La encuesta de M&R Consultores, cuyos datos más importantes los está publicando LA PRENSA en estos días, ofrece en general bastante información sobre el estado de la opinión pública alrededor de los temas de más palpitante interés nacional. Algunos datos son negativos, sin duda, tanto para la ciudadanía democrática y los partidos de la oposición como para el FSLN y el gobierno de Daniel Ortega. Pero también hay noticias positivas.
Por ejemplo, el dato de que sólo el 16.9 por ciento de los ciudadanos consultados por la encuesta simpatiza con los partidos políticos opositores, es una noticia muy mala para la oposición en general y para cada grupo político en particular. En efecto, ese 16.9 por ciento es la suma del 9 por ciento de simpatías políticas que tiene el PLC, más el 5.4 por ciento del PLI-Vamos con Eduardo, el 1.3 por ciento del MRS, el 0.8 por ciento de la ALN y el 0.4 por ciento del Partido Conservador. Por contraste, el FSLN, con el 32.8 por ciento de simpatía popular mantiene su caudal histórico, del cual no logra pasar a pesar del intenso clientelismo que practica desde el Gobierno.
Por otro lado, el 50.3 por ciento de la ciudadanía que se declara indiferente o que no simpatiza con ningún partido de oposición ni con el Gobierno, es una contundente mayoría. Pero en la práctica esa mayoría se reduce a nada, porque es como una masa amorfa que se consume en su mismo jugo o se mueve conforme a los vaivenes de las coyunturas políticas, mientras una minoría bien organizada y con claras pero siniestras miras políticas sigue haciéndole un grave daño al país, que es de todos los nicaragüenses, no sólo de quienes lo gobiernan por ahora.
Sin duda que ambos sectores, gobierno y oposición, están cosechando el menosprecio popular que ellos mismos se han buscado. Por un lado, el enorme rechazo de la población al FSLN es la consecuencia lógica de su políticas gubernamentales excluyentes, represivas, inviables, ineficaces y corruptas. Y por otra parte, el repudio ciudadano a los partidos de oposición es causado por la corrupción que imperó durante los años de gobiernos democráticos, por los pactos prebendarios con el FSLN para repartirse el botín del Estado y del erario, en el caso del PLC, y por la incapacidad de practicar una política firmemente democrática de parte de los otros segmentos partidistas de la oposición. Esto sin desestimar el efecto que las campañas oficialistas de difamación de los más importantes opositores y críticos del Gobierno, han podido conseguir en la opinión de muchas personas, sobre todo entre los sectores más atrasados del país.
Pero esta encuesta de M&R contiene también buenas noticias para la gente democrática nicaragüense en general y para los partidos de oposición en particular. Una de esas noticias, y la principal, es que la gran mayoría de la población mantiene y aumenta su repudio al partido FSLN y a Daniel Ortega. Y es lógico que así sea, pues con las acciones antipopulares y antinacionales que el gobierno orteguista realiza casi a diario, no hay manera de que se pueda ganar la simpatía de nadie, salvo de aquellos que se benefician de cualquier manera al amparo del poder y con el clientelismo gubernamental.
Otra noticia buena que se desprende de la encuesta de M&R, es la de que más de la mitad de los ciudadanos, el 50.5 por ciento, quiere que todas las fuerzas de oposición se unifiquen de inmediato, no para que los dirigentes políticos se exhiban como en una pasarela sino para que luchen contra el régimen autoritario de Daniel Ortega, e impidan su reelección y continuidad. También es una buena noticia el dato de que el 63 por ciento de los encuestados opina que la unidad de toda la oposición debe ser “para preservar la democracia, las libertades y los derechos ciudadanos”. Como lo es igualmente, la de que un 63.4 por ciento de los encuestados aseguran que no votarían por Ortega, mientras que el 67.8 por ciento se pronuncia contra la reelección presidencial.
De manera que si bien los resultados de la encuesta de M&R no son como para que la ciudadanía democrática de Nicaragua se sienta satisfecha, y mucho menos para que salte de alegría, tampoco son como para perder la esperanza en que un cambio político para mejorar es posible. Todo es que se hagan los esfuerzos indispensables para convertir el gran potencial democrático de la población, en una fuerza organizada, unida y dotada de una clara y correcta perspectiva programática y de acción. Para decirlo con palabras de los mismos orteguistas, de cuando ellos eran revolucionarios, las condiciones objetivas para derrotar al régimen autoritario están dadas. Lo que hace falta es trabajar para crear las condiciones subjetivas.