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Managua, 25/05/2013 4:50 PM
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Noticias >> Política
(LA PRENSA/R. ORTEGA.)
“Los partidos no han sido capaces de competir”
Peter Alberto Behrens, director del Programa de Medios y Democracia en Latinoamérica, de la Fundación Konrad Adenauer
Los gobiernos tienen el derecho y el deber de informar, afirma este experto alemán. Considera que los partidos políticos y los periodistas necesitan establecer una relación profesional. No se trata de que vivan en amores. Al contrario, es mejor que haya fricciones entre ellos, pero que su relación sea profesional
Douglas Carcache
politica@laprensa.com.ni
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En los sistemas democráticos el periodismo profesional es importante “para que sirva de filtro entre la ciudadanía y los gobiernos”, aunque los políticos hagan comunicación por su propia cuenta, dice Peter Alberto Behrens, un especialista en ciencias políticas que desde hace un año dirige el Programa de Medios y Democracia en América Latina, de la fundación alemana Konrad Adenauer.

Sin embargo, los periodistas tendrán que preguntarse qué información pueden ofrecer a sus audiencias que otros no den, y esto dependerá de su grado de profesionalidad, advierte.

Es vital que los medios de comunicación “puedan seguir siendo una opción para el ciudadano”, para que éste tenga la posibilidad de oír diferentes voces, enfatiza Behrens en esta entrevista con LA PRENSA.

En América Latina los periodistas reclaman más información pública y algunos gobiernos tratan de regular a la prensa en general. ¿Cómo garantizar más información a la sociedad?

Ahora, la sociedad tiene demasiada información. El problema es que no se sortea, no se ordena. A nivel mundial vivimos un momento de cambio rotundo, no me gusta la palabra revolución en el contexto político, pero de hecho estamos viviendo una revolución en lo que se refiere a la comunicación e información.

Hoy el problema ya no es recibir o buscar información, sino que sortearla en cuanto a prioridades. Allí es donde la tarea principal del periodista empieza a estar cuestionada, porque ése era el trabajo que siempre hacía el periodista hasta ahora. Eso lógicamente afecta la relación entre políticos y periodistas, en el sentido de que ya no son los periodistas los únicos moderadores, ya no son los únicos que tienen el micrófono en la mano, ya no son los únicos que pueden tomar esa posición de ir dando el micrófono al ciudadano por un lado y al político por el otro, sino que son los políticos que de hecho ya lo están haciendo, que toman las innovaciones tecnológicas por su propio lado y hacen comunicación por su propia cuenta, obviando a los periodistas.

El gran peligro que vemos en todo esto es de que el estamento de los periodistas se vea como prescindible en una democracia. ¿Qué es lo que se puede hacer? Nosotros creemos que el mejor seguro de vida, como alguien ya lo dijo aquí en Nicaragua, para el estamento de los periodistas es su profesionalización y su profesionalidad. Es lo único que les va asegurar un futuro como profesionales.

¿Cuáles son los problemas de profesionalidad, en estos momentos, del periodismo en América Latina?

No sólo en América Latina, yo creo que es una tendencia mundial de mucha inseguridad, porque lo que son los paradigmas de la profesión del periodismo hasta ahora, que eran los paradigmas del reportero de ser el primero en dar la primicia, ya no son válidos.

Esas cosas que antes valían, ya no son las que valen, y algunos periodistas tratan de salir de ese problema con más de lo mismo y sacrifican mucho más, para una primicia, que lo que hacían antes. Eso les hace ser poco profesionales, empiezan a no cuidar las fuentes, a no cerciorarse… Lo básico que uno empieza a aprender en el primer curso de periodismo, ya no lo tienen en cuenta.

¿A qué se debe el interés de algunos gobiernos por querer coartar u ocultar la información?

Creo que hay dos tendencias en América Latina en cuanto a eso, de que si uno tiene innovaciones tecnológicas a mano, las va a usar; si nosotros como individuos podemos acceder a informaciones vía internet, e incluso podemos difundir informaciones también, que es lo que se llama el productor y el consumidor en una persona… Eso no está limitado a los individuos, eso también pueden hacerlo los gobiernos; y es más, yo diría que incluso lo tienen que hacer, no sólo tienen el derecho de informar, tienen la obligación de informar, y si para eso utilizan las tecnologías modernas, que las utilicen.

Ahora, que esto no sirva para hacer prescindibles a los medios de comunicación, porque creemos que sigue siendo importante que haya un estamento profesional que sirva de filtro entre la ciudadanía y los gobiernos.

Y ese es el periodista.

Claro, lo que pasa es que son los periodistas los que van a tener que responder a la pregunta de si son imprescindibles o no.

¿Cómo?

Mediante la profesionalización y una autorreflexión sobre cuál es su rol en la democracia. La solidificación profesional del estamento periodista pasa por una autorreflexión y pasa por la pregunta ¿qué es lo que nosotros podemos dar que otros no den?

Hoy, cualquier chico de 15 años puede filmar un atentado y estoy seguro que más de un canal de televisión, no sólo nacional sino internacional, lo sube del internet y lo muestra. El televidente no puede diferenciar si ese reportaje está hecho por un profesional, si está hecho por un amateur, si hay una posición de deontología profesional detrás de ello… ¿Cómo lo va a saber?

