El polvo que se levanta con facilidad del tortuoso camino hasta con el aleteo de una avispa es una muestra de que la lluvia, desde hace mucho tiempo, no aparece por Cuajiniquil, una comunidad del municipio de Terrabona, departamento de Matagalpa, unos 116 kilómetros al norte de Managua.
“Este año es como que hubo dos veranos. No cayó agua”, dijo Cristina Aguilar Poveda, de 62 años.
La falta de lluvia trajo como resultado la escasez de alimentos. Las cosechas de primera y postrera literalmente se perdieron y los pobladores creen que la de apante tendrá la misma suerte.
Lo poco que logró crecer en los campos “se quemó” por la sequía y este año hasta el “sereno” no fue suficiente, expresó Enebasio Orozco, quien esperanzado en tener algo para comer y vender sembró media manzana de frijoles.
“El alimento está escaso porque no llovió, mi esposo cuando logra trabajar gana 70 ó 50 pesos al día y se ajusta para comprar algo, pero como la cosecha se perdió, no trabaja y no hay dinero, pero tampoco hay que comer”, indicó Yasmina Pravia, madre de dos niños menores de dos años.
DECLARARÁN EMERGENCIA
El municipio de Terrabona tiene un poco más de 16 mil habitantes y una buena parte vive de la agricultura o se puede decir vivía hasta antes de este período de sequía.
El alcalde Jairo Mendoza informó que la situación es crítica y están haciendo un levantamiento de las pérdidas. Mendoza dijo que las tierras quedaron aradas y socoladas, pero nada creció.
Al perderse la cosecha, principalmente de granos básicos, quienes tenían algunas vacas las han empezado a vender, porque los animales no tienen que comer. No hay pasto.
“Dada a la situación que estamos enfrentando y la demanda de la población que nos pide respuestas para enfrentar esta crisis, estamos considerando declarar en estado de emergencia a Terrabona”, aseguró Mendoza.
El alcalde estima que para la próxima semana tendrán lista la información y la darán a conocer al Gobierno central y a los organismos internacionales cooperantes. La idea es encontrar alguna solución a la crisis. Por ahora, lo poco que se cosecha es a base de riego, pero son pocos los productores que lo hacen.
“Hay muchas personas que si hacemos un tiempo de comida no hacemos otro, porque no tenemos que hacer, no hay cosechas ni dinero, sólo nos queda la esperanza que el de arriba (Dios) nos ayude a salir de esto”, se consuela Antonio Sequeira, de 64 años.