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Managua, 27/05/2012 9:02 AM
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Pluralismo político y unidad opositora
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El surgimiento de nuevos grupos o movimientos políticos, o la reagrupación de los que ya existían, puede ser positivo o negativo según como ellos mismos actúen. En realidad, si el propósito que anima a los organizadores de esos nuevos movimientos políticos es participar cada uno por separado en las próximas elecciones, esto sería perjudicial para la causa de la libertad y la democracia. Lo cierto es que, aunque ninguno de esos grupos tenga la posibilidad de ganar una elección, ni siquiera de elegir diputados, sin embargo si participan solos crearían más confusión en la ciudadanía, dividirían más a las fuerzas democráticas y, de hecho, le ayudarían a Daniel Ortega a alcanzar más fácilmente su objetivo de imponer una nueva dictadura totalitaria.

En cambio, si el propósito de los organizadores de esos movimientos es conseguir cuotas de representación parlamentaria en una amplia coalición electoral que una a todas las fuerzas democráticas del país, entonces podrían servir como vehículos para fortalecer la participación política de los ciudadanos, particularmente de aquéllos que no se identifican con ninguno de los “grandes” partidos.

Por supuesto que, en principio, lo mejor sería que todos los ciudadanos demócratas se unieran al o a los partidos democráticos existentes. Pero también es legítimo que algunas o muchas personas busquen otras opciones de participación política, aunque los objetivos sean los mismos, siempre y cuando haya conciencia de que es necesaria la unidad para poder derrotar al ogro totalitario.

Si en Nicaragua hubiera un gobierno verdaderamente democrático, si las instituciones del Estado estuvieran a cargo de personas confiables y si hubiera la certeza de que cualquiera que fuese el partido que ganara la próxima elección, la libertad y la democracia están garantizadas, entonces no importaría que participaran en las elecciones todos los grupos o partidos que quieran hacerlo.

En realidad, es normal que existan diversos partidos y grupos políticos. Su existencia es un reflejo de la pluralidad social. Si la sociedad está compuesta por una amplia y compleja diversidad de personas que tienen distintos intereses, estilos de vida, pensamientos y formas de expresarse, es lógico que también haya pluralismo político y multipartidismo.

Lo anormal, lo que va contra la naturaleza social y humana es el pensamiento único y el sistema de gobierno de un solo partido, que Daniel Ortega quiere imponer en Nicaragua. Así lo dijo en un programa de televisión en Cuba, cuando fue a informar a los hermanos Fidel y Raúl Castro sobre los entretelones de la Cumbre de las Américas que se realizó en Trinidad y Tobago. Y lo reiteró en Niquinohomo, el lunes de esta semana, en un discurso que pronunció con motivo de la conmemoración del natalicio de Sandino.

En las elecciones de 1996 participaron 23 partidos de todos los tamaños, y al proceso democrático no le pasó nada malo, más bien se fortaleció y siguió avanzando. Pero en la actualidad la situación es absolutamente distinta. Ahora, si los partidos y los movimientos políticos y sociales democráticos no se unifican en una sola casilla electoral —en el caso de que sea posible participar en otras elecciones—, Nicaragua caerá de manera definitiva en el abismo del totalitarismo, quién sabe por cuánto tiempo. Así de sencilla y al mismo tiempo terrible es la situación.

Mucho se habla actualmente de repetir la experiencia de la Unión Nacional Opositora (UNO), la cual se formó en 1989 y derrotó a Daniel Ortega y el FSLN en las elecciones de 1990. Pero los nuevos dirigentes de la oposición deberían estudiar aquella experiencia, que no fue tan fácil como muchos creen, y ver qué es lo que se puede aprovechar en las actuales circunstancias. Quizás la mayor enseñanza fue que la diversidad no es un obstáculo insalvable para la unidad, cuando hay comunidad de intereses y voluntad de alcanzar el objetivo propuesto, como es defender la libertad, recuperar la democracia, poner freno a la corrupción gubernamental, crear condiciones para impulsar programas efectivos de desarrollo económico y reducción de la pobreza.

En conclusión, no hay que ver sólo lo negativo en el surgimiento de nuevos grupos y movimientos políticos. La competencia es buena y necesaria también en la política. Y en todo caso, lo importante es sumar y hacer uno sólo en la lucha por elecciones libres y limpias, así como en la formación de una amplia coalición electoral que pueda tomar el poder para reconstruir la democracia y abrir el camino al desarrollo económico y social en libertad.

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