección de Religión y Fe de LA PRENSA conversó con el sacerdote Edgard Estrada, abordando diferentes aspectos de la actividad pastoral de la Iglesia.
Padre, hay sacerdocio nuevo, ¿se está renovando la Iglesia?
La Iglesia se está renovando, porque la Iglesia está guiada por el Espíritu de Pentecostés que es el Espíritu vivificador de la Iglesia que renueva, rejuvenece y recrea a la Iglesia. Entonces constantemente la Iglesia se está transformando, renovando y encontrando nuevos impulsos de vida y de evangelización.
Como joven sacerdote y con una convicción de servicio al Señor, ¿qué le hace falta a la Iglesia?
El problema no está tanto en la Iglesia, el problema está más bien en la familia, porque si hay familias con padres y madres héroes que se esfuerzan por transmitir valores humanos, éticos y espirituales a sus hijos; entonces vamos a encontrar nuevas generaciones fuertes, llenas de toda la vitalidad que da el Señor. Los primeros sacerdotes son el papá y la mamá. Ellos son los primeros sacerdotes de la Iglesia doméstica. Pero si el papá y la mamá están mal, obviamente la familia va a estar mal y las nuevas generaciones van a ir acarreando los vicios de las generaciones pasadas. Entonces lo primero que hay que reforzar son los valores humanos en las familias, o sea, hay que reeducar a los padres de familia.
Ante tantos antivalores, ¿cuál debería ser el papel de la Iglesia?
Lo primero que hay que reforzar es la familia, la catequesis con los padres de familia, invitándolos a abrirse a la vida, invitándolos a abrirse a la acción poderosa del Espíritu Santo que penetra a través de la escucha de la Palabra. (...) Si hay un punto débil en la Iglesia, yo diría que es un laicado pasivo, sin embargo, este laicado pasivo está pasando ya a un plano secundario, porque desde el año 2000 se viene invitando a una misión permanente, a una efusión nueva del Espíritu Santo y vemos florecer y vemos fructificar todos los acuerdos o todos los temas del Concilio Vaticano II, que le dieron una apertura gigante a la Iglesia. Ahorita los obispos, los religiosos, el cura, las familias, los jóvenes estamos unidos para llevar la evangelización. Ahorita estamos viendo un despertar del laicado en su compromiso con la Iglesia.
A su juicio, ¿lo que se necesita es un laicado más comprometido?
¡Comprometido… ésa es la palabra! Un laicado más comprometido. Eso es lo que se está formando actualmente, un laicado más comprometido. La primera fase de la misión consiste en brindarles a los laicos las herramientas necesarias para sentirse protagonistas de la evangelización: y la herramienta principal es la Palabra de Dios.
Algunos laicos dicen que la Iglesia ha sido un poco cerrada con ellos, ¿cree usted que los laicos necesiten más apertura de la Iglesia?
Pero esta apertura debe ser siempre en base a los ejes fundamentales que rigen a la Iglesia. ¿Y cuáles son esos ejes principales que rigen a la Iglesia? La Escritura, la tradición y el magisterio. Porque vea usted, si viene un laico y me dice a mí que ve bailar el sol , que ve ciertos fenómenos que para él son divinos, la Iglesia no puede dar credibilidad desde un primer momento y decir que sí, porque cualquier laico que venga con cualquier idea imagínese usted el desorden que se formaría. Entonces la Iglesia tiene que estudiar todas las iniciativas que tengan los laicos. Y si estas iniciativas están conformes con la Palabra de Dios, con el magisterio y la tradición, son bien aceptados. En la Arquidiócesis de Managua vemos estas iniciativas florecientes (...) Vemos cantidades de carismas que han surgido en los laicos y que se les ha potenciado. Yo no considero que la Iglesia les cierre espacios a los laicos. Lo que hace es ordenar las iniciativas de los laicos para que no nos vayamos cada quién por la libre.
¿O sea que ellos sean misionerosbajo la doctrina de la Iglesia, así es?
Fíjese bien en esto; más que bajo la doctrina de la Iglesia, yo diría bajo la Palabra de Dios, la tradición y el magisterio.
¿Cuáles son sus planes como sacerdote?
Mis planes como sacerdote es dejarme guiar por el Señor. A dónde el Señor me lleve allí yo voy estar. Para mí la voz de Dios está en la voz de mi Arzobispo. Donde él me mande, yo considero que es la voluntad del Señor.