Entonces, es el periodista el que tiene que responder a la pregunta qué es lo que a mí me hace único y qué es lo que a mí me hace mejor que el chico de 15 años.

Se ha dicho que el periodismo es un agente de cambio en la democracia. ¿Cómo se manifiesta eso ahora?

Una de las razones por la que muchos gobiernos, independiente ahora de juzgar su intención original, han sucumbido a la tentación de querer obviar a los periodistas, también se debe a que muchos han tenido la sensación de que los periodistas no los tomaban en serio, de que tergiversaban la información, de que no hacían su trabajo responsablemente; y en ese momento puedo entender que los gobiernos dijeran, bueno, no hay forma de que periodismo y política puedan trabajar sobre una base profesional, o sea que nosotros vamos a ir por nuestro lado.

Lo ideal sería que pudiera haber una relación profesional y es a eso a lo que estamos queriendo ir, queremos aportar nuestro granito de arena en ese sentido. No podemos irnos para atrás, los gobiernos van a seguir aprovechando las innovaciones tecnológicas, es más, está bien que lo hagan; lo importante es que los medios de comunicación puedan seguir siendo una opción para el ciudadano, lo importante es que el ciudadano tenga opciones, que pueda escuchar la voz original, en comillas, del gobierno, pero que también pueda escuchar la voz de otros.

¿Es más necesaria en este momento una función de contrapoder del periodismo?

Yo no hablaría de contrapoder, yo hablaría de opciones. Yo hablaría de opciones, de voces distintas a las que uno puede acudir; pienso que hoy más que nunca está el desafío del televidente, radioescucha, lector consciente, consciente no sólo en el sentido de consumir la información, sino de reflejarla, de buscar otras fuentes.

La responsabilidad está mucho más del lado del lector, del radioescucha, del televidente, que ya lo está, creo que eso en muchos casos los periodistas lo olvidan. De hecho ya estamos en una situación en la que el que va a decidir qué leer, cómo leerlo, cómo informarse, es el consumidor de los medios.

¿Qué consecuencias tiene en la sociedad la falta de información pública?

Ese es justamente el tema que también, creemos, hay que tener en cuenta, que los gobiernos o las administraciones, en el más amplio sentido de la palabra, repito, no sólo tienen el derecho de informar, sino la obligación de informar.

Por supuesto, acallar esa voz, sea por inhibición por parte de los gobiernos, o sea porque los periodistas o los medios crean que ellos son los únicos que puedan interpretar a la administración, es nefasto. Es muy peligroso y creo que una de las razones por las que, a finales de los noventa o principios de los 2000, especialmente en América Latina, se dio ese desencanto tan fuerte con partidos políticos. Posiblemente se haya dado por eso. También porque los partidos políticos no sólo no fueron capaces de transmitir lo que querían, sino que no tenían ni idea de hacer comunicación.

Lo que al final pasó es que los periodistas interpretaban cómo funcionan los partidos políticos y esto contribuyó a una imagen cada vez más negativa de los partidos políticos. Nosotros, como fundación Konrad Adenauer, pensamos que la función de los partidos políticos es absolutamente central para la democracia.

En Nicaragua los partidos han perdido credibilidad y, por otro lado, las encuestas reflejan poco interés de la población en ciertos temas políticos. ¿Sucede algo parecido en otros países del continente?

En general, se ve desde hace algunos años que el monopolio que tenían los partidos políticos a nivel comunicacional, en términos políticos, ya no es el mismo. Ya no son los partidos los únicos que hablan sobre política, que interpretan política… Son ONG, movimientos sociales, hay una competencia mucho más amplia, con mucho más actores en ese campo.

Los partidos políticos no han sido capaces de competir, se han quedado en una posición de privilegiados, como decir “ah, bueno, los movimientos sociales no son representativos”; pero el ciudadano no lo ha visto así, por lo menos ha dicho, independiente de que lo sean o no, tocan temas que a nosotros nos interesan y ustedes, partidos políticos, durante muchos años no lo han hecho.

Algunos partidos tratan de vender irrealidades…

Pienso que es legítimo que un partido político pueda presentar una opción y una visión, independiente de que sea real o no. Eso lo va a tener que decidir el ciudadano y lo va a poder decidir… y tiene que haber una competencia sana entre los partidos políticos y al final de cuentas se va a llegar a eso, a que los partidos van a ser más cautos, van a ser más profesionales en términos de comunicación política.

¿Qué propone la Fundación Adenauer al periodismo latinoamericano?

El interés que a nosotros nos mueve es profesionalizar la relación entre periodistas y políticos, y esa intención la tenemos tanto dentro como fuera de Alemania. Allí no hay distinciones. Ese es un trabajo que se hace en democracia indistintamente que sea en Atenas, Antigua o en los Estados Unidos de América. En democracia no es bueno que haya una relación armónica, o de amor, entre periodistas y políticos; es incluso bueno que sea tirante y que esté con cierto tipo de fricción, pero eso no impide que sea profesional.

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