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Managua, 27/11/2009 5:39 PM
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(LA PRENSA/ ILUSTRACIÓN/BISMARK RODRIGUEZ)
Espejito, espejito...
Un espejo puede ser un buen aliado o un enemigo en potencia. Un estudio afirma que los estados de ánimo e incluso algunos trastornos en la juventud están ligados a la imagen que se tenga de uno mismo
María Jesús Ribas/EFE
revista@laprensa.com.ni
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De acuerdo con otro estudio reciente, dos de cada tres jóvenes de entre 12 y 15 años cambiarían su imagen corporal.Para la doctora Rosario Jiménez, coordinadora del Grupo de Atención al Adolescente de semFYC, es lógico que un porcentaje tan alto de jóvenes quiera cambiar su imagen a la luz del momento concreto que viven.“A esas edades empiezan a convivir con el acné, irrumpen los cambios de voz o salen los cuatro pelos en la cara. Las chicas quieren perder peso, y los chicos desean estar delgados pero musculados. Es la época en que ellas aumentan caderas y pecho, se ven gordas y no se gustan”, señala. Para la experta, “los modelos sociales, culturales y estéticos, que difunden los medios, están muy orientados hacia una imagen de delgadez en la mujer”.

Cuando se miran al espejo, los jóvenes perciben su imagen corporal de distinta manera, según el sexo. Los varones se ven más próximos a galanes como Brad Pitt, Leonardo Di Caprio o Matt Damon, y por ello se sienten más felices; las mujeres, en cambio, frente al espejo, se detienen a ver sus defectos.

Los chicos tienen mayor bienestar psicológico que las chicas, porque tienen mejor autoconcepto físico. Es decir que se sienten más felices y a gusto porque tienen una mejor imagen de sí mismos: “Se miran al espejo con buenos ojos”.

También tienen una mejor apreciación de sí mismos aquéllos que practican alguna actividad física o deportiva.

Al menos es lo que sugiere una tesis de la licenciada en Psicología, Arantzazu Rodríguez Fernández, quien trabaja como investigadora personal de la Universidad del País Vasco y ha estudiado la relación entre la percepción del físico de uno mismo y el bienestar o el malestar psicológico.

El autoconcepto podría definirse como el conjunto de las percepciones que cada persona tiene de sí misma, y juega un papel importante en el funcionamiento psicológico de toda persona, según ha informado la universidad pública vasca. Hasta ahora no se había investigado sobre las relaciones que puede tener con el bienestar o con el malestar psicológico.

SE VEN CON BUENOS OJOS

La autora de la tesis ha presentado su trabajo bajo el título El Autoconcepto Físico y el Bienestar/Malestar Psicológico en la Adolescencia.

Además, la investigación en la que participaron 1,959 adolescentes y jóvenes de entre 12 y 23 años se propuso analizar las relaciones entre el autoconcepto físico y los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), tanto en población no-clínica como en aquella diagnosticada de anorexia o bulimia nerviosa.

Los datos obtenidos indican que el autoconcepto físico se relaciona de manera positiva con el bienestar psicológico y de manera negativa con el malestar psicológico, de tal forma que cuanto más a gusto se siente uno con su físico, experimenta un mayor bienestar psicológico, son menores los niveles de ansiedad y depresión, y tiene menos riesgo de padecer un TCA.

También se analizaron esas relaciones en función de la edad, el género o la actividad física. Como norma general se ha comprobado que respecto del autoconcepto físico, los jóvenes varones obtienen puntuaciones más elevadas de bienestar psicológico que las mujeres y aún más aquéllos que realizan actividades físicas.

ASÍ ME VEO, ASÍ ME SIENTO

En este trabajo también se ha comprobado que los jóvenes experimentan malestar psicológico debido a su físico durante toda la adolescencia, al margen de si el concepto que tienen de su físico es bajo, medio o alto.

Sin embargo, el deporte parece ser una buena forma de minimizar ese malestar psicológico, probablemente porque mejora el autoconcepto físico. Por eso se puede defender el deporte como una herramienta para aumentar el bienestar personal y reducir el malestar psicológico.

En cuanto a trastornos asociados al cuerpo, la mayor probabilidad de desarrollar un trastorno ansioso se sitúa a partir de los 15 años, la de un trastorno depresivo oscila entre los 12 y los 17 años, y la de una anorexia o una bulimia nerviosa entre los 18 y los 23 años.

Según la investigadora, “el atractivo físico destaca entre todos los elementos que condicionan el autoconcepto físico, porque mantiene una fuerte relación con la ansiedad, la depresión y el bienestar psicológico.

Todo ello es reflejo de cómo la sociedad favorece la relación entre lo atractivo que se percibe uno mismo, y lo ansioso, lo depresivo o lo a gusto que se siente”.

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