La guerra constante, con pedradas, morteros y armas hechizas, que protagonizan grupos de jóvenes originarios de tres barrios ha desbaratado el techo del pabellón norte y la pared de la escuela José Montealegre Infante, de Chinandega, situación que también pone en riesgo a estudiantes y docentes.
Es tan seria la situación que por las constantes batallas los profesores han organizado a los 543 estudiantes de los turnos matutino y vespertino, para que sepan qué hacer a la hora de los enfrentamientos. El año pasado un maestro y un estudiante fueron lesionados tras el enfrentamiento de los grupos.
El personal docente protege a los pequeños de preescolar, el resto asume el plan interno de seguridad y los del sexto grado se preparan para brindar los primeros auxilios.
LOS DAÑOS
El daño a las instalaciones inicia en la pared norte, en los grados de tercero, cuarto y quinto, en donde hay agujeros de diferentes tamaños; continúa con el techo de nicalit que luce roto en seis aulas, y varias ventanas de vidrio están quebradas.
Cuando llueve, las aulas se inundan y cada vez más se deteriora el cielo raso en el primer pabellón. Por ello los estudiantes cada mañana o después de los pleitos deben limpiar para secar el piso y retirar las piedras.
La disputa de los jóvenes es territorial, porque convergen los repartos El Limonal y Carlos Fonseca contra los grupos en riesgo de la Colonia Ayapal. Las inesperadas contiendas ponen en zozobra a los vecinos.
Petrona Guevara, profesora del quinto grado, solicitó ayer al Ministerio de Educación (Mined) que coloque zinc para evitar que el techo (de nicalit) se quiebre con las pedradas.
“El techo es nicalit y por la ubicación entre estos grupos tiene que ser de zinc; parece una laguna aquí cuando llueve, los cuadernos de los niños se enlodan, siempre escurrimos y no soportamos los zancudos”, expresó la profesora.
Mientras se espera una respuesta de la delegación educativa, los 32 maestros en muchas ocasiones imparten las clases en el patio. “Se han hecho muchas gestiones, pero el Gobierno no ha dado respuesta”, señaló con preocupación la profesora Blanca Azucena Amador Rodríguez.