La crisis política que vive Honduras tras la destitución del presidente Manuel Zelaya sigue sin solución por la falta de un acuerdo entre las comisiones de diálogo, que, sin embargo, por primera vez identificaron dos salidas cuya apertura estancó las conversaciones.
Zelaya reiteró ayer que “no se ha roto el diálogo” con el gobernante interino Roberto Micheletti, y que la Organización de Estados Americanos (OEA) avala su propuesta de que el Parlamento decida sobre su restitución.
“No se ha roto el diálogo, está suspendido”, en espera de que su comisión y la de Micheletti hagan consultas este fin de semana y vuelvan a reunirse mañana lunes, indicó Zelaya en una entrevista con la radio HRN de Tegucigalpa.
Sin embargo, Zelaya pidió ayer a los cancilleres de los países miembros de la OEA que aumenten las sanciones comerciales y económicas contra el gobierno interino ante el estancamiento del diálogo.
Condenó “la burla y la bofetada que el señor Micheletti” ha propinado “al pueblo hondureño y a la comunidad internacional boicoteando el diálogo y usándolo como método de dilación para mantenerse arbitrariamente en el poder”.
Pese a todo, ambas partes han ratificado que siguen apostando por el diálogo, que comenzó el pasado día 7 a bombo y platillo, en presencia de una misión de la OEA, y se atascó el viernes tras un avance del 95 por ciento en los puntos en discusión.
Pero la clave de todo, la restitución de Zelaya en la presidencia, de la que fue expulsado por los militares el 28 de junio pasado, continúa sin acuerdo.
Zelaya propone que el Congreso decida sobre su regreso a la presidencia, pues lo destituyó mediante un decreto luego de que los militares lo derrocaron y después designó a Micheletti como presidente del país.
Zelaya dijo que el Parlamento debe decidir sobre su restitución porque “lo mejor es que el juicio político vaya donde los políticos y que los políticos se asesoren jurídicamente”, pues también plantea que los diputados consulten a la CSJ.
MICHELETTI QUIERE QUE SEA LA CORTE SUPREMA
La propuesta de Micheletti es que la Corte Suprema de Justicia (CSJ) resuelva, porque Zelaya tiene procesos pendientes por delitos políticos y comunes.
Zelaya argumentó que rechazó la propuesta de Micheletti porque “la Corte es juez y parte en este golpe de Estado” por haber ordenado su captura el 28 de junio, en el marco de un proceso incoado por el Ministerio Público por promover una Asamblea Constituyente.
Tras el desacuerdo, Micheletti presentó el mismo viernes por la noche otro planteamiento, cuyo contenido no desvelaron las delegaciones, que acordaron hacer consultas este fin de semana y reunirse posiblemente mañana lunes.
El diálogo “no debería interrumpirse ni un segundo”, afirmó a la prensa el ministro interino de la Presidencia, Rafael Pineda, agregando que “la decisión final” de la crisis “no puede confrontar lo que corresponde a otros” poderes del Estado, y que “la Corte llegó hasta cierto nivel” al dictar la orden de captura, pero está pendiente el resto del proceso contra Zelaya.
PROBLEMA POLÍTICO
Una integrante de la comisión de Micheletti, Vilma Morales, ex presidenta de la CSJ, reconoció ante la prensa que “éste es un problema político, pero también tiene un ropaje jurídico”.
Las propuestas sobre la CSJ y el Parlamento “se aproximan” y reflejan que la solución de la crisis debe provenir “de la institucionalidad del país”, apuntó otro miembro de la delegación de Micheletti, Arturo Corrales.
Los hondureños, cansados de casi cuatro meses del conflicto político, ansían que vuelva la normalidad al país, profundamente dividido por la crisis.
“Estamos esperando una solución, se tienen que hacer las elecciones”, sugiere Mary Funez, camarera de 24 años del restaurante de asados El Torito, en la colonia Alameda de Tegucigalpa.
¿HABRÁ GUERRA?
“El problema es que ninguno de los dos (Zelaya ni Micheletti) da su brazo a torcer”, se queja Sonia Isasi, de 24 años, mientras atiende una tienda de ropa del centro comercial Plaza Miraflores de la capital.
Otros hondureños son más drásticos. “Si no se ponen de acuerdo en el diálogo, si no aceptan la restitución de Mel (Zelaya), aquí va a haber guerra”, sostiene Gerson Romero, de 52 años, sentado en una piedra, frente a una tabla colocada en la calle donde exhibe los implementos de celulares que vende en el centro de la ciudad.