Un inmigrante nicaragüense fue condenado en 2003 a tres años de cárcel en Estados Unidos, por haber cruzado la frontera de ese país de forma ilegal.
Hoy está de regreso en Nicaragua, pero no se siente libre, ya que una operación a corazón abierto que le realizaron en agosto de 2007, en el Saint Mary Medical Center, supuestamente fue tratada de forma negligente por los médicos del hospital.
Según su versión y algunos documentos que porta, tiene desprendidas seis costillas en la parte del frente del tórax.
Asegura que esto no lo deja vivir ni dormir, ya que los huesos sueltos le impiden hacer movimientos sencillos para un hombre delgado de 51 años de edad, como agacharse, acostarse boca arriba o de un lado.
Ramírez relató que varios días después de la operación, estando en la cárcel de Victor Ville, no atendieron sus quejas y dolores.
Pasó en esa situación durante muchos meses, hasta que fue trasladado a la prisión de Eloy, Arizona, donde una doctora de apellido Mercado lo mandó de urgencia a un hospital.
Los chequeos no le dieron esperanzas, aseguró Ramírez, sino todo lo contrario, ya que visitó varios hospitales, pero ninguno lo quiso atender, por lo caro y delicado del caso. En Nicaragua ocurrió lo mismo.
“Cuando la doctora vio esto, me advirtió que seguramente me iban a mandar lo más pronto posible de regreso a mi país... dicho y hecho, un día de pronto me levantaron en la madrugada, (para decirme) que venía para Nicaragua”, dijo.
El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) le ayudó enviándole una carta al embajador de Estados Unidos en Nicaragua, Robert J. Callahan, para que respondiera sobre el caso.
Pero la respuesta no fue satisfactoria, ya que Callahan se limitó a reenviar la carta a su país.
LA PRENSA consultó hace varias semanas sobre las gestiones del caso vía correo electrónico a la embajada, pero hasta ahora no hay respuesta de la oficina de prensa.
Ramírez decidió irse “mojado” porque quería ver a su mamá, que sería operada del corazón en 2003. Nunca la vio.