Solitario en una caseta hecha con retazos de lata, madera y zinc, en la ribera del Río Grande, vive don Benjamín Cruz Díaz, quien se gana la vida colando arena y picando piedras extraídas del río, en el barrio Liberación, de Matagalpa.
“Aquí vivo desde hace 40 años”, dice Cruz, mientras seca el sudor del rostro y aclara: “Mi casa era mejor que ésa, lo que pasa es que el río se rebalsó y se la llevó… no pude sacar nada, porque el río casi me lleva a mi también, me arrastró bastante y gracias a Dios me salvé”.
Cruz, de 70 años, se refiere a los desastres del 17 de octubre de 2007, cuando el Río Grande se desbordó a causa de las lluvias.
TRÁGICO SALDO DE LA FURIA DEL RÍO
Seis fallecidos, 622 familias afectadas, 20 casas destruidas, 250 viviendas con daños parciales y otras 567 anegadas en 23 barrios, fueron algunas de las afectaciones que un día después del desastre reportaron las autoridades locales al presidente Daniel Ortega, quien entonces llegó a Matagalpa acompañado por casi todo su gabinete.
En la sesión de evaluación de daños, el 18 de octubre de 2007 en la Alcaldía sandinista de Matagalpa, entre otras cosas Ortega ofreció un plan inmediato de reconstrucción de casas y hasta la reubicación de las familias afectadas, para evitar más desastres parecidos.
”ME DECÍAN QUE MI CASA ERA PRIORIDAD UNO”
Dos años después Cruz sigue esperando el cumplimiento de la promesa gubernamental. Dice que fue anotado en diferentes censos y “me decían que mi casa era prioridad uno”.
Igual promesa recibió la familia de Juan Rafael Altamirano Hernández, cuya vivienda en el mismo barrio Liberación fue destruida por el desborde del río.
Cruz es desmovilizado del Ejército y a través de una organización de retirados de guerra logró que la Alcaldía le otorgara diez láminas de zinc, las cuales guarda adentro de la maltrecha caseta donde vive. En cambio, con el apoyo de la empresa para la cual trabaja, Altamirano logró reconstruir su vivienda, pero en el mismo sitio donde estaba la que le destruyó el río.
Mientras tanto, en el barrio 28 de Agosto, uno de los más afectados por el desborde del Río Grande, la familia de Inés Herrera ha “medio reparado” los cuantiosos daños provocados por la riada en el hogar que entonces integraban ella, su esposo y 8 hijos, algunos de éstos con sus respectivas familias.