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Managua, 27/05/2012 9:30 AM
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La rebelión cívica de los “chingastes”
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En el discurso que pronunció el martes por la noche, celebrando que sus magistrados en el Poder Judicial reformaron ilegalmente la Constitución para permitirle que se vuelva a reelegir cuantas veces quiera, Daniel Ortega hizo chacota del asunto y se burló de los partidos políticos y movimientos sociales de oposición, y personalmente de los líderes liberales Eduardo Montealegre y Arnoldo Alemán. A todos ellos, Ortega los llamó “chingastes”, y visiblemente ebrio de triunfalismo hizo gala de toda su prepotencia para tratar de intimidar a sus adversarios políticos y sociales, y a la población nicaragüense en general.

Sin embargo, los “chingastes” democráticos pasaron por alto las chifletas y las bravuconadas de Ortega, y el miércoles realizaron una amplia reunión pluralista como no se había visto desde 1989, cuando se comenzó a forjar la gran unidad nacional que derrotó al mismo Daniel Ortega y al FSLN en las elecciones del 25 de febrero de 1990.

En esa reunión pluralista participaron representantes de sectores políticos y sociales que han estado enfrentados por diversos motivos, válidos o no, algunos de los cuales parecía imposible que pudieran juntarse para acordar algo y menos una estrategia de lucha común. La causa de este inusitado interés en la unidad democrática nacional es que se ha cobrado conciencia de que no sólo la democracia está en grave peligro ante la ofensiva autoritaria de Daniel Ortega y el FSLN, sino hasta el patrimonio e incluso la vida de las organizaciones y las personas democráticas, pues, como lo advirtió muy claramente Tomás Borge en julio de este año, el FSLN va a hacer todo lo que considere necesario y pagará el precio que sea, pero no está dispuesto a entregar otra vez el poder.

En la mencionada reunión de los “chingastes” democráticos, participaron desde Arnoldo Alemán, que lidera el PLC, hasta la heroína sandinista y antigua comandante guerrillera Dora María Téllez, como representante del MRS, pasando por Eduardo Montealegre, como líder del PLI-Vamos con Eduardo, dirigentes de ALN y “representantes del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), la Cámara de Comercio Americana (Amcham) y la sociedad civil organizada”, según se expresó en el comunicado que dieron a conocer al finalizar el histórico encuentro.

Cabe recordar que en los años ochenta de la misma manera prepotente y despectiva se refería el dictador Daniel Ortega a los partidos políticos y grupos económicos y sociales de la oposición. Después que firmó en Guatemala los Acuerdos de Esquipulas II, en 1987, en los que se comprometió a iniciar un diálogo nacional para la democratización del país por medio de elecciones libres, Ortega convocó a los “chingastes” de la oposición a una reunión, en la que les expresó el desprecio que le inspiraban y les advirtió que sólo dialogaría con ellos si le presentaban una sola propuesta política.

Ortega creía que aquel mosaico de pequeños partidos políticos y organizaciones gremiales, de personas de todas las ideologías y múltiples intereses jamás se podría poner de acuerdo. Sin embargo, los “chingastes” democráticos, que durante años se habían enfrentado en estériles disputas políticas e ideológicas, pusieron por encima el interés nacional y la necesidad de unirse y así pudieron acordar la propuesta común de 17 reformas constitucionales que fue la bandera de la gran alianza opositora. Ésa fue la semilla de la que nacería la Unión Nacional Opositora (UNO), el comienzo de la rebelión cívica de los “chingastes”, que derrotaron y humillaron al prepotente Daniel Ortega y al todopoderoso FSLN en las elecciones de febrero de 1990.

Se conoce que los hechos históricos no se repiten. Pero son muy parecidos, porque los protagonistas son los mismos seres humanos, sobre todo cuando los objetivos son casi siempre básicamente iguales. Y tal es el caso actual, pues se trata del mismo Daniel Ortega imponiendo y defendiendo su poder autoritario y corrupto, y los mismos “chingastes” democráticos que luchan por la libertad, por defender la democracia, para que Nicaragua deje de ser una república banana. Sin embargo, hay que tener conciencia de que, por ahora, la gran unidad está en ciernes, todavía es muy frágil. Y si se le quiere conservar, fortalecer y llevar hacia adelante, nadie debería tratar de erigirse en su personaje central ni su líder único. Sobre todo el doctor Arnoldo Alemán debería estar claro de que debe ocupar allí un lugar discreto, pues son muchas las dudas que lo rodean, por sospechas y cosas ciertas.

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