Todo lo que ha pasado y sigue ocurriendo en la vecina República de Honduras nos obliga a los nicaragüenses a reflexionar seria y cuidadosamente sobre la situación existente en Nicaragua, no solamente desde el punto de vista político y moral, sino también viendo las perspectivas futuras de este sufrido país.
Hemos visto en lo que va del año 2009, que al suspenderse parcialmente la ayuda al presupuesto de parte de organismos internacionales se ha experimentado una reducción de casi 2,100 millones de córdobas, afectando principalmente a la salud, educación, transporte, universidades, el FISE y otras organizaciones sociales del país.
Con mucha pena y a veces imaginándonos que estamos en otro país, vemos con frecuencia en la televisión y en otros medios de publicidad, a nuestro Ejército haciendo gala de sus numerosas inversiones, organización y eficiencia, mientras nuestra Educación, Salud y Policía sufren por la falta de medios que permitan desarrollarse aun de forma mínima, para poder avanzar como nación semicivilizada.
Pareciera que estamos en dos países diferentes, por un lado con un Ejército grande (desde el punto de vista de Nicaragua), poderoso y bien dotado, con armas de toda clase, instalaciones físicas amplias y numerosas, y por otro lado, en cambio de forma muy limitada y lamentable los aspectos fundamentales para nuestro mínimo desarrollo (Educación, salud y seguridad) con maestros, médicos, enfermeras y policías prácticamente muriéndose de hambre.
Con frecuencia también escuchamos que ahora el Ejército es mucho menor de lo que antes era, pero es que no tenemos medios económicos para tener ni siquiera un Ejército regular, sobre todo repito, considerando su misión manifestada en numerosas ocasiones y que nuestro país es sumamente pobre y con medios limitados al extremo.
Después de las elecciones municipales del año pasado, no escuchamos una sola voz del Ejército denunciando y deteniendo el fraude ostentoso y las faltas graves que se están cometiendo en Nicaragua. ¿Trasladar urnas y documentos de votación además de realizar paradas es el triste papel de este glorioso Ejército? Esto y todo lo demás puede ser hecho con eficiencia por las actuales organizaciones civiles y de la Policía debidamente reforzadas, con un costo sorpresivamente menor y más acorde con nuestra pobreza extrema.
Lo que ha pasado en Honduras sí refleja la utilización y posición firme de una organización militar, organizada para defender las instituciones civiles independientes, en este caso del Poder Ejecutivo, y en apoyo firme y desinteresado al Judicial y al Legislativo y evitando que personas incapaces e influenciadas seriamente por fuerzas externas quieran desbaratarlas. Aprendamos señores militares y del Gobierno.