Tal vez el título de la columna se vea un poco raro, pero ya verán cómo está bien relacionado. El mes pasado se celebró el 30 aniversario de la Policía Nacional, “una policía muy joven”, dijo el Presidente en su discurso del sábado cinco de septiembre. Y es cierto, es joven. Y en realidad como Policía que represente una institución nacional tiene aún menos edad; el cuerpo del orden es más bien un adolescente en ese menester (desde 1990). Y corre el grave peligro de ser una institución que muere en su adolescencia.
Digo esto porque en menos de un mes han sucedido eventos que dejan más que claras las intenciones del compañero comandante pueblo presidente Daniel de convertir tanto a la Policía como al Ejército en brazos, no de un partido, sino de su familia. La tarea, debido al cuerpo jurídico existente, le resulta más fácil con la Policía que con el Ejército; pero eso no quiere decir que el Ejército esté fuera de peligro.
Lo sucedido con los salineros de Izapa el viernes 25, si lo analizamos junto al discurso del Presidente el sábado cinco, da un panorama francamente aterrador sobre el futuro de represión que nos espera.
El cinco de septiembre, con su discurso del 30 aniversario, el Presidente le aguó la fiesta a quien él llamó “la pobre Aminta”. Él dejó claro que la jefe de la Policía Nacional, primera comisionada Aminta Granera, le consulta cada paso que da, y que sobre todo cuando hay problemas como protestas sociales o políticas ella lo llama para preguntarle qué hacer (como si el especialista en el tema del orden público fuera él y no ella), y supuestamente las instrucciones que él siempre le había dado eran que “evitara la violencia y el derramamiento de sangre”.
Ésa es la explicación del Presidente de por qué la Policía no impone el orden cuando las turbas contratadas por su partido agreden a ciudadanos que protestan contra el Gobierno.
Pero tres semanas después del discurso vinieron los sucesos de Izapa. Un grupo de salineros bloqueó el empalme de Izapa en protesta por una nueva ley. Lo justo o no de la protesta o lo justo o no de la ley no es el tema de esta columna, lo que sí quiero comentar es que en esa ocasión la Policía se encargó de desalojar a los salineros a punta de garrote y gases lacrimógenos. Si es cierto lo dicho por el Presidente el pasado cinco de septiembre, entonces fue él quien ordenó reprimir a los salineros.
Pero lo peor es que todo indica que Ortega ordenó el desalojo de los salineros (gente muy pobre que él dice defender) simplemente porque esa tarde un convoy del Ejército trasladaba el nuevo helicóptero del Presidente de Corinto a Managua. Hay fotos y vídeo de LA PRENSA que prueban el paso del convoy por la zona horas después del desalojo.
Ortega no puede poner como excusa de que había que despejar la vía de transporte importante, ya que cuando los No Pago bloquearon Sébaco él ordenó que los dejaran en paz. Lo que no podía permitir Ortega es que unos salineros retrasaran la llegada de su helicóptero.
En resumen, Ortega ya tiene su Policía para satisfacer sus caprichos y reprimir al pueblo y es poco o nada lo que la Primer Comisionada Aminta Granera puede hacer para evitarlo. ¿Por qué sigue soportando toda esa humillación?