Francisco Javier Mejía, de 18 años, fue lesionado en las piernas por disparos efectuados por un grupo de desconocidos. El motivo fue haberse resistido a un asalto.
El joven regresaba del trabajo en una panadería el sábado pasado cuando un grupo de jóvenes, varios de ellos armados, lo interceptó para robarle, pero Mejía intentó oponerse.
Los desconocidos le efectuaron tres disparos, dos impactaron en las piernas y uno le refiló la cabeza. Al final los desconocidos lo dejaron sin zapatos, sin su teléfono celular y fue despojado de 800 córdobas del pago que ese día había recibido por la semana de trabajo.
El hecho ocurrió en una calle del barrio Laureles Norte, donde el muchacho comentó que ya a las 7:00 p.m. se colocan en una de las esquinas de la calle principal para asaltar a los transeúntes.
En ese lugar pocas veces observan una patrulla policial, criticaron los vecinos. “Huy es horrible, horrible”, comentó Ana Carolina López, otra habitante del sector quien apuntó que “a las 10:00 de la noche ya uno no puede andar en la calle porque allí en esa esquina le roban”.
López manifestó que en grupo se colocan en un bar ubicado a la entrada, en una de las calles principales del barrio y comienzan a robar a los que transitan por el lugar.
“La Policía la llaman y la llaman y no viene”, señaló López, quien sostiene que patrullan “una vez, por allá los sábados”, pero de esta forma no funciona pues según lamentó que comúnmente los sábados circula un hombre en un carro plomo, que pasa haciendo disparos al aire exponiendo a los habitantes del sector.
En ese barrio, al igual que en Villa Reconciliación y Arnoldo Alemán, que son comunidades alejadas del Distrito Seis de Managua, la situación es similar, la actuación de las pandillas y la delincuencia representan su principal preocupación, pues la presencia policial es casi nula, pese a que desde la semana pasada la Policía ha hablado de la implementación de un plan especial.
En algunos casos los habitantes dicen que han observado la movilización de una patrulla policial, pero coincidentemente en los tres barrios mencionados los uniformados circulan por las calles principales, no así en las vías internas de los mismos.
Por ejemplo, entre las 11:30 a.m. y la 1:00 p.m. de ayer, en un recorrido por las calles de esos barrios LA PRENSA encontró sólo una patrulla placas 286, que estaba estacionada en la vía que conduce a Sabana Grande, en la entrada al barrio Arnoldo Alemán, como si se tratara de reguladores de tránsito, pero no lo eran.
En Villa Reconciliación los pobladores asegura que temen salir a la calle, aunque reconocen que desde hace un mes ha mejorado la presencia policial después que fueron lesionados unos trabajadores de la empresa Tristar, por un grupo que permanece en una de las esquinas de la calle principal.
“Uno camina con miedo, sale rápido, entra, sale y eso es rápido”, comentó Carminia Sánchez, de 32 años, quien señala que a partir de las 7:00 p.m. la situación de inseguridad es mayor, aduciendo que “es impredecible” la actuación de los delincuentes. Por ejemplo, dijo, “ahorita está limpio, pero a veces en la mañana esto está lleno”, dijo refiriéndose a la presencia de los delincuentes.
En ese mismo barrio los pobladores mencionan algunos puntos donde los transeúntes son asaltados. Sobre todo en el sector aledaño a la iglesia Nazareno y la casa comunal, donde mencionan que los asaltos se registran a toda hora. “No se sabe si viene gente de otro barrio, es un grupo”, dijo una de las pobladores quien por temor prefirió el anonimato, pues alegó que “me vienen a matar”.
En el barrio Arnoldo Alemán, Bernarda Gregoria Zamora, señaló que “hay ratos que se pone mal aquí fíjese, llegan gente mañosa, de otro lado, no nos dejan en paz, roban lo que encuentran. Si allí deja descuidado se meten a la casa, a la Policía aunque uno la llame, nada, mire”. Sin embargo pese a que reconoció que de vez en cuando “se miran unos (policías) allí patrullando”, Zamora consideró que “en la calle sólo el poder de Dios (es el) que nos libra”.
Blanca Cárdenas coincidió con Zamora, al indicar que la Policía la observan pocas veces, sólo pasa por las calles principales. Mientras las pandillas llegan de otros barrios “a agarrarse a pedradas y sacan esas hechizas”. “La realidad de las cosas es que uno vive con ese temor más que todo (...) porque tal vez en el mejor sueño que esté le están forzando la puerta”.