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Managua, 27/05/2012 -1:17 PM
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Diputados: sí se puede
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La famosa frase de motivación “sí se puede”, se originó en Estados Unidos en 1972, cuando los activistas por los derechos civiles de la población estadounidense de origen mexicano, César Chávez y Dolores Huertas, la crearon como lema de lucha de su movimiento. Después se la apropiaron fanáticos de clubes deportivos de distintos países, pero regresó a la política en 1984, cuando el socialcristiano ecuatoriano León Febres Cordero la utilizó en la campaña electoral que lo llevó a la presidencia del Ecuador. Finalmente, traducida al inglés como “yes, we can”, la frase fue utilizada exitosamente por Barack Obama en la campaña presidencial del año pasado, para infundir confianza en que, con él, por fin una persona negra podía llegar a ser Presidente de Estados Unidos.

Ahora, en Nicaragua, los diputados de la oposición deberían adueñarse de esa frase de motivación, para fortalecer su ánimo democrático, para superar sus propias debilidades, para tener el coraje de rechazar los halagos y ofertas de cualquier clase que les haga el Gobierno del Frente Sandinista, a cambio de que voten por la reforma constitucional para la reelección presidencial de Daniel Ortega.

Los diputados de oposición están siendo entrevistados por LA PRENSA, acerca de su intención de voto en la propuesta de reforma constitucional para la reelección de Ortega. Y hasta ahora, todos los que han sido consultados, aseguraron que por ningún motivo votarían a favor de tal reforma. Al menos teóricamente, ésa es una buena señal.

Por otro lado, es cierto que, como se demostró el martes de esta semana con la aprobación de la reforma presupuestaria gubernamental regresiva —que privilegia los gastos burocráticos y castiga la inversión de capital y las asignaciones a Educación y Salud—, el FSLN puede aprobar leyes ordinarias gracias a los votos conseguidos de diputados ex opositores. Sin embargo, esos votos no le alcanzan para reformar la Constitución. Le faltan por lo menos ocho diputados.

De manera que lo único que se necesita para impedir la reforma constitucional que quiere Daniel Ortega a fin de garantizar su candidatura a la reelección presidencial, es que la oposición se mantenga firme; y en este orden, que las declaraciones de firmeza de algunos diputados, que juran hasta con los dedos de los pies que jamás votarían por la reforma constitucional para la reelección de Ortega, no sean sólo para darse un mejor precio por el cual vender sus votos, como creen o temen muchos ciudadanos.

En realidad, si Daniel Ortega ha dicho por boca de Tomás Borge que harán todo lo que sea necesario, no importa el precio que tengan que pagar, para quedarse en el poder para siempre; y si el principal representante del FSLN en la Corte Suprema de Justicia, el magistrado Rafael Solís, ha asegurado que ya tienen los votos para la reforma constitucional, lo único que se puede deducir y esperar es que habrá muchas ofertas de dinero, bienes materiales, prebendas y hasta chantajes y amenazas de cualquier tipo contra los diputados de la oposición, sobre todo contra los que por cualquier razón son más vulnerables, con el propósito de doblegarlos y sacarles los votos para la reforma.

Al respecto, en círculos políticos se comenta que el PLC no necesitaría “quemarse” políticamente, dándole de manera oficial, a Daniel Ortega, los ocho votos que necesita para la reforma constitucional. Bastaría con que algunos diputados pelecistas se declaren resentidos con su partido —como ya ha ocurrido anteriormente— y declaren que votan por la reforma no por mandato partidista, sino por decisión personal. Pero lo mismo podrían hacer también algunos diputados de la Bancada Democrática Nicaragüense, del PLI-Vamos con Eduardo. ¿Por qué no? ¿Acaso los diputados de la ALN, que ahora son comparsas del FSLN en la Asamblea Nacional, no fueron elegidos en una casilla electoral opositora y democrática?

Ciertamente, no es gratuito el grave desprestigio público que cargan los diputados, en términos generales. Ellos mismos se lo han ganado con sus actuaciones. Por eso es que el 79.8 por ciento de los ciudadanos declara que no confía en la Asamblea Nacional, según la encuesta de M&R que LA PRENSA publicó el lunes de esta semana. Pero los diputados de la oposición, si quieren hacer honor a su dicho de que son demócratas y representantes del pueblo, deberían esforzarse en revertir con hechos esa vergonzosa imagen pública. Y sin duda que el rechazo efectivo a la reforma constitucional para la reelección de Ortega, les ayudaría mucho en ese objetivo. Todo es que ellos mismos se convenzan de que sí se puede salvar la democracia, proteger la libertad, impedir la reelección, derrotar a la dictadura.

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