El título con que se ha promocionado Nicaragua de “país más seguro”, parece estar en duda. En el informe denominado Abrir Espacios a la Seguridad Ciudadana y el Desarrollo Humano para América Central, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Nicaragua aparece ubicada como el tercer país de Centroamérica —con mínima diferencia del segundo lugar— entre los países de mayor victimización de la delincuencia.
Además, la región centroamericana en general aparece con mayor violencia común en el mundo, y sobre todo con una tendencia a aumentar cuando en otros países de América Latina el delito va disminuyendo.
En el informe se dice que el istmo requiere de un nuevo contrato al civismo para garantizar la aplicación de la ley. No obstante, permite comparar que hay dos grupos de países, los del Norte: Guatemala, El Salvador, Belice y Honduras, con tasas delictivas altas y muy por encima del promedio latinoamericano, que representa una tasa de 50 homicidios por 100 mil habitantes, donde también consideró que tienen un problema “crítico” a causa de las pandillas.
Mientras en el Sur se ubica Nicaragua, Costa Rica y Panamá, con tasas delictivas por debajo de la media latinoamericana, y la incidencia de las pandillas es relativamente menor. Las tasas de homicidios en este grupo, que según el informe no llegan a la media latinoamericana de 25 homicidios por cada 100 mil habitantes, están por encima de la media mundial que es de nueve homicidios por cien mil habitantes. En particular Nicaragua tiene una tasa de 13 homicidios.
“Por su gravedad y porque permite la comparación internacional, el homicidio es el delito más relevante. Pero otros muchos delitos están afectando cada día y con relativa frecuencia a la población centroamericana, aunque también con diferencias sensibles entre los países, las agresiones, las violaciones, los secuestros, la trata de personas y los delitos contra el patrimonio privado (como son los robos, hurtos, estafas, entre otros) y colectivo (como la corrupción), son motivos de alarma ciudadana”, dice el informe.
En el informe se estima que la incidencia del delito es más alta de lo que muestran las cifras oficiales. Catorce de cada cien centroamericanos afirman haber sido víctimas de algún delito en los últimos 12 meses.
Pero según la encuesta realizada por LAPOP para el Informe sobre Desarrollo Humano para América Central 2009-2010, si se estima la criminalidad según la cantidad de personas que reportan haber sido víctimas de un delito específico, el primer lugar lo ocupa El Salvador, con 32.2 por ciento, seguido de Guatemala con 24.3 por ciento y en tercer lugar Nicaragua con 24.1 por ciento.
“La afirmación que Nicaragua es el país más seguro, no es una afirmación sostenible, lo que podríamos afirmar es que Nicaragua tiene una de las tasas delictivas más bajas de Centroamérica, junto con Costa Rica y Panamá, es decir los tres países del sur tienen tasas relativamente bajas”, explicó Francisco Bautista, consultor del PNUD y quien elaboró el informe por Nicaragua.
CULTURA DE GUERRA
El asesor del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), Javier Meléndez, recordó que desde ese organismo han puesto en duda esta afirmación de país más seguro. “Si analizamos por ejemplo el número de homicidios por cada 100 mil habitantes”. Aunque aclaró que como organismo les interesa mucho que Nicaragua sea el país más seguro de Centroamérica.
Meléndez estimó que “esto puede ser un debate bizantino si no aceptamos que las condiciones de seguridad han cambiado dramáticamente en los últimos años y que se deben de mejorar los enfoques de política pública y apoyo presupuestario para enfrentar la creciente sensación y situación de inseguridad”.
Irving Dávila, de la comisión de gobernabilidad de la Coordinadora Civil, recordó que uno de los factores que inciden en la violencia y en la inseguridad ciudadana son los antecedentes de confrontaciones militares existentes en el país. Pero “si hacemos la comparación con los demás países de la región de Centroamérica evidentemente somos más seguros, pero no se debe a la acción de la Policía, no se debe a la acción de la institucionalidad del país, sino que en mi opinión se debe a que ha habido un conflicto militar en este país donde los adultos, sobre todo la gente mayor, no queremos la violencia”, indicó Dávila.
