Hay cosas buenas que pueden presentarse de una manera tan torpe que al final terminan creando una atmósfera negativa que pone a la propuesta en una total desventaja. Ése es el caso de la propuesta del Fondo Común que el Gobierno de Nicaragua ha tomado como bandera en las negociaciones del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea.
El Fondo Común es una solicitud de apoyo económico extraordinario, en este caso donación, que se le hace a la Unión Europea para que los países centroamericanos puedan elevar sus niveles de competitividad en ciertas áreas, como digamos infraestructura. Ese fondo es necesario y los europeos están claros de eso. No hay ni que preguntárselos, pues si vieron la necesidad de asistir económicamente a España, Portugal o Grecia para ayudarles a entrar a la Unión Europea en un mejor nivel, con mucha más razón que esa ayuda esté justificada en el caso de las economías centroamericanas.
Sin embargo, que los europeos sepan que el fondo es necesario no significa que lo van a dar de buenas a primeras, por razones propias de ellos que luego explicaré y por la manera en que la solicitud ha sido presentada.
El gobierno del compañero comandante pueblo presidente Daniel ha hecho gala de altanería y muy poca “serenidad”, característica que sólo el procurador Hernán Estrada le ve, al momento de plantear esto del fondo. Primero comenzó insultando diciendo que los europeos eran colonialistas que habían venido a llevarse nuestras riquezas, luego siguió con exigencias, o sea que el fondo no sería parte de un acuerdo, sino que es una “obligación” de los europeos. Y tercero, producto de esas operaciones matemáticas que sólo él entiende, decidió, probablemente minutos antes de dar la cifra, que ésta debería ser de 60 mil millones de euros, o sea casi 80 mil millones de dólares.
Pasado el primer momento en que los europeos no sabían si entrar en shock o reír, muy diplomáticamente han dicho que no. Es más, ni siquiera a lo interno de la región todos están de acuerdo con esa cantidad. Se puede decir que todos están de acuerdo en que debe haber un fondo; el problema está en el techo que Ortega ha fijado.
El mes pasado tuve la oportunidad, junto con otros colegas y gracias a la Fundación Carolina y al señor Embajador de España en Nicaragua, Antonio Pérez Hernández, de conversar en ese país con diferentes personas, del Gobierno, de la oposición y funcionarios de ONG.
La verdad es que lo que me transmitieron fue la perplejidad con que recibieron la propuesta. Muy educadamente y tratando de evitar dejar muy mal parado a “mi” Presidente, uno de ellos dijo: “El problema es que la Unión Europea tiene programada como cooperación para toda Latinoamérica 2,800 millones de euros entre 2008 y 2013, así que la solicitud de 60 mil millones para Centroamérica es un poco difícil de cumplir”. A pesar del lenguaje diplomático, el mensaje estaba claro. La propuesta, como está planteada, es una soberana estupidez.
Pero yo no había terminado de recoger mi cara del piso cuando otro agregó: “La verdad es que en la UE nadie llorará si no hay acuerdo… Sólo lograr la autorización para iniciar las negociaciones fue bien complicado, porque somos 27 miembros”. Y es cierto, España es el principal interesado en el acuerdo, por razones obvias, pero ¿qué les puede interesar a Polonia o a la República Checa Centroamérica? Y cuando oyen que la UE está “obligada” a dar el dinero por el “saqueo colonialista” deben pensar: ¿colonialistas? ¿En Centroamérica? ¿Nosotros? ¿Cuándo?
Pero esta gente nunca cierra las puertas, al final saben que la razón y la sensatez es lo que predomina en la mayoría de los que están en esta discusión. Por eso creen que “se puede encontrar una solución intermedia”, y eso es lo que se está trabajando ahora. Pero Ortega debería permanecer calladito en este tema.