Menos de 88,000 personas naturales (1.8 por ciento de la población) y sólo alrededor de 18,000 personas jurídicas pagan impuesto sobre la renta. Aumentar la carga sobre este minúsculo número de contribuyentes no es ni justo ni eficiente. Es necesario ampliar la base impositiva, aumentar el número de contribuyentes, y reducir la evasión. Lograr estas metas no es tan difícil como parece.
En años recientes más de 20 países han reemplazado el impuesto progresivo sobre la renta con un impuesto de tasa única. Este impuesto ha tenido mucho éxito en simplificar los sistemas impositivos y en aumentar la recaudación. Entre los países que lo han adoptado se cuentan Rusia, Eslovaquia y Estonia.
En este sistema todo ingreso se grava con una tasa impositiva única. Para introducir progresividad el impuesto se divide en dos partes: el impuesto individual, que goza de una exención, y el impuesto a los negocios, que no goza de ninguna exención.
La base del impuesto a los negocios consiste de: ingresos por ventas de bienes y servicios, menos compras de insumos a otras empresas, menos sueldos, salarios, pensiones y dietas, menos inversiones en planta y equipo. A esta base se le aplica un impuesto de tasa única. El sistema está cuidadosamente diseñado para tasar todos los ingresos una vez, pero sólo una vez. Como los dividendos forman parte de la base, que ya ha sido tasada, no se vuelven a tasar.
La base del ingreso personal son los sueldos, salarios y pensiones privadas (no las del INSS). Como en el sistema actual, hay una exención personal. Los ingresos que sobrepasan la exención se tasan a una tasa única.
Cualquier remuneración que no se tase en la fuente (o sea la empresa) se tasa en el destino (o sea la persona). Por ejemplo, las dietas de los directores de empresas se podrían deducir de las ventas y eximirlas del impuesto uniforme a los negocios, pero se tasarían como ingreso de los directores. Si las dietas no se deducen de las ventas de las empresas, entonces se tasan como ingreso de la empresa.
Para evitar la evasión, cualquier pago hecho a cualquier persona por cualquier razón que se haya deducido de las ventas de la empresa tendría que reportarse a la DGI y el perceptor a su vez tendría que incluirlo como ingreso en su declaración. Por supuesto, al declararlo como ingreso personal se beneficiaría de la exención personal y por lo tanto pagaría un impuesto menor.
Cualquier pago a persona natural que no se haya deducido de las ventas del negocio se tasaría a la tasa única del impuesto y, como para las empresas no hay deducción personal, estaría sujeto a un impuesto mayor. El sistema, por lo tanto, es progresivo e incorpora un incentivo para deducir de las ventas todo pago a personas naturales, lo que facilita el control.
El sistema es hermético. Las tasas impositivas para los individuos y para los negocios son idénticas y por lo tanto se sabe a ciencia cierta la tasa aplicable a los perceptores de sueldos y salarios. Los negocios pueden retener un monto equivalente al impuesto correspondiente a cada empleado y es fácil constatar si un negocio está cumpliendo con la ley.
El sistema de tasas progresivas, como el actual, es problemático si se pretende tasar el ingreso en la fuente, ya que es necesario conocer la tasa marginal de cada contribuyente. Esto no es práctico. Además, si la DGI deseara realizar una auditoría para ver si un negocio está cumpliendo con la ley, tendría que saber la tasa marginal aplicable a cada empleado para cerciorarse que el negocio está cobrando correctamente. Evidentemente, el sistema sería muy complejo. Por eso, el IR tradicional de tasas progresivas, sea en Nicaragua o en Cafarnaúm, tiene que tasar el ingreso en el destino y no en la fuente. Tasar en la fuente es práctico solamente si la tasa impositiva es uniforme para todos los contribuyentes. Debido a que tasar en la fuente es confiable y barato, adoptar una tasa única en vez de una tasa progresiva, es práctico y eficiente: el impuesto es fácil de calcular, fácil de recaudar, y difícil de evadir. Y por esto ha dado tan buenos resultados por doquiera que se ha adoptado.
Con una tasa única de 15 por ciento y una exención personal de C$100,000, este impuesto hubiera recaudado alrededor de C$10,900 millones en 2008, equivalente a 8.8 por ciento del PIB. En ese año se recaudaron C$7,000 millones, o 5.6 por ciento del PIB. El impuesto no solamente aumentaría la eficiencia económica, facilitaría la recaudación y ampliaría la base, sino que ayudaría considerablemente a cerrar la brecha fiscal. En vez de parchar el sistema actual, el Gobierno debería implementar una reforma fiscal en esta dirección para aumentar la recaudación y estimular la inversión.