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Managua, 27/05/2012 10:21 PM
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Dos elecciones a la Suprema
Eduardo Enríquez
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El destino ha querido que la elección de un magistrado a la Corte Suprema de Justicia en Nicaragua coincida con la elección a un Juez de la Suprema Corte de los Estados Unidos. Esto nos da una oportunidad a los nicaragüenses de comparar ambos procesos y ver claramente dónde está el “pecado original”, que hace a nuestra Corte Suprema (CSJ) uno de los más desprestigiados cuerpos institucionales de nuestra República, mientras en Estados Unidos ésta es uno de los más respetados.

Cuando hay una vacante en la Suprema Corte de Estados Unidos, el Presidente (y sólo el Presidente) nomina al candidato que considera más apropiado para que su visión (la del Presidente y su partido) sobre el Estado, la sociedad, etc., sea protegida y que esa visión se consolide. Pero el nominado es sometido a un escrutinio feroz en el Senado, que es el encargado de ratificar la nominación, y en los medios de comunicación.

En Nicaragua, por otro lado, desde las reformas de 1995 no sólo el Presidente puede proponer, sino los diputados ante la Asamblea Nacional, pero sólo puedo pensar en un caso en los últimos 18 años mediante un proceso parecido al de Estados Unidos.

Veamos el ejemplo actual. En Estados Unidos el presidente Barack Obama ha nominado a la juez Sonia Sotomayor, de origen puertorriqueño y con una visión liberal de lo que debe ser la sociedad norteamericana. “Liberal” en EE.UU. significa, por ejemplo, estar a favor del aborto y de proteger los derechos de las minorías étnicas. Pero además, ella no sale de la nada, tiene amplia experiencia como juez y abogada y viene de una Corte de Apelaciones.

En Nicaragua, sin embargo, lo que buscan los dos partidos que proponen a los candidatos y los caudillos que los controlan, son dos cosas: que el candidato garantice lealtad al caudillo y que beneficie directamente a las cúpulas del partido. Es por eso que en la CSJ hemos visto sentarse en los últimos tiempos, por el lado sandinista, a una juez como la doctora Juana Méndez que en menos de seis años tuvo un asenso vertiginoso de juez local en el 2000 a Magistrado de la Corte Suprema en 2006.

O del lado liberal vemos a un señor como Antonio Alemán, cuyo único mérito es ser hermano del caudillo liberal Arnoldo Alemán.

Actualmente, ya se está hablando que el próximo magistrado “le toca” a los liberales, según el pacto que ha dividido entre sandinistas y liberales constitucionalistas, y que ese magistrado va a ser un diputado.

Ahora comienza tanto en el Senado como en la Asamblea la discusión. Lo que se discute en Washington es qué tan liberal es la juez Sotomayor. Si apoya el aborto o no, si apoya los derechos de las minorías o no, si apoya los derechos de los Estados frente al Gobierno central o no, y una gran cantidad de temas referidos a la constitución estadounidense y las leyes. Obama no la va a tener fácil, pero tiene grandes oportunidades de que su candidata sea electa, no porque “le toca” gracias a ningún pacto, sino porque tiene mayoría en el Senado, mayoría que le otorgó el pueblo en una votación limpia y con reglas claras que datan de hace decenas de décadas.

En Nicaragua no hay discusión filosófica alguna sobre cómo debería ser el Estado o la sociedad. Si se respeta el pacto se da por sentado que van a elegir a un liberal de Alemán, pero con los liberales de Alemán tan débiles puede que los sandinistas terminen eligiendo un aliado. Tal vez hasta alguien de la bancada de los BUN. Y eso, lo que va a lograr es mayor control de los sandinistas en la CSJ.

El proceso de selección es el “pecado original” de los poderes en nuestro Estado fallido. No sería difícil hacer las cosas bien. Pero no quieren hacer las cosas bien.

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