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Managua, 27/05/2012 9:08 AM
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La política exterior de Ortega
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La disparatada política exterior del presidente Daniel Ortega le causa tanto daño al país, que hasta los pocos amigos sensatos que le quedan han comenzado a criticarla y a pedirle que la rectifique.En efecto, por el correo electrónico recibimos una extensa carta abierta que el director del Instituto Martin Luther King, de la Universidad Politécnica (Upoli), señor Denis Torres, le envió al presidente Ortega. En ella le recuerda que “desde antes de que el Frente Sandinista asumiera el Gobierno (…) con ánimo constructivo y haciendo acopio de experiencias y capacidades de especialistas centroamericanos en relaciones internacionales, incorporamos en un documento un conjunto de consideraciones y recomendaciones sobre lo que consideramos aspectos sensibles de la política exterior, a la cual enfrentaría su gobierno…”

El señor Torres deplora que Ortega no tomara en consideración esos consejos, para la elaboración y ejecución de la política exterior del nuevo Gobierno del Frente Sandinista; y le aconseja “desandar el camino de la radicalidad retórica y retomar el fructífero camino de la paz con justicia, reconciliación y unidad nacional”.

En realidad, hay que estar ciego o ser un incondicional acrítico de Daniel Ortega, para no darse cuenta de cuán desacertada es su política exterior, la cual ha sido elaborada a partir de premisas falsas y es ejecutada con intención provocadora. Ortega sigue viviendo mentalmente en la época de la Guerra Fría y del conflicto Este-Oeste; para él las relaciones exteriores no son una política de Estado y nación, sino el alineamiento en una cruzada internacional contra enemigos inventados.

Como bien le hace ver el director del Instituto Martin Luther King-Upoli, Ortega no toma en cuenta en su política exterior y particularmente en su tratamiento a Estados Unidos, el cambio que se ha producido en ese país con el advenimiento del presidente Barack Obama; quien, según las consideraciones del señor Torres: “Vino a escuchar a América Latina y el Gobierno americano mantiene, aún después de la Cumbre (de las Américas), su disposición a mejorar las relaciones con todos los países, incluso entre aquéllos con los cuales se ha generado desconfianza, recelos o percepciones equivocadas mutuas”. O sea con Nicaragua.

Es obvio que Daniel Ortega no quiere entender esos signos de los nuevos tiempos. Él persiste en su radicalismo retórico, subordina los intereses de Nicaragua a los de otros gobernantes pleitistas y aventureros, reabre antiguas enemistades y provoca algunas nuevas. Mientras tanto, el país pierde oportunidades y recursos económicos contantes y sonantes, como los de la Cuenta Reto del Milenio y los fondos líquidos para cubrir el déficit presupuestario, que han sido suspendidos por la comunidad internacional.

Sin duda que el director del Instituto Martin Luther King-Upoli es una persona bien intencionada, tiene afinidad ideológica y política con Daniel Ortega pero quiere que el país salga adelante, que progrese en paz y reconciliación como dice el lema del gobierno orteguista. Pero el señor Torres comete el error de creer que Daniel Ortega tiene “visión de estadista”, “sabia capacidad de escuchar (…) y de comprender las voces de compañeros que a lo mejor no manejamos toda la información”, tal como le dice en su carta abierta sobre la política exterior del Gobierno que probablemente el autocrático gobernante ni siquiera se ha dignado ojear.

Los maestros de las relaciones internacionales enseñan que la buena política exterior es aquélla que no tiene ideología ni espíritu de cruzada y que se define y practica en claros términos de interés nacional. Agregan que los buenos resultados en política exterior, sólo se pueden alcanzar cuando se tiene conciencia de cuáles son los verdaderos intereses de país y se actúa en base de ellos, no de las fobias ideológicas, ni de la conveniencias partidistas y mucho menos personales. Y advierten los expertos en relaciones internacionales, que “en lo que hace a la ética política, el primer compromiso de un gobierno es con su pueblo y no con los pueblos del mundo”; mucho menos, tenemos que agregar nosotros, con gobernantes estrafalarios de otros países que tienen sus propios objetivos estratégicos y aventureros.

De manera que son buenos los consejos que el director del Instituto Martin Luther King-Upoli le ofrece a Daniel Ortega, pero son inútiles porque éste a todas luces ama el conflicto con la misma intensidad con la que desprecia a su propio país.

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