Los Intermediarios Financieros (IF), entiéndase bancos o financieras, han existido como negocios formales desde inicios del siglo XV. El primer banco formal en establecerse se llamó Banco di San Giorgio, fundado en Génova, Italia, en 1407 por la familia Grimaldi y otros linajes genoveses. Dicho banco contó entre sus clientes a personalidades como el Rey Fernando de Aragón y la Reina Isabel de Castilla, así como Cristóbal Colón y posteriormente el Rey Carlos V.
Anterior a los IF formales, las necesidades de financiar el consumo o la inversión fueron cubiertas por prestamistas, tales como terratenientes adinerados o negociantes que manejaban gran liquidez, práctica que se remonta casi a los orígenes del comercio.
El economista húngaro, Tibor Scitovsky (1910-2002), advirtió sobre la necesidad imperiosa de los IF como facilitadores del desarrollo. En su ausencia, los entes económicos (personas o empresas) que desean financiar proyectos para el cual no poseen el capital necesario, se enfrentarán a la extenuante tarea de encontrar personas que le puedan proveer del capital suficiente para su propósito. Una vez que haya conseguido a todos los dispuestos a prestarle el monto requerido, deberá ponerse de acuerdo en el plazo y las tasas que les deberá pagar a cada uno. Indiscutiblemente, mientras mayor es el capital necesitado, mayor el número de prestamistas y superior el problema de ponerlos de acuerdo. Un último inconveniente será la garantía, la cual si es aceptada por todos, deberá tener un valor real mucho mayor al crédito pedido. Todas estas dificultades, decía Scitovsky, generan escasez de liquidez en los mercados, y discriminan el crédito para que solo unos pocos tengan acceso.
La solución que la humanidad ha venido dando a estos problemas desde hace más de 600 años es la formalización del ahorro y el crédito a través de IF que captan recursos de los entes económicos superavitarias y los distribuyen a los deficitarios, entendiéndose que todas las personas y sociedades somos en algún momento tanto superavitarias como deudoras, o sea, tanto ahorramos como también solicitamos créditos. Al hacer sencillo la transformación del dinero de ahorro a inversión, eliminando los problemas ya discutidos, el IF colabora con el crecimiento económico y la generación de empleo. Pero aún más, como indicó Scitovsky, también se colabora multiplicando el dinero, ya que parte del monto que se entrega como crédito, el ente económico lo mantendrá como depósito, permitiéndole al IF volverlo a prestar, generando un efecto multiplicador en la oferta de dinero del país. El primer secretario de Estado de los EE.UU., Alexander Hamilton (1781-1795) llamó a los bancos y financieras los “mejores motores que jamás se hayan inventado para el crecimiento económico”.
Positivamente, investigaciones como la realizada en el 2006 por el doctor. James R. Barth, decano y catedrático de Economía y Finanzas de la Universidad de Auburn, en Alabama, demuestran el decisivo impacto que los IF tienen en la distribución del ingreso y la reducción de la pobreza, ya que al acelerar el desarrollo de la economía, se mejora el nivel de vida de los individuos. Dicho esto, el hecho de que el proceso de intermediación sea tan esencial para una economía, junto a la característica de que en este negocio el IF trabaja casi exclusivamente con el dinero del público (no de los accionistas), implica que esta industria tendrá que ser ampliamente reglamentada y eficientemente fiscalizada. La regulación establece el marco legal e institucional en cual debe desenvolverse el IF, limitando los riesgos que éste puede tomarse tales como la concentración de su cartera en un solo sector o industria, los montos de créditos relacionados y los niveles adecuados de capital y liquidez que se deben mantener, mientras que la supervisión garantiza que estas normas de reglamento se cumplan. La falta de reglamentación adecuada y una ineficiente supervisión, principalmente en el área de banca de inversión, fueron en gran medida los causantes de la debacle financiera alrededor del planeta y en especial en los EE.UU., cuyo resultado se ha traducido en una reducción del 6.3 por ciento PIB en el cuarto trimestre del 2008. De aquí la premura tanto del gobierno anterior, como el actual, de capitalizar el sector financiero buscando reintegrarse a la senda del crecimiento y el desarrollo. Por lo tanto, un sistema financiero estable y en continua progresión debe ser un objetivo primordial de todas las autoridades gubernamentales.
Por ésta y otras razones, el nuestro debe de considerar en su política económica el fortalecimiento del sistema financiero nacional, y desmotivar, en lugar de instigar, los movimientos de no pago de clientes principalmente de las microfinancieras, las cuales cumplen una importante labor de hacer llegar el crédito a más de un millón de personas de bajos recursos, garantizando el cumplimiento de los contratos y obligaciones adquiridas, ya que el dinero en juego es, ante todo, de los depositantes.