Cuatro opciones
A propósito de la llegada de los 130 buses rusos, una amiga periodista, con toda la buena intención del mundo, dice: “Qué me importa quién y cómo distribuyan esos buses, porque lo importante es que ya comiencen a trabajar para mejorar el transporte en Managua”. Cuando dice eso, mi amiga en verdad está tomando una de las cuatro opciones posibles: uno, que haya buses y exista transparencia; dos, que no haya buses y haya corrupción; tres, que no haya buses y exista transparencia; y finalmente cuatro, y es la opción a la que parece resignarse mi amiga, que haya buses aunque exista corrupción.
Resignación nacional
La cuarta opción es la “gran resignación” de un país mediocre. “Que robe, pero que haga”. Eso es suficiente para un pueblo acostumbrado a que sus gobernantes saqueen el erario, se lucren de sus puestos sin percatarse siquiera de que el propósito original de esos cargos era “servir” y no “servirse”. Entonces, cuando llega alguien que “se sirve”, pero también “suelta algo de vez en cuando”, decimos: ¡Qué buen presidente!
Conformistas
Conformarnos con que haya buses nuevos en Managua, aunque esos buses hayan sido donados y de la noche a la mañana se convirtieron en propiedad de un partido político, es igual a aceptar que estuvo bien que Somoza y sus cercanos se quedaran con grandes tajadas de las donaciones posterremoto, con tal de que se construyeran los repartos Las Américas; o que Byron Jerez se construyera una lujosa terraza veraniega con los fondos donados después del Mitch, con tal de que se construyeran otras carretas.
Sin uñas y colmillos
En estos casos tanto peca el que roba como el que deja robar, siendo su trabajo cuidar que eso no suceda. Sí, hablo de la Contraloría. Se suponía que era un león, cuidando el patrimonio público. Deberían ser los funcionarios más temidos y odiados por el resto de funcionarios del Estado. Son los que miden las costillas, los que investigan, los que sancionan. Pero, ¿qué tenemos? Un león reumático, ciego, desdentado y despezuñado que sólo sabe hacer dos cosas: lamer las botas del abusivo que le soba el lomo o dar gritos lastimeros cuando le dan una patada en el trasero.
Azote de barrio pobre
¿Quiénes sufren las pandillas? Los barrios más pobres. Son estos barrios los que ponen los muertos, los malmatados, a quienes les roban y, en general, los que viven la angustia de estar apresados en su propia vecindad. Es probable que algún día estas pandillas pasen a ser delincuentes de mayor monta y lleven sus fechorías a barrios de otras clases sociales, pero, hoy por hoy, son los pobres quienes sufren esta plaga.
Evolución
La revista Magazine que se publicará este domingo trae un reportaje sobre las pandillas que debería hacernos reflexionar. La violencia con que actúan viene creciendo, y cada vez más tiene que ver con “transacciones económicas”. Eso las pone a un paso del crimen organizado. Ya están dejando de ser los enchinelados tirapiedras que hasta ahora conocemos. Ahora roban, mueven droga y prestan servicios criminales a particulares y a partidos que los buscan con frecuencia.
Crimen
Las contrataciones que un partido político hizo de pandillas de Managua durante los violentos días de noviembre pasado les dieron una legitimidad que nunca habían tenido. Es un hecho comprobado que, desde esos días, varias pandillas se activaron, refinaron sus métodos de violencia y lucen el arsenal que les quedó del avituallamiento partidario: morteros y machetes nuevecitos. Un crimen contra Dios y contra los pobres a quienes dicen, llenándose la boca, defender.