Recuerda además que la violencia es más fuerte en El Salvador, por las maras; Honduras o en Guatemala donde considera que han ocurrido los crímenes más escandalosos “y hay un sistema de impunidad total”.
“Yo quiero decir una frase que comúnmente se usa, mal de muchos consuelo de tontos, nosotros no podemos estar ufanándonos de que somos el país más seguro midiéndonos con los demás”, dijo Dávila.
Consideró que si se hace un comparativo de lo que era el país hace unos ocho a años “vemos que la espiral de la violencia va creciendo y cada día sube más, no tienen ninguna tendencia a que eso descienda, porque el último factor en mi opinión que es motivador de la violencia lo encontramos en la pobreza, lo encontramos en el desempleo, lo encontramos en la migración de la gente”.
Por su parte, Bautista consideró que Nicaragua tiene como ventaja que la participación comunitaria es mayor, las instituciones de seguridad pública y justicia tienen algunas ventajas en la lucha contra el delito, aunque reconoce que los niveles de delitos como el robo, por ejemplo, son altos. Pero “no quiere decir esto que sea el país más seguro de Centroamérica, pero sí es uno de los países con menores tasas de violencia criminal en Centroamérica”.
REGIÓN MÁS VIOLENTA
Abrir Espacios a la Seguridad Ciudadana y el Desarrollo Humano señala que Centroamérica se ha convertido en la región del mundo con mayor violencia ordinaria, donde alrededor de 79 mil personas han sido asesinadas en los últimos seis años; donde se registra la mayor tasa de homicidios del planeta, y donde 14 de cada cien centroamericanos afirman haber sido víctimas de algún delito en los últimos 12 meses.
“Uno de los niveles de homicidios más alto de las regiones del mundo, el promedio de homicidios en la región de Centroamérica fue de 29 por cien mil habitantes, eso significa que más o menos, cada año en esta región mueren producto de la violencia criminal unas 13 mil personas”, explicó Bautista.
De esto se deduce que aproximadamente unas seis mil personas mueren en Guatemala cada año, unas tres mil personas en El Salvador; 700 en Nicaragua; 400 en Panamá y unas 350 en Costa Rica. “Si sumamos los últimos 10 años estaríamos hablando de que unas 120 mil personas centroamericanas murieron asesinadas o víctimas de cualquier hecho violento que les arrancó sus vidas, por lo tanto es indudable que el problema de seguridad en Centroamérica debe ser un problema de preocupación”, manifestó Bautista.
Mientras en Centroamérica ha aumentado la violencia homicida, en el resto de regiones y países latinoamericanos como Brasil, Colombia e incluso México, ha disminuido, dice el informe.
“Mas allá del debate sobre por qué sube o baja (el delito) mas allá de Centroamérica la situación de violencia o las diferencias porcentuales en los niveles de violencia entre uno y otro país, tenemos que estar claros que si no somos más consistentes en mejorar la calidad de las políticas públicas y las instituciones de seguridad y justicia tendremos a mediano plazo una Centroamérica cada vez más violenta”, expresó Meléndez.
Asimismo opina que el informe es oportuno, pues se presenta en “un momento en que se necesitan enfoques de política pública democráticas, innovadoras y multidisciplinarias para atender e intervenir sobre la profunda situación de inseguridad que pasa Centroamérica”.
Para Meléndez, varias causas inciden para que Centroamérica aparezca en el informe como la región más violenta del mundo. Entre ellas mencionó “la alta circulación de armas de la postguerra, el insuficiente alcance de reformas democráticas al sector seguridad, la escasez de medios que disponen las policías de la región, la corrupción de los sistemas judiciales y las mismas fuerzas de seguridad y desde luego, la ubicación geográfica junto con amplias zonas sin estado que han favorecido el tráfico de una variedad de fenómenos asociados con el crimen organizado”. Todo esto lo atribuye a “las condiciones de pobreza que hacen de Centroamérica una de las zonas mas desiguales del mundo”.