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Managua, 27/05/2012 9:06 AM
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Benedetti y las dictaduras
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El eminente filósofo y sociólogo europeo, Karl R. Popper (1902-1994), escribió en el Prefacio de su obra más conocida, La sociedad abierta y sus enemigos, que si “se habla con cierta dureza de algunos de los más grandes rectores intelectuales de la humanidad, el motivo que nos ha movido a hacerlo no es, ciertamente, el deseo de rebajar sus méritos. Tal actitud surge, más bien, de la convicción de que si nuestra civilización ha de subsistir, debemos romper con la deferencia hacia los grandes hombres creada por el hábito, (puesto que) los grandes hombres pueden cometer grandes errores…”.

Esta idea sustantiva de Popper nos parece apropiada para enmarcar el comentario sobre Mario Benedetti, el eminente poeta y escritor uruguayo de izquierda que falleció esta semana. Quienes lo conocieron, particularmente sus amigos literarios y políticos que compartían su ideología izquierdista, aseguran que era un hombre de gran corazón, de buenos sentimientos y gran amor por la humanidad. El poeta uruguayo Rafael Courtuasí, amigo de Benedetti, recordó que éste en una ocasión le confesó: “Yo no tengo vergüenza de ser sensible”. Por su parte, el escritor comunista José Saramago, laureado con el Nobel de Literatura en 1998, expresó que Benedetti “era un carácter humano extraordinario… Tuvo una alegría enorme… a lo largo de toda su vida trató de cambiar las cosas que estaban mal, lo que era injusto”. Y también en Nicaragua, poetas, escritores e intelectuales, todos o casi todos de izquierda, han sido pródigos en elogios a Benedetti, a quien exaltan como un dechado de virtud, de generosidad, de humanismo, de culto a la belleza y amor a la vida y la libertad.

Sin embargo, igualmente hay que decir que Benedetti, a pesar de que fue enemigo de las dictaduras criminales de derecha, lamentablemente era al mismo tiempo ferviente amigo, partidario y defensor de las criminales dictaduras de izquierda, como la de Fidel Castro en Cuba comunista y la del FSLN y Daniel Ortega en la Nicaragua sandinista de los años ochenta del siglo XX.

En realidad, no sólo Benedetti sino muchos otros grandes intelectuales de América Latina y del mundo, han rendido y rinden pleitesía a las dictaduras izquierdistas, pero se manifiestan con sagrada indignación contra las dictaduras de derecha. Al parecer esos intelectuales, no obstante ser tan inteligentes e ilustrados, creen el cuento de que las dictaduras de izquierda y el totalitarismo revolucionario son indispensables para realizar un gran proyecto de justicia social colectivista, y que es necesario sacrificar la libertad y la vida de muchos seres humanos para procurar la felicidad de las grandes masas populares. Pero la dictadura es la dictadura, ya sea de derecha o de izquierda. La libertad y la vida de una persona de derecha o de centro vale tanto como la de un individuo de izquierda y hay que defenderlas en uno y otro caso sin condiciones de ninguna especie. Una persona asesinada, torturada, encarcelada, perseguida por una dictadura de derecha, es igual que otra persona asesinada, torturada, encarcelada y perseguida por una dictadura izquierdista. ¿Cómo no entender eso?

A decir verdad, siempre ha sido un misterio la razón por la cual muchos prominentes intelectuales son intrépidos luchadores contra las dictaduras de derecha, pero melosos con los dictadores de izquierda, siendo que las unas son tan perversas como los otros. Y más intrigante todavía es porqué esos intelectuales, si tanto aman a las dictaduras comunistas sin embargo prefieren vivir en el capitalismo. Quizás se deba a lo que dijera el escritor disidente cubano, Reinaldo Arenas, cuando logró por fin, en 1981, huir de su país convertido en una gran cárcel por el comunismo, y los periodistas le preguntaron por qué se había refugiado en Estados Unidos. Arenas respondió: “La diferencia entre los sistemas comunista y capitalista es que, si bien los dos te patean el trasero, en el sistema comunista hay que aplaudir, mientras que en el sistema capitalista se puede gritar. Y yo vine aquí a gritar”.

Sin embargo, hay que aclarar que las dictaduras comunistas patean el trasero a los que disienten, a los que reclaman libertad y democracia. En cambio, a los intelectuales que se someten a la dictadura comunista y escriben poemas para los dictadores de izquierda, no les patean el trasero sino que más bien los condecoran. No por casualidad fue que la última presentación pública que hizo Mario Benedetti, en el año 2007, fue para recibir una condecoración de Hugo Chávez.

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