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Managua, 27/05/2012 -1:18 PM
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Alemán: el “salmón” en su último desove
Cristiana Chamorro Barrios
La autora es periodista
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El ex Presidente y ex reo Arnoldo Alemán lanzó su campaña presidencial comparándose a un salmón, pescado que pasa la mayor parte de su vida adulta en el mar y remonta cursos de agua dulce para desovar. Alemán declaró a LA PRENSA sentirse como el “salmón”, porque dice que él nada “contra la corriente y es el pescado mas apetecido”. Dijo, además, que la unidad nacional pasa primero por comerse ese animal. Lo que tal vez no sabe el caudillo es que son raros los salmones que consiguen regresar al mar, porque la mayor parte muere de agotamiento tras el desove y no vuelven nunca más.

Con esa metáfora Alemán respondió a la última encuesta de M&R que claramente dice que la mayoría de la población rechaza que una minoría liberal, y menos Alemán, el más rechazado de todos los políticos incluyendo los Ortega-Murillo, nos imponga las reglas del juego de cómo debe ser una futura unidad nacional. Los números lo dicen, la unidad nacional no pasa necesariamente por el liberalismo: el 51 por ciento somos independientes, no nos identificamos con ningún partido político, y el 63 por ciento apostamos a la unidad de todas las fuerzas políticas para rescatar la democracia que requiere concentrarnos en tres objetivos inmediatos:

Primero, impedir que la dinastía Ortega-Murillo continúe en el 2012; segundo, romper el nudo gordiano del pacto Alemán-Ortega y evitar así que continúe la impunidad sobre la modernización política. En tercer lugar, lograr la elección de 56 diputados representantes de todas las fuerzas políticas y sociales comprometidas con la restauración de la institucionalidad democrática y el Estado de Derecho. Según la encuesta, el liberalismo, que sólo representa el 15 por ciento, debe ponerse al servicio de la unidad en búsqueda de estos objetivos mínimos, y no al revés.

Los liberales representan una minoría que se divide en 9 por ciento PLC; 5 por ciento MVE/PLI y uno por ciento ALN. El PLC no es el partido que les dio el triunfo sobre Ortega a Violeta Chamorro (1990); Arnoldo Alemán (1996) y Enrique Bolaños (2001). Todos necesitaron de alianzas y apelar al voto mayoritario de los independientes para ganar. Por otra parte, el liberalismo con Alemán tampoco es el vehículo más seguro para impedir que la dinastía Ortega-Murillo continúe en el 2012, pues ya lo demostró en las elecciones municipales del 2008.

Sin embargo, las matemáticas también dicen que ese 9 por ciento de los PLC con Alemán son número suficiente para bloquear a cualquiera y hacer perder a un candidato de unidad nacional. Es cierto que representa un partido más pequeño que antes, porque ahora comparte un buen pedazo con Eduardo Montealegre, pero todavía con fuerza como la que tuvo para dividir las elecciones del 2006 y seguir siendo un elector importante. Desgraciadamente, desde el pacto, negativo para la democracia.

Si la apuesta de Alemán como parece es creer que él se puede presentar como un mal menor y, según dijo esta semana a LA PRENSA, medirse con Ortega, Murillo o Borge, hay que recordarle que su figura acumula un rechazo del 60 por ciento, porcentaje que no le da capacidad para despertar el encanto de las mayorías independientes, que históricamente rechazamos el autoritarismo y la corrupción que representa.

Por otra parte, si el PLC logra imponerse con Alemán de candidato para el 2011, éste con sólo su recuerdo provocaría el mayor abstencionismo de la historia. El agotamiento del caudillo es igual a la suerte del salmón cuando nada contra la corriente. El curso que lleva Alemán, socio minoritario Ortega, ya sólo le sirve para regalarle una imperdonable y segura victoria al orteguismo, que lo está esperando con un sólido 32 por ciento del electorado y un Consejo Supremo Electoral al servicio del próximo fraude.

Si el caudillo liberal sigue jugando el juego de Ortega para mantener encerrada a la oposición en la maldición del caudillismo y repetir la historia, seguramente va a lograr menos espacio, menos reconocimiento político y social y menores cuotas de poder de las que con seguridad le podría dar la oposición unida antes de las elecciones del 2011. Si Alemán sigue creyendo que la unidad nacional pasa por El Chile, es seguro que después de esta última oportunidad va a terminar al estilo de un salmón: muerto políticamente en su último desove, como pescado descompuesto en las profundidades del orteguismo para nunca más hablar del liberalismo con Alemán.

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