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Managua, 09/02/2010 9:47 AM
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Ortega, el César de Nicaragua
Arquímedes González
El autor es escritor nicaragüense.
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El mandatario de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra, acuerpado con seis de sus leales magistrados de la Corte Suprema de Justicia, se apuntó esta semana otra victoria en su carrera a la reelección presidencial al allanarle este poder, el camino a su aspiración.

Ortega desde hace meses pretendía que se aprobara una ilegal reforma constitucional en la Asamblea Nacional, pero al no obtener el apoyo mayoritario de los legisladores, optó por una vez más atropellar las leyes y usar a su favor el aparato legal para que lo autorizaran a presentarse de nuevo como candidato a la primera magistratura en las elecciones del 2011.

Esta decisión, emitida por la Sala Constitucional de la CSJ, modifica de facto la Constitución Política de 1987, que prohíbe la reelección presidencial continua.

Desde que por segunda vez llegó al poder en el 2007, Ortega ha logrado lo que ha pretendido. Ha mantenido el control de Albanisa, una empresa petrolera mixta entre Nicaragua y Venezuela, de la cual se desconoce quiénes son los socios y las ganancias que deja este negocio, aunque se habla de unos trescientos millones de dólares anuales, de los que el partido en el gobierno y la familia en el poder no rinden cuentas. Esta empresa se encarga de la distribución de petróleo a través de un acuerdo con Venezuela, firmado tras el ascenso al poder de Ortega, la adquisición de maquinaria de construcción, generación de energía, equipos de seguridad, transporte de carga, manejo portuario y distribución de gas, todo manejado por los familiares de Ortega.

Haciendo un repaso histórico, se estima que el dictador, Anastasio Somoza García, tras cuarenta y cinco años en el poder, tenía una fortuna de unos 400 millones de dólares. El ex presidente Arnoldo Alemán, junto a cuarenta y cinco ministros y otros funcionarios, fue acusado en el año 2003 de robarse en cinco años 450 millones de dólares del erario público, pero con Ortega se cree que estas cifras darán nada más risa.

Ortega organizó y ejecutó un fraude electoral en las elecciones municipales de noviembre del 2008, el cual fue legitimado por magistrados del Consejo Supremo Electoral, controlado en su mayoría por funcionarios leales al Gobierno. Este fraude que amañó el resultado de las votaciones en treinta municipios, incluyendo Managua, provocó que la Unión Europea y Estados Unidos cancelaran fondos presupuestarios y de proyectos humanitarios, pero a Ortega no le importó.

Hace unas semanas Ortega con dinero del Estado compró para uso personal dos helicópteros MI-17 de fabricación rusa, valorados en cuatro millones de dólares cada uno, cuando tres millones de nicaragüenses viven en estado de pobreza. Con estos aparatos Ortega irá a las remotas zonas de la nación para dar su mensaje de paz y reconciliación, que no lo logra hacer en su modesto vehículo Mercedes Benz, que le sirve para trasladarse en la capital.

Hace unos días Juan Carlos Ortega Murillo, con sus escasos 28 años de edad, se convirtió en uno de los nuevos directivos de la cadena de televisión y empresa multinacional Telesur, que tiene su sede en Caracas, Venezuela. Ortega Murillo es uno de los siete hijos de Ortega Saavedra y su esposa Rosario Murillo Zambrana. Maneja junto a sus hermanos el oficialista Canal 4 y es, además, propietario de Espacio Sur, una promotora cultural que también cuenta con un bar, ubicado en las cercanías del parque El Carmen, frente a la residencia del mandatario y que funciona como despacho presidencial.

Su otro hijo Rafael Ortega Murillo, cuenta ahora con terrenos de la Alcaldía de Managua para administrar los múltiples negocios familiares, preparar lo que se publica en los boletines oficialistas El 19, El pueblo presidente y organizar la estructura del Departamento de Agitación y Propaganda del Gobierno.

Y ahora, al parecer, tendremos a Ortega, su familia, allegados sindicalistas y diputados, enriqueciéndose y comprando empresas, mansiones, tierras y haciendas por muchos, muchos años más. ¿Tendremos los nicaragüenses la madurez y sensatez para enfrentar este rompimiento democrático con valentía, pero sin derramamiento de sangre? ¿Será éste el momento crítico en el que debemos reaccionar cívicamente saliendo a las calles o nos quedaremos de brazos cruzados viendo a Ortega convertirse en el indiscutible César de Nicaragua, dejando como caricatura lo que hicieron juntos Somoza y Alemán?